Acueducto

22 03 2006

Mucha luz

Hace un mes escribí lo siguiente. Es un puente hasta el siguiente relato.

Paseo entre la zona del horno y nuestra caseta, rodeado de palmeras, grúas, tuberías de gas, prados verdes cortados y rasurados e iguanas que se van a dormir, a eso de las 8 de la tarde. La temperatura es extraordinariamente agradable, de noche de verano perfecta. Esa simple sensación hace llover sobre uno los recuerdos de otros veranos, suaves y delicadas sensaciones muchas veces cerca del mar. El aire tiene la misma textura. No es nostalgia, es que simplemente vuelvo a estar allí. Puedo escuchar las olas y puedo sentir el tacto de la piel. Prácticamente me deslizo a 2 centímetros por encima de la grava, y subo las escaleras como si no pesara. Entro en la oficina, a oscuras, a por un café estilo venezolano, pequeñito, flojo, muy calentito y con sobredosis de azúcar. No sé si es paradigmático del estilo caribeño local de manera premeditada o es que simplemente les sale así. Pero yo miro la penumbra, y las sombras, y extrañamente en esos instantes todo casa y soy feliz. Por nada en particular.

Llegué ayer , después de un calvario de viaje

Pongámonos en situación. El aeropuerto de Caracas se encuentra en la costa, en Maiquetía, y está unido a la capital por una antiquísima y extraordinariamente cochambrosa autovía que atraviesa las montañas. Si el tráfico es decente, son 45 minutos de trayecto. A principios de año, uno de los viaductos se cansó de 50 años de humedad, lluvias torrenciales, calor sofocante y desperdicios de los ranchos cercanos sin que nadie se hubiese preocupado de él y se suicidó. Por tanto, la única opción para acceder a Caracas desde su aeropuerto pasa ahora mismo por circular por la carretera vieja (que en este caso tiene que ser realmente vieja) y rezar para no tardar más de 4 horas.

No me gustan los DC-9 sacados de una cacharrería de Aeropostal, pero no parece quedar otro modo de llegar a Barquisimeto desde Maiquetía. En cualquier caso, tampoco me dan mucho tiempo para hacerme a la idea, ya que se suspende el vuelo de las 7 de la tarde (entre otros) que me permitía hacer el enlace, debido a la escasa afluencia de pasajeros, motivada por la caída del viaducto. Por tanto:

a) Pernocto en el aeropuerto hasta el siguiente vuelo, a las 16 horas
b) Me apunto a un extraño servicio especial que, no me diga usted cómo, permite acceder a Caracas en hora y media

Recibo una llamada de nuestro agente en Venezuela que, al comentarle la situación, me exhorta (prácticamente me lo grita) a no marchar por esa carretera, que en la época en la que el vivió allí debía ser un tiro-pichón para sicarios. No sé hasta que punto exagera, pero sí sé hasta que punto puedo ser cagueta. Me reenvía un e-mail de una amigo local, que dice:

Como debes saber, el Viaducto # 1, del Autopista Caracas-La Guaira se medio
cayo, y ahora todo el trafico es por la Carretera Vieja, de tres (3) a
cuatro (4) horas entre las 7:00 am. y 6:00 pm ó por el Ávila en Vehículos
4-4 que tardan cerca de dos horas y solo de día.-

El Transporte aéreo se ha venido a la mitad

Solución: solo voy a Caracas en Carro

El Resto de la Infraestructura de Carreteras del país, similar, al borde del
colapso.-La carretera a Oriente con fallas de Borde, paso restringido por
los puentes y buenas colas.- La Carretera del Sur, con paso restringido por
que se medio cayo un puente entre Aragua y Guarico y…… para de contar.-

En la Política LA ROBOLUCION PARA ADELANTE y nuestro loco en sus andadas.-

Veo que el servicio que se me proponía era ir en 4×4, con esa puntilla tan intrigante de sólo de día. Me imagino que la carretera se llenará de vampiros y hombres lobo al caer el sol, con lo que rizo el rizo y decido enganchar un vuelo de Maiquetía a Valencia (la del caribe) y de allí un taxi hasta mi destino final, la ciudad de los crepúsculos.

Hoy me entero de que las obras, el día que comiencen, no durarán menos de 1 año. Un ingeniero ha propuesto rellenar la ensenada, lo que podría acortar el arreglo a 100 días. Es de la oposición, luego mucho caso no se le ha hecho. El gobierno ha propuesto quitar 000 (ceros) a la moneda local, pero la oposición está en contra, aunque todavía nadie ha sabido darme una razón. La inflación fue del 16% el año pasado.

