Hace un tiempo leí Metafísica de los Tubos, de Amélie Nothomb, y lo cierto es que me dejó bastante impactado. Era fresco e ingenioso, aunque estuviera repleto de frases sentenciosas y aforismos. Quizás ése era su único problema, o al menos el único problema que pude tener yo con el libro, ya que me suele repeler el exceso de intentos de genialidad, de mostrar lo increíblemente inteligente e imaginativo que es el escritor a base de sentencias epatantes que resumen EL SENTIDO VIDA (o similares). Sin embargo casi ni se notaba. Y además, era un libro extremadamente corto. Como ya he explicado alguna vez, creo que hay que tener algo realmente interesante y extenso que narrar para escribir un libro de más de 200 páginas y no perderse en divagaciones o historias paralelas de corta y pega. Más tarde descubrí que sus libros, al menos los que conozco, son todos igualmente breves, y eso, en este mundo en el que sólo puedes acceder a las mesas de apilamiento de ladrillos de las entradas de las librerías si escribes un tocho, a ser posible sobre conspiraciones de los templarios para relacionar a ETA con la Guerra de las Malvinas, de más de 500 páginas por el que merezca la pena gastarse el dinero, resulta, por lo menos, refrescante. El último de Philip Roth también es muy cortito. Unas rarezas entre los pisapapeles.
Hace unos días, le regalé a Mireia, que se ha convertido en fan de Amélie de la noche a la mañana, la más reciente novela de Nothomb, Ácido Sulfúrico. Hacía tiempo que no devoraba un libro en una sola tarde, pero eso no significa que se deba exclusivamente a una irrefrenable atracción provocada por la historia y la prosa, sino también al hecho de tener por una vez unas horas libres que dedicar en su totalidad a leer. De hecho eme he quedado con una sensación un tanto inocua.
Se trata de una distopía, llámalo fábula siniestra, en la que gente al azar es reclutada a la fuerza en plena calle, condenada, para participar en un programa llamado Concentración, en el que estarán hacinados, serán maltratadas e irán muriendo como si se encontrasen en un campo de exterminio nazi, pero con cámaras. En un principio resulta muy complicado dejarse llevar por la historia, ya que la premisa es completamente inverosímil, a lo que se añaden unos personajes bien descritos pero un tanto planos. Con lo cual nos quedamos con un ensayo sobre los realities y la actitud de la sociedad frente a los mismos, envuelto en una trama un tanto secundaria. Como sátira es brillante por momentos, pero el papel de regalo que es la historia que los sustenta se nota demasiado. No hay unión, y uno acaba leyendo en espera de la siguiente opinión, del siguiente instante de aguda reflexión.
En mi opinión, uno de los mayores logros que atesora la novela es la paradoja que se crea e incluye al propio libro: en la Ácido sulfúrico, la audiencia de Concentración no para de crecer, azuzada constantemente por las críticas de los medios especializados y los intelectuales. Cuanto mayores salvajadas ocurren dentro del campo, mayor número de periodistas y eruditos exigen que se deje de ver el programa, o que no se hable de él, en un juego que acaba envolviendo al propio libro, que es una crítica de los programas basuras que alentará su visionado de uno u otro modo. Y estoy seguro de que la autora era plenamente consciente de ello (no he leído ninguna entrevista reciente para corroborarlo) y le encanta el juego. A mí, desde luego, me parece una idea genial. Por lo demás, debo añadir que el desenlace resulta precipitado. Ya solo me faltan doce libros de Amélie Nothomb por leer.
Esta vez tengo tres libros empezados al mismo tiempo, por lo que creo que va siendo hora de finiquitar La mancha humana de Philip Roth y Cuando fuimos huérfanos de Ishiguro. Ishiguro, el hombre que cree recordar pero no está completamente seguro.


Una de las grandes verdades del mundo de la literatura:
“hay que tener algo realmente interesante y extenso que narrar para escribir un libro de más de 200 páginas y no perderse en divagaciones o historias paralelas de corta y pega”
Intento una y otra vez dejar un comentario en tu blog, pero el cabrón de blogger me niega como si fuera Jesucristo y el un sucio y traidor apóstol. Solamente quería dejar constancia.
