Las Benévolas: Ese ladrillo (y V)
15 01 2008
GIGA
Ya para finalizar la historia acompaña a Max Aue, Thomas y su chofer intentando retornar a Berlín atravesando las líneas enemigas en medio del caos y el salvajismo. Aquí todo está desbocado y los niveles de escatología y depravación rozan el paroxismo, incluyendo un batallón de niños desahuciados y completamente majaras. Pese a lo excesivo de todo el asunto, este viaje de regreso resulta altamente estimulante, un Apocalipse Now en la Segunda Guerra Mundial, hipervitaminado, corto.
Sin embargo, una vez todos llegan a un Berlín semiderruído y caótico, la trama se le va completamente de las manos al autor. Los niveles de falta de verosimilitud del asunto llegan a rozar lo esperpéntico de manera no intencionada (o si lo es, desde luego no lo parece), y los destinos de todos los personajes se resuelven de un plumazo y en algún caso sin venir a cuento. Aue se queda de pie en el zoo diciendo que Las Benévolas le han alcanzado, rodeado de muerte y destrucción, y el lector se pregunta si esas Euménides son un apretón de sus flojos esfínteres (creo que pocos personajes principales de una novela han sufrido de tanto problema intestinal como éste - ¿Tendrá problemas de estreñimiento Jonathan Littell? ¿Lo habrá solucionado al ver los anuncios de Coronado ahora que vive en España?) porque no hay bicho viviente que lo comprenda.
Y luego están el glosario y la tabla de graduaciones, que sirven para volver a mirarlos y reírse de su utilidad.
En definitiva, nos encontramos ante un señor libro, absolutamente excesivo en todos los sentidos, parido como un niño sin huesos tras siete días sin acudir al baño, desagradable y amorfo. Algunos gustan de observar y analizar sus excrementos tras habérselos quitado de encima. Lo que a servidor le llama la atención es que tanta y tanta gente lo haya degustado. No es un libro fácil de leer, y lo único que lo entronca con la toda la caterva de Best-Sellers actuales es su tamaño. Soy capaz de aventurar que establecerá un récord en el ratio de libros comprados y no acabados en este país. Adorno de estanterías.
Y con todo esto, es un libro que es necesario leer. Pese a todos sus defectos, a su absoluta irregularidad, merece la pena darle una oportunidad y navegar entre la podredumbre y la burocracia. Una vez superadas las primeras trescientas páginas se puede llegar a leer con fruición, atados por nuestra mala conciencia y nuestra avidez de morbo. El tiempo dirá si se convierte en un clásico de nuestro tiempo, pero tiene muchas papeletas, la menor de las cuales no es el éxito de ventas. Yo me permito el lujo de haber sido de los que le han arreado unos buenos palos por si acaso, aunque nadie se acordará de mí entonces.
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Categorías : Las Benévolas, Literatura

ZARABANDA



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