En la terminal nacional del aeropuerto de Maiquetía, leo y escribo para pasar las 4 horas de espera que me quedan hasta el próximo vuelo. De paso, ceno en un Japonés, pero bebiendo Solera Light, por supuesto. El vuelo que lleva a Valencia, en uno de esos DC-9 que tanto me gustan y que Aeropostal debió haber ganado en un bote de cereales, dura 20 minutos. La señora que llevo a mi lado se santigua un mínimo de 7 veces antes de despegar, y eso me provoca sudores fríos. La muy hija de su puta madre se queda frita en cuanto despegamos. Se ve que ella tiene a Dios de su parte. De todos modos, acaba siendo un vuelo agradable.





2 partes bien diferenciadas

29 10 2005

Grúa

División 1

Ayer estuve en Master Pool, que suena a tienda de elctrodomésticos pero es un garito con billares situado en la Carrera 19 con la Avenida Vargas, en la sucia ciudad del los crepúsculos, Barquisimeto. Quedé con Dennis, el gordito Pokemón, el instrumentista de la fábrica que ha estado 5 meses seguidos trabajando a turnos de 12 (o más) horas de Lunes a Domingo y que ayer, al fin, pudo coger (con perdón) vacaciones, y unas chamas. Resulta que como llegué tarde, la caraja que me había cuadrado Dennis se había marchado (mujeres), con lo que llamó a una amiga de su novia (que el insistía era su prima). Me dice:

- Mikel, la otra chama tuvo que irse, primo, y esta es una señora
(¡Oh Dios!)
– ¿Una señora?
– Bueno, no es que sea una vieja, tiene unos 30 años
– Yo también tengo unos 30 años tío, eso no es problema

Jugamos al billar un rato, Dennis, su prima y yo, mientras bebemos Regional Light (ella) y Solera Azul (nos). El billar que se estila aquí lleva un mecanismo diferente, jugándose con las bolas del 6 al 15, consistiendo en ir introduciéndolas en orden numérico. Resulta extraño ver a una mujer que juega mejor que uno al billar. Aunque sea un paquete, el orgullo masculino se siente, curiosamente, herido ante tamañas afrentas. Por fortuna, la cerveza le hace más efecto a ella que a mi, y terminamos al mismo nivel.

20 mesas de billar con mayoría aplastante de hombres, morenos y bigotillos, vaqueros amplios y camisetas amplias, gorras y algún chándal macarra, pero no muchos.

Al cabo de media hora aparece la amiga, la señora , la treintañera. Miedo. Carne por todas partes entre líneas rosas. Ay papaíto. ¡Por el amor de Dios, si esta mujer a estado 18 años casada y tiene las manos más arrugadas que mi propia madre!. Al menos seguimos jugando al billar. Después vamos a cenar y las chicas ya están más contentas y más sueltas. Por supuesto, ya no entiendo la mitad de lo que dicen y eso me hace tener la impresión que siempre tengo al hablar en un idioma ajeno, y el Venezolano, no vayais a creer, lo es, esto es, que pareces un poco lerdo.
¿Cómo?
¿Qué quieres decir?
Y al final por no dar más vueltas siempre sonríes y asientes con cara de Gilipollas pese a no coscarte de nada. A eso me refiero.

- Miki
– Me llamo Mikel
– Dile a Dennis El gordo la cagó
– ¿Por qué la cagó el gordo?
– Jajaja
– Ya ves Mikel que estas mujeres son unas coimas
– Coño

Al volver en taxi hacia el Hilton, dejo a la ajadita señorita en su casa, un barrio entre la propia ciudad y La Ribereña, lleno de Ranchos y con mala pinta, lleno de cuestas. Según la soltamos junto a un farol (Adiós, nos vemos pronto) damos media vuelta a toda velocidad y el conductor me dice que es mejor así porque ese barrio es peligroso.

- ¿Sí? ¿Es peligroso? – le digo
– Peligrosísimo – me dice, y trago saliva mientras veo un hombre tambalearse en la acera.

Una rueda

División 2

Anteayer me di cuenta de que estoy acumulando regalos y viajes para una persona que no aparece. Cuanto más tiempo pase, más espacio ocuparan en mi mente. Si los pongo por escrito, más espacio ocuparán en papel (o en el disco duro). Hagamos, entonces, una lista de lugares pendientes para compartir, y dejemos los objetos, por obvios y mundanos ( ya para algunos incluso evidentes), apara otra ocasión.

Ciudades conocidas:

- París, cómo no, en otoño y soleado, pero con 10 ºC y chaqueta, de paseo
– Madrid, en Julio con toda la decadencia bullendo y la gargante seca, de museos
– Nueva York, también Otoñal pero evitando referencias a pasteles con Winona Ryder y Richard Gere, viendo escaparates de galerías de arte en el SOHO, de lo que casi no me acuerdo
– Bilbao, en primavera andando por el paseo de la ría para acabar en algún bar con luz verde del casco viejo. Un café en el tilo.
– Londres, comiendo 4 platos de comida étnica rápida y reventar. Comprar muñequeras y regalar bolsos. Contemplar razas y españoles perdidos
– Praga, siempre que no sea época de vacaciones con invasión de chanclas

Ciudades desconocidas

- Hong Kong, desde que ví La caja China
– Tokio, mucho antes de Lost in Traslation
– Berlin, desde que hay vuelos baratos

Lugares desconocidos

- Nepal, recorriendo entre monasterios y campanas y cuerdas
– Australia, simplemente porque está allí, en la otra punta
– India, en un tren que tarde 10 horas en recorrer 300 kilómetros
– La Patagonia, sin saber muy bien por qué. ¿Lugares comunes?
– Alaska, simplemente por Doctor en Alaska. Si me proponen Canadá, también me vale
– La gran Sabana Venezolana y los Tepuyes, por espectacular, aventurero de pacotilla y porque me pilla al lado, en estos momentos





Un Sábado y un Domingo

24 10 2005

Una tienda con normas

SÁBADO

Mañana (Domingo) deberían montar un divisor de caudal para la mesa de carga, pero no ha llegado la tubería, por lo que deben posponerlo al próximo fin de semana. Entonces, me revolveré, patalearé, lloraré (en la más estricta intimidad de mi habitación del Hilton) amargamente, pero finalmente deberé estar presente. Traduciendo, a tomar por culo fin de semana y puente y cena y copas y puente. Si finalmente es así (sigo rezando a Chiquito de la Calzada para que un giro del destino me permita pillar el avión el miércoles) me parece que intentaré encontrar unos días de fiesta hacer turismo por el Salto del Ángel.

En un horno hace calor, fundamentalmente dentro, pero a veces también fuera. En la bóveda de éste estamos a 55ºC. El problema es que a veces pegan golpes de calor de hasta 80ºC que ríete tu del gordo que os jodía en la sauna. Ayer estuve midiendo temperaturas y me tuve que apartar cuando las gafas empezaron a quemarme y comenzaron los mareos. Juro que vi a Belcebú, que me dijo que allí dentro se estaba de puta madre, y que menudas juergas con Jimmy Hendrix, Sammy Davis Jr. y Errol Flynn.

Mami quiero volver, tengo clases de francés desde hace una semana y aún no conozo a mis compañeros, y lo que es peor, y más grave, y más importante, a mis compañeras. Mi taller de escritura, que se me va a olvidar escribir. Mis carreras, que ya me cansa hasta subir en ascensor.

DOMINGO

A mis dos compañeros que están aquí conmigo, no jefes, los han cambiado de hotel por falta de habitaciones en el Hilton (yo, como buen jeta, me busqué la vida para no moverme, ya ves que insolidario, pero quiero mi piscina y mi gym aunque no los use) y los mandan para la Hostería Obelisco, aquel lugar donde el ínclito supervisor de montaje, cuando salía a comprar tabaco al Tamunangue, volvía con la camarera bajo el brazo.

El supervisor del PLC, uno de los que se muda ahora allí, es un señor de Ondoarroa, bien rollizo, un gilipollas, por cierto, con pantalones azules y tirantes y andares de pingüino con hemorroides. Y es un gilipollas, pero creo que ya lo he dicho. Le gusta el buen yantar y el buen beber, pero todo con mucha pose y mucha prepotencia. De esos a los que les dices:

- El mejor Chuletón que he probado lo comí en el sitio A

Y te responde

- Bah, ninguno como el del sitio B (preferiblemente en Ondarroa, o cerca, y regentado por algún amiguísimo)

O bien

- Increíble, me dieron un vino tinto en Lufthansa verdaderamente bueno

Y te responde

- Bah, el que está bueno es el blanco

Pero luego, claro, no sabe qué vino es el Casillero del Diablo. ¡A nadie se le olvida ese nombre!

Bien. Pues se tira todo el rato preguntando por el puto Tamunangue, porque ya se conoce la historia. Pero me da que este supervisor es todo boquilla. El adúltero era de los que las mataba callando, aunque el muy imbécil lo ha ido largando después a todos, y ya lo sabe media oficina. Creo que su mujer es algo lerda en ese sentido porque, ya me contarás, en cuanto se iba un día a hacer turismo (ella), el adúltero (él) no perdía un segundo en llamar a su amorcito (amorsito) para practicar las artes amatorias sin cambiar siquiera de hotel. Con lo discretos que son los botones y camareros venezolanos.

No, lo que se dice discreción no tenía. Ni muchas luces.

De todos modos no debe ser muy recomendable ir al Tamunangue. A mi ya me pareció un local de mala muerte, con tipos malencarados en la sombra con pinta de tener un bulto en la espalda que no es un quiste sino que es metálico y hace pum pum. Ayer, cenando con dos de los instrumentistas locales, en la estación, comiendo arepitas, uno le dice al supervisor del PLC que si oye plomo en la calle se tire al suelo.

Un cachondo

Lo que ocurre es que sabes que es medio coña y medio en serio, porque el tipo te cuenta que a él le pegaron un tiro en la pierna, no sé muy bien si para robarle o porque le confundieron con algún otro indeseable. Ocurre que al hombre no le entiendo muy bien. Me ha comentado que si hay partido de béisbol un día de éstos, me lleva a ver a los Cardenales de Barquisimeto.

Ahora me piro, saleroso, al Aragüeney, a ver qué nos ponen de comer. Y luego siesta, que ya está bien de hacer el memo trabajando un Domingo.





Ahora vuel(v)o

21 10 2005

Algo alemán en una mesa

Ya he probado a volar con Lufthansa. Es cierto que en el fondo todas las compañías tienen un servicio parecido, más aún cuando yo me fijo casi exclusivamente en catering. Por eso mismo, de momento, los alemanes se han llevado la palma con un record de 2 comidas calientes, un bocadillo, un aperitivo y 2 ofrecimientos de zumos y agua para un trayecto de menos de 10 horas. Hay que añadir que tienen el mejor vino tinto de todos los que sobrevuelan el Atlántico, lo que debería hacer sonrojar (y salir humo de las orejas, y hacer estallar las mismas) a los responsables de las bebidas de Air France e Iberia. Por lo demás, se despega, se turbulencia y se aterriza, como en el resto.

Hacía tiempo que no pasaba por el Aeropuerto de Frankfurt, tan alemán él. Tan tecnolimpio, tan frío, tan envidiable. Hasta la apabullante mezcla de razas y atuendos que pulula por allí resulta lejana y ordenada. Necesario mencionar el pasillo subterráneo con cintas transportadores de carne (humana) que comunica la terminal A con la terminal B, que es directamente una instalación artística de niña pija, con luces indirectas que cambian de color (del rosa palo al azul palo, si existe el azul palo, pasando por el verde qué verde era mi valle) y sonidos campestres y de pajaritos. Muy parecido a las insufribles y tremendamente aburridas psuedo-exposiciones de ciertos pabellones de la EXPO 92. Debo decir que relajar, relaja un rato.

A mi lado, en el asiento 31 C un alemán de facciones cuadriculadas, un tópico físico con 2 piernas. Durante la comida, cuando me quito por primera vez los auriculares, se dirige a mi en un muy buen castellano con acento teutón. Se nota que es de esos a los que les encanta hablar en los autobuses, aviones o ascensores, gente con la que no suelo ser muy receptivo a no ser que cumplan ciertos requisitos.

Pertenecer al sexo femenino es uno de ellos, sí, soy así de desgraciado. Soy un hombre.

En cualquier caso esta vez no me hago el loco tanto como otras veces porque he cambiado. Ahora escribo, aunque sea en un blog, aunque sea pensando en un incierto futuro publicable o no, y eso me convierte, aún más si cabe, en un voyeur, un ladrón y un cotilla. Por lo tanto indagas, sin indagar (porque la gente desconocida que desea contarte parte de su vida no necesita que le des pie para hacerlo, y los que no quieren contarte nada simplemente no hablarán contigo), para estudiar si hay algo potable.

Lo primero es un manido y desafortunado chiste sobre el pollo (con salsa indefinible, rebozo menos identificable todavía, zanahorias cocidas y una especie de fideo de patatas) que me estoy comiendo y la gripe aviar. De algo hay que morir, y tal y cual.

Resulta ser un personaje bastante interesante. Lleva el pelo al 1 debido a su prominente alopecia, estilo alemán (es decir, como la mía, de la que hace que tu pelo retroceda hacia las cumbres como un glaciar en el siglo XX) y pantalones de pinzas. Va rumbo a Porlamar, Isla Margarita, para un curso de maquinaria de asfaltado, lo cual me parece muy útil dado el estado de las carreteras venezolanas. Es un hombre divorciado, con 2 hijos que le piden que les compre la Playstation 2 y el les dice que nunca les comprará nada que sea cuadrado y lleve corriente eléctrica. Ahora mismo sale con una azafata española de Lufthansa, que no está en este mismo vuelo, y su madre también es española, de ahí su conocimiento del idioma, aunque es un políglota y un viajero (laboral y de vocación). Alguien le debería comentar que un hombre de más de metro ochenta y espaldas cuadradas no debería incluir en su vocabulario las interjecciones jobar o jolín.

Se dice Joder, joder.

Lo cierto es que en ciertos aspectos me da envidia porque al terminar la carrera se fue 6 meses a Estados Unidos para conocerlo y buscarse la vida. Lo cruzó de lado a lado y se volvió al terminar. Ahora quiere recorrer con su novia (la azafata española de Lufthansa, que consigue los vuelos a un 10% de su precio) y algún otro amigo la Panamericana con su moto. Es motero y escalador. También tiene un amigo que intenta organizar otra travesía motorizada desde Pekín (donde vive) hasta Ulan Bator. Joder (jobar) a esa me apuntaba yo aunque fuera en bici. Nos despedimos y espero que le vaya bien, porque parece un tío majete con accesos violentos.

Antes de salir del avión guardo el catálogo de productos duty free de venta en el avión para pasarle un informe a la secretaria del departamento y que me indique qué colonia quiere que le compre de regreso. Yo le digo que lo que hay que comprar es Ron, café y chocolate, pero es que la colonia no engorda.

En el trayecto de Maiquetía a Barquisimeto sigo leyendo Campos de Londres, entre adelantamientos temerarios y trillones de baches de la carretera mal asfaltada. Mi jefe no se explica como puedo leer con semejante agitación, pero yo cierro el libro cuando el sol se pone tras las montañas y salimos del estado de Carabobo.





Resumen de una nueva invasión de Venezuela. Huída.

5 10 2005

Luces a lo lejos
He descubierto cual es el motivo por el que adoro los viajes en avión. Los adoro por la gente, por la cercanía íntima y desagradable de completos desconocidos durante horas (y siempre que no haya un despegue extraño o turbulencias sobre Mongolia), que te hacen partícipes de sus innumerables rarezas, de sus comportamientos viajando entre el tópico nacional a la más absoluta anormalidad. Más aún si el pasaje es multicultural. Judíos ortodoxos con su piara de hijos, parejas de alemanes jipis en constante movimiento, chinos ruidosos y aficionados a reclinar los asientos y levantarse únicamente durante despegues, aterrizajes y turbulencias, y rusos aficionados al vodka con tos de enfisema. Desde que he entrado en el aeropuerto de Caracas, para volver, he fichado a dos rubias. También son rusas y también cumplen el tópico nacional.

Cuando a un hombre le comentas que has conocido a una rusa, automáticamente responde, es decir, pregunta, y…¿está buena?.De hecho considero que es de mala educación no preguntarlo.

Evidentemente, lo están, lo saben y lo utilizan. Se me cuelan en la facturación y no digo nada, suficiente tengo con intentar mantener mi pose de tío interesante sin que las gotas de sudor corran por mi frente. También a un cachas con camiseta ajustada, piratas y sandalias (chancletas). Éste cumple un tópico corporal. Se cuelan en la aduana. Se cuelan en la cola para el cacheo antes de entrar al avión, y toda la fila de los hombres desea cambiarse por las manos de la policía que las palpa.

Antes de despegar, veo que me ha tocado a su lado, al otro lado del pasillo. Miro de reojo como junto a ellas se sienta otro elemento al que tenía, igualmente, fichado desde la primera cola de las 7 colas que hay que hacer para montarse en un avión en Caracas. Éste es Italiano, por lo que, como el texto de hoy va sobre tópicos, es un guaperas hipermegasuperfashion con mochila con estampado de letras japonsas y gorra con estampado de letras japonesas. Los tres deben rondar la veintena y soy capaz de olfatear las hormonas recorriendo los pasillos del avión arriba y abajo, hasta que las azafatas (y feos azafatos), siguiendo normas internacionales (normas internacionales que, por lo visto, sólo cumple Air France), recorren dichos pasillos fumigando con insecticida no dañino para la salud para la completa desinfección de la cabina.

En este momento debo apuntar que la rubia más alta no lleva sujetador.

Durante 2 horas, asisto a las hábiles maniobras de, ya puestos a topicazos, Giusseppe en su acercamiento a la rubia más baja. Es la primera vez que veo un intento de aquello que comúnmente se conoce como meter el morro en un avión en vuelo. Tampoco lo he visto en un avión en tierra.

Mientras rubia baja dormita sobre el regazo de Giusseppe que no ha sido capaz de llevarse el gato al agua, o lo que es lo mismo, la rubia a los baños, rubia alta se dedica a pasearse por el avión haciendo esfuerzos por rozar con sus pezones el mayor número de hombros posible. Quizás exagero, pero sé que rozó el mío. Cuando me levanto a por un zumo de tomate se encuentra flirteando con un español calvo que ya está intentando intercambiar teléfonos, no sé muy bien para qué, y la mira con cara de te pongo un pisito en Alcobendas. Luego se sienta con él y me imagino diferentes posibilidades de sexo en un 747 que no se cumplen.

Otro medio de transporte Aterrizamos en París y hace frío. Ha vuelto el invierno y me entra (se apodera de mi) esa conocida sensación de bienestar y melancolía infinita del aire helado sobre las mejillas y el olor de la pelliza de piel que no llevo puesta. Empiezo a tener esa sensación de que los ciclos cada vez pasan más rápido y se me escapan hilos de tiempo entre los dedos, pero consigo zafarme y volver a ser feliz durante otro rato. A la mierda estar sólo, al menos estoy vivo y puedo contemplar como rubia alta y rubia baja se cuelan en la aduana.

Jódete Giusseppe





Diaro de Barquisimeto (10) Epílogo

5 10 2005

He llegado a casa y está vacía. Oriol se ha ido a Lleida después de los exámenes y Ander puede estar en su habitación, en el Bar, en el Gimnasio o encima de un árbol haciendo uuuuuuuuuu uuuuuuuuuu uuuuuuuuuuu.

Nadie ha limpiado en las 3 semanas que he estado fuera.

Después de una merecida siesta, que dura desde las 6 hasta las 8 de la tarde, recibo una llamada de mi ex. La ex. Nos tiramos charlando durante 2 horas de reloj. El nombre de mi ex también tiene 6 letras.





Diaro de Barquisimeto (9)

4 08 2005

Día 84+1 o parecido Intentando que Cher no me coma la oreja

6 letras

Después de una serie de gestiones, consigo una plaza en el vuelo de Air France y respiro. Las pulsaciones vuelven a 65 por minuto. En el trayecto hacia el aeropuerto pasamos por delante de una valla publicitaria de Comedores Compulsivos anónimos y siento un irrefrenable deseo de meterme un churrasco con yuca hervida y guasacaca a manta. En el aeropueto de Maiquetía, donde no hay una sola zona de fumadores, cada vez que piden atención por megafonía, yo entiendo:

Su adicción, por favor, el vuelo con destino…etc etc

He conseguido perder el miedo a volar, a base de, simplemente, hacerlo frecuentemente. Pero de todas maneras cada vez que el avión despega el morro sigo poniéndome nervioso y mentalmente resuena.

Sube
Sube
Sube
Vamos Cabrón
Sube

Y hasta que no se extingue la señal luminosa de los cinturones no me siento seguro. Y aun así tienes instante en los que el pánico, de una manera suave, te atrapa. Al menos ahora es un instante, y en seguida a pasado, a menos que las turbulencias conviertan el 747 en una batidora deslizándose por el Dragón Khan, ya que, aunque sabes que ningún avión se ha caído por ello, la consciencia de la muerte sigue ahí. Igual que al caminar por un paso un poco aéreo en los Pirineos.

Llevo conmigo un periódico que he cogido (halado, maldita sea) del suelo en la Terminal. Las esquelas son realmente excepcionales. Y los muertos, extraordinariamente jóvenes, muy indicativo de la situación del país:

Ismael Fulano “Condorito”

Condo, hoy hace tres años que te alejaron de tu familia, todavía tenemos presente el dolor y la tristeza de aquel inesperado día de tu partida, en ese momento tuvimos que derramar muchas lágrimas; cuando te quitaron la vida no pensaron el dolor tan grande que le dejaron a una madre. Te extrañamos mucho, nunca la ausencia es parte del olvido, siempre estás en nuestro pensamiento. No estás muerto. En cada vallenato que escuchamos estás presente, te seguiremos recordando.

Juan Carlos Mengano

Mi Gordo Bello, el más hermoso de los recuerdos tengo de ti…el no tenerte me da uninmenso dolor, créeme que mi deseo era el de ser felices juntos para toda la vida, así lo juramos un día; que sólo la muerte podría separarnos, y sólo así pudo ser esta realidad que vivo hoy y que me separa de ti…pero ruego a Dios que te tenga en su santa gloria, te haya perdonado todos tus pecados (…) Fuiste y serás Carlitos el mejor, el más serio, El Gordo más bello

“Mi Feo”

Cada día estás en nuestros recuerdos
Amándote como el primer día de tu nacimiento
Reinarás en nuestros corazones
Los deportistas como tú siempre serán bien recordados
Olvidarte nunca
Sabemos que estás en le reino de los cielos

Ricardo

Me siguió la muerte tras tu ausencia, tu aroma me lo trae el viento y no puedo escapar de mis tormentos, en mis sueños te extraño y mis lamentos los llevo al infinito del cielo para que me explique como poder vivir sin ti, sin escuchar tu voz y sin ver tu tierna sonrisa.
La muerte se presenta cada noche mientras no te tengo…
Me levanto cansada de esperar volver a ver tus fotos y recordar tu noble corazón, mi corazón.
Sólo tendrá sentido mi vida, si regresas a mis tristezas y vuelvas a sentir a esta rosa que fue tu madre, no dejes que la muerte visite mi morada, ven hijo mío que te espera mi alma desconsolada por tu ausencia, no permitas el olvido en mis versos, no permitas el olvido de tus hermanos, sólo permíteme llorarte aquí en mis viejos escritos que siempre serán tuyos…

Tu mamá

Todas tienen ese halo poético, místico y ligeramente ridículo, que las hace entrañables e, incluso, emocionantes. Más teniendo en cuenta, lo poco que cuenta una vida en Venezuela.

Ésta calle no está en Venezauela, ni las ventanas en el sueloDe todas maneras he aprendido a disfrutar de los vuelos. He de decir que se me hacen cortos. Leo compulsivamente, a veces incluso anoto cosas en mi libretilla (cada vez menos), veo alguna película infumable e innombrable (como siempre, en francés subtitulada al inglés, porque, para lo que hay que entender), disfruto de la comida pegajosa y recalentada, y me paseo a la parte trasera del avión para un refrigerio. Encuentros sexuales furtivos en los baños quedan descartados. Mientras estaba meando, el sumidero del inodoro a comenzado a emitir unos sonido de succión de lo más alarmantes he visualizado mis genitales siendo estirados y absorbidos por el agujero, llevándome a mi detrás.

He salido corriendo, después de dar al botón de Flush.

A mi lado se han sentado una mujer joven con pinta de despistada, israelí y una vieja Venezolana. Tras la tercera botella de vino antes siquiera de servir la cena, la señora le ha contado, resumida, su vida de emigrante en Suiza, Francia y España y su último viaje a Venezuela, de donde viene de hacerse un recauchutado completo. Lifting, nariz, labios, ojos y liposucción. Le dice al azafato que le haga el favor de refrigerar un gel que tiene que extenderse en la cara durante el vuelo. Cuando me levanto un momento al baño, después del rissoto de cartón que nos sirven, y que la momia Venezolana acompaña de otra botella de tinto francés de año, oigo como la israelí le pide encarecidamente al asistente de vuelo de vuelo que no le sirva más alcohol, que la está volviendo loca. Cuando vuelvo al asiento, la señora me engancha por banda y comienza una retahíla de su vida y milagros, que yo no puedo escuchar ya que no puedo apartar la vista de su piel extraordinariamente tirante, sus ojos enrojecidos y sus labios irregularmente abultados. Cuando comienza a describir los días que estuvo haciendo turismo en Bilbao, yo creo observar como su ojo derecho, con un manojo de venas más intrincado que el izquierdo, comienza a hincharse. Y uno de sus bultos del labio inferior a abultarse.

Pum Pum

Noto las palpitaciones de su corazón a través del labio. Pum Pum. Más grande. No puedo apartar la vista. Pum Pum. Oigo el sonido de plástico que se estira.

Aparece la israelita y se sienta en medio. Con un habil y raudo moviemieto me enfundo el discman y me hago el dormido. No quiero oir cuando reviente. Subo el volumen de Clutch a todo trapo.

Consigo adormecerme durante las 2 últimas horas del vuelo, cuando los ojos están ya agotados. Entonces sueño con encuentros y desencuentros. Imagino historias y desenlaces. También veo sexo a mansalva. Afortunadamente tengo la almohada que facilita Air France sobre el regazo.

Durante un vuelo te da tiempo a repasar grandes partes de tu vida, a pensamientos realmente lúcidos que se llevan las turbinas y olvidas para volver a creer que son nuevos en el siguiente vuelo.

Atardece y llegoEstamos aterrizando en Paris. Siento como se extienden los Flaps. Como viramos para enfilar la pista. Como sale el tren de aterrizaje. Pero no quiero abrir los ojos. No quiero abrir los ojos porque en mis ensoñaciones estoy repitiendo el diálogo que he memorizado hace unas horas, en la sala de espera de la puerta 14, de Primavera con una esquina rota de Benedetti. Yo soy Rolando, y la mujer de 6 letras es Graciela.

