Domingo sin siesta
29 06 2008Celebrémoslo, hace calor y la comida ha sido copiosa, y aunque bien es cierto que no tengo resaca, para variar, he conseguido no caer en los brazos de la vagancia y continuar despierto durante una tarde de Domingo por primera vez desde hace…muchos. He subido a casa de mis padres en Vitoria para comer con ellos y, debo confesarlo, ver la final de la Eurocopa acompañado por mi cuadrilla de toda la vida. Y éso que he tenido que usar el autobús de línea, ya que he extraviado, digamos, la placa delantera de la matrícula de mi coche. Aquí me he quedado solo esta tarde, con Mireia en el hogar tratando de estudiar y sacar adelante el juicio que le ha caído a última hora para mañana (que viene a ser el equivalente adulto de los exámenes sorpresa de la escuela), mis padres jugando al golf y mi hermano y su novia de paseo. Mientras, enciendo la tele de vez en cuando y me quedo mirando fijamente el canal 10 que, por alguna razón, solo emite un intenso y parpadeante color verde. Marea Sé que hay un cuento potencial en ello, algo que tenga que ver con ese tópico que se lee llamado “La deshumanización de la vida urbana”. Tengo la opción de ponerme a escribir tres tipos de cosas (porque sin comerlo ni beberlo -crecía y vivía sin hacer mucho caso…- he acabado cayendo en los myspaces de gente cantando melancoliadas solos con sus guitarras, y éso provoca indefectiblemente el irrefrenable deseo de ponerse delante de un cuartilla):
Transcribir uno de los dos cuentos de terror fantástico que surgieron de las últimas clases del taller (uno de os cueles vendrá con final alternativo)
Escribir un relato sin cabeza a base de miradas lánguidas por la ventana en Domingo, canciones de Russian Red, Nick Drake, Alondra Bentley o José González, pantallas verdes en la televisión, amigos que parecen más viejos, Moleskines sin utilizar y viajes a Australia irrealizables. Evidentemente lo descarto al segundo. Debería ponerme algún disco de Quireboys.
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No sé si ésto es más productivo que descansar la mente, con la comisura babeante sobre el tapizado del sofá, pero desde luego evita la mala leche concentrada del despertar y la sensación´n de pérdida de tiempo. Ojalá existiera la pastilla de desconexión del cargo de conciencia. Nada de un todo en uno que nos convierta en seres felices de manera general (que de por sí no está nada mal), si no interruptorcitos estúpidos para frenar y hacer desaparecer esos instantes de desesperación cotidiana.
O éstos de pseudo-melancolía pre-réglica masculina que, por otro lado, una buena final de Eurocopa solucionará Quizá el fútbol sea la respuesta a todos los males.
P.S: Estoy utilizando el ordenador de mis padres en el cual no está instalado el corrector ortográfico del Firefox. Resulta muy frustrante recordar lo terroríficamente mal que uno escribe y no quiero ni pensar qué clase de correos, ni qué imagen se llevan por ello, los receptores de mis correos de trabajo a los que no tengo tiempo de pasar dicho corrector.
P.S II: Leyendo “Los detectives salvajes” de Bolaño en el autobús me da la impresión de que éso no es mi clase de literatura. Espero equivocarme, pero no o sabré hasta que llegue al final del libro. N puedo evitar generarme prejuicios cuando un escritor hace chingar a su personaje no menos de trescientas veces en las cien primeras páginas.
P.S. III: No hay enlaces a la música que cito. Buscad en Google (tampoco piensa enlazar Google) que es Domingo, coño, dadme un respiro.
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Categorías : La vida

















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