Tío!
Cuanto por leer! El otro día vi que habías cambiado el blog y dije, lo dejo para cuando tenga tiempo. Y ahora voy, y me encuentro con 4 entradas nuevas! Y yo sin tiempo y sin ordenador en casa! Espero ponerme al día. De momento, he leído esta entrada sobre la Nothomb. Lo que me fascina de esta escritora es su juventud y la visión tan amplia que parece tener de él. Y que tan joven haya conseguido publicar tanto. Por algo será, claro, la criatura tiene talento.
El nuevo blog es precioso, y permíteme que te lo diga, formalmente, hasta tipográficamente, es más elegante, más etéreo, más urbano. Me gusta mucho mucho. Además diría a simple vista que la letra que aparece, que no sé si has escogido tú, es la verdana. Una de mis favoritas. está comprobado que es una tipografía que se lee con placer.
Me das una envidia con tus tres libros empezados… yo estoy sumergida en las oposiciones y el trabajo y mi vida se reduce a temas puramente biblioteconómicos e informáticos. Tengo la sensación de estar literalmente aplastada por tanta tontería profesional. No soy capaz de leer nada que no sea mis “deberes” y yo que soy persona de leer todos los días, siento que me falta una parcela importante de mi vida, pero en fin, falta poco, el día 17 acaba el suplicio!
Espero que sigas con este camino de escribir tan a menudo! Gracias!
Sí, me he vuelto fan incondicional de Amélie Nothomb por “generación expontánea”. Ayer me acosté y me dije: “¿Por qué no me hago fan de de Amélie Nothomb esta noche?” Y esta mañana me he sorprendido forrando las paredes con las páginas de sus libros.
De todos modos, si que es cierto que las tres novelas que me he leído me han entusiasmado, aunque creo que en su día ya lo comenté en el foro al hablar de “El Sabotaje Amoroso”.
Qué teneís en contra de las divagaciones/reflexiones e historias paralelas? A veces son algo que incluso se agradece en un texto.
Hace poco dejé un comentario en el post de libros del foro sobre “Acide sulphurique” (porque yo soy así de snob, lo leí en francés). Es literatura panfletaria. Los personajes son maniqueos y bastante planos y la narración avanza a trompicones episódicos (como las emisiones de un programa de telerealidad, no dejemos de apuntarlo) pero con brillantez y frases lapidarias. A mí me gustó mucho. Y los libros de Nothomb, efectivamente, tienen la virtud de no extenderse más de lo necesario, cosa que muchos directores y literatos parecen haber olvidado.
Oi, oi ¿Expontánea? ¿Que sale del puente? En cuanto me descuido meto “x” por todas partes y esto no es lo peor, en ocasiones…. llamo “expectadores” a los pobres espectadores… Nadie diría que me pasé la infancia pegada a los cuadernillos de “Mis Juguetes las palabras”
es que ya sabes que mi blog es jesucristo, que murió, pero resucitó de entre los muertos, y que, aunque su reino no sea de este mundo, ahí está, predicando el verdadero evangelio de la fe en Frank Sinatra y en Redd Kross (aunque no acabaran de redondear la noche en bcn)
[...] Oeste, el avance del enemigo continua”, con una extensión de cien páginas (una novela y pico de Nothomb) y un juego de metanarrativa interesante pero que acaba cansando. Cuenta con momentos tremendamente [...]
[...] vacaciones en Japón. Como ya se ha comentado, y tal como se menciona en el estupendo libro de Amélie Nothomb Estupor y Temblores, sudar está muy mal visto en el país del sol naciente. En teoría sonarse la [...]
[...] obtener un número n de libros de doscientas páginas 8 menos. Desde que planteé la cuestión unas entradas más atrás, aún no he descubierto la razón por la que la gente sigue prefiriendo las novelas de mucho peso, [...]