Y yo digo

- ¿Puedo hacerte una pregunta muy pero muy indiscreta?
– Podés. Y también puedo no contestarte
– De acuerdo
– Venga pues
– ¿Soñás con otros hombres?
– ¿Querés decir sueños amorosos?
– Sí
– ¿Te refieres a soñar dormida o a soñar despierta?
– A ambas cosas
– Cuando duermo no sueño con ningún hombre
– ¿Y despierta?
– Despierta sí sueño. Te vas a reir. Sueño con vos

Sonrío y tocamos tierra.





Diaro de Barquisimeto (8)

4 08 2005

Día 84 o parecido Éste día soy yo, eso es seguro

Un árbol del athletic Me he despedido de la gente de la planta, del adúltero y su mujer, del capitán, que me ha llevado a un Farmatodo para comprar café y chocolate, de la piscina del hotel, del amasijo de hierros que estamos montando, del Tamunangue, el Mi Estación, el Café 90, el aire acondicionado a todo trapo, la Avenida Lara y la 20, las chavolas con la gente tomando el fresco alrededor de La Ribereña. El vuelo es a las siete y diez, por lo que salgo con tiempo en taxi, ya que me va a llevar unas 5 horas llegar al Aeropuerto de Maiquetía debido a que están en plenas obras en la autopista de La Guira, debido a que uno de los viaductos se está cayendo.

Me da tiempo a dormir y dormir, y leer el periódico local, tamaño sábana, calidad papel de water del Carrefour (no del Lidl, el papel de baño más grueso, tierno y acariciador que una mente humana a podido inventar). En uno de los suplementos hay anuncios de Clínicas de Cirugía estética, el segundo deporte nacional tras el Baseball.

Aumento de Senos 2.600.000 Bs.
Liposucción 2.100.000 Bs.
Correcciones faciales 2.200.000 Bs.
Rinoplastia 2.000.000 Bs.
Estrechamiento de Vagina 1.600.000 Bs.
Aumento de pectorales masculino 1.400.000Bs.

Me he imaginado con los pectorales de Dolph Lundgren y el culo de JLo y no me ha hecho mucha gracia.

He bajado del taxi cargado con una Samsonite de 28 kilogramos y el maletín del ordenador, lleno de mis libros, mis CDs, chicles, cámara de fotos, ibuprofeno, las llaves de casa, los cargadores del móvil y 4 pilas de emergencia por si se agotan las recargables del discman. En el panel de Salidas pone





Salidas – Departures
Destino
Hora salida
Vuelo
Puerta
Situación
Paris16:50AF14Salió
Porlamar17:00SB12Embarcando
Madrid17:10IB11Embarcando
Frankfurt17:10LF10Retrasado

Yo efectivamente pienso: Eres retrasado

Se ve que el vuelo no era a las siete y diez, sino a las diecisiete y diez. En el trayecto hacia el mostrador de Iberia he tenido que pasar, como es habitual, el control antidroga, en el que me han abierto y manoseado y revuelto toda la maleta.

- Llevas Harina PAN para hacer arepas? – Me dice el militar encargado de tocarme las pelotas
– Sí
– Puede cerrar la maleta

Al llegar al mostrador todos pasan de mí. De hecho me informan que como mucho puedo aspirar a quedar en lista de espera para mañana, pero que todos los vuelos están ful el fin de semana. Y me ha entrado una terrible y desagradable sensación de quedarme encerrado. Ante la imposibilidad de hacer nada, y después de preguntar en Air Europa, Santa Bárbara y Aeropostal, no me queda otra que llamar al taxi que me ha traído y acercarme hasta Caracas, donde ese encuentra otro compañero de trabajo al que le pido que, por favor, me encuentre una habitación libre.

Cómo me gustara que me dejaran subir!Por supuesto no hay ni una sola en todo Caracas debido a una convención.

Acabo durmiendo en una cama supletoria en su habitación, después de compartir un buen número de cervezas y cigarrillos, que consiguen que mi cara recupere un poco de color y deje de insultarme dentro de mi cabeza por un rato.





Diaro de Barquisimeto (7)

28 07 2005

Día 20 o parecido Ahora me toca Gordillo y Rompetechos

Última generación

Todos los días, de Lunes a Viernes, me estoy levantando a las 6 de la mañana. La rutina de unos pocos días. Me despierto para hablar con la oficina y ver los e-mails que llegan desde allá. Para enterarme de que me están poniendo a bajar de un burro por no tener la documentación del Proyecto de Egipto bien