Entradas anteriores:
(10) María Isulana
(9) Juan Ramírez de la Piscina
(8) El Gran Alfonso
(7) Simon Beaver
(6) Carmen Baldosín
(5) Emil Bonanza
(4) Agnieszka Partyka
(3) Orestes Lewis
(2) Priscila Rosa Hernández Fonseca
(1) Tsan Park
Me hace gracia que me llaméis Gabriel, que me hayáis dado un nombre, por eso me presento como Gabriel, pero solamente lo hago por jugar. Realmente no tengo lo que se conoce como nombre, ni lo que se entiende por un cuerpo, ni aquello que vosotros los mortales pensáis que es vida. Lo único que soy es un puente con el que os creó, un mensajero, pero hace mucho tiempo que él no tiene nada que contar, os dejó ahí tirados con pensamientos que no sirven para nada, con una presencia física que no tiene ningún sentido, una existencia y unos razonamientos, como así os ha dado por llamarlos, que no sirven para nada. Nada es nada.
Solamente estaba concentrado cuando empezó el universo, después todo ha sido divagar. Se ha vuelto estúpido. Ya prácticamente no sabe ni lo que es. Antes éramos felices, siempre lo habíamos sido porque no había tiempo ni espacio, pero él tenía delirios y se vio a si mismo como lo que ahora sois vosotros, de una manera difusa. Piernas, brazos y cabeza. No sé de dónde sacó esa idea, ni por qué. En algún momento de aparente lucidez dice que fue una revelación, o algo parecido a lo que vosotros denomináis epifanía en vuestros idiomas, pero creo que ni él mismo lo sabe. Ya solamente le encuentro parecido con los animales que vosotros llamáis borregos. Y con el tiempo y el espacio llegó el aburrimiento, y me empecé a cansar de jugar con el resto de ángeles y arcángeles. Ellos no me comprenden pero tampoco les importa en absoluto. Él ya no responde, ni nada le atañe, ni le importuna, ni le conmueve, ni le intersa, no ve nada ni siente nada. Yo necesitaba jugar, y como él me había encomendado ser mensajero, decidí hacer de interlocutor, aunque al otro lado del hilo no hubiese nadie. Después de varios intentos me presenté a gentes impresionables bajo formas aleatorias, casi siempre con plumas, que creo que es uno de los pocos elementos nacidos de su mano inexistente que me generan un poco de satisfacción. Me presenté y os conté un poco de nuestra historia, tonterías que improvisaba perezosamente, y vi como os volvíais locos. Después he vuelto a intentarlo, pero ya no es lo mismo. Me tengo que conformar con sentarme y veros daros golpes unos a otros.
Al principio las tareas estaban un poco más repartidas, pero desde que él ya no está, desde que se ha convertido en un ente informe y estúpido y el resto de ángeles y arcángeles no desean comprender las cuestiones, he acabado por tener que hacerme cargo de todo lo que os concierne. El juego de matar es uno de los que más me divierten, aunque como todo, acaba siendo monótono y siento que ya lo he probado todo. También sigo utilizando las visiones. Nada funciona. Visito uno por uno a los millones de personas que fallecen cada día. Cada vez sois más, multiplicados por mi desidia, buscando en la multitud la diversión que ya no existe. Cuando alguien muere no pasa su vida por delante, no sé de dónde habéis sacado ésa idea, sois muy curiosos, simplemente me aparezco yo y os muestro el infierno, mezcla de vuestros terrores más profundos e individuales, deseando que alguna vez alguno reaccione, porque sé que en algún momento uno de vosotros tendrá la capacidad de hacerme desaparecer. No sé cómo es, ni cuando ocurrirá, pero lo sigo buscando desesperadamente para que termine de una vez con este aburrimiento eterno. Os sigo en vuestro último día, buscando una señal, jugando a veces con las piezas, intentando conocer vuestros nombres y derribándoles cuando me harto. Todo esto que estoy, cómo se denomina en vuestra idioma, contando, pero que en realidad no está compuesto por palabras, no ha durado algo mesurable según los métodos ridículos que usáis para medir el tiempo. Y me presento en este segundo a los diez ridículos personajes de este instante. Me apetecen muertes súbitas, aunque suelo preferir algo más lento, doloroso y veros, según lo llamáis vosotros, sufrir. Es ligeramente menos tedioso. Barajo las cartas.
Infarto de Miocardio.
Asesinato por arma blanca.
Aplastamiento por piedra caliza.
Indigestión extrema.
Congelación
Ataque de pánico.
Sobredosis
Asfixia en el propio vómito
Electrocución por descarga atmosférica
Teletransporte y desintegración parcial
En este último caso necesitaba algo más espectacular. Es lo poco que me queda. Cada vez lo voy forzando todo un poco más, pero no puedo arriesgarme a pasarme de la raya y perderos por provocar la completa demencia y destrucción de vuestra especie, tengo que encontrar al que me aniquilará. Lo necesito y sé que está ahí, porque estoy destinado a ello. Él me lo dijo antes de convertirse en un imbécil, él me dijo que sería un humano con bolígrafo llamado Mikel.


Comentarios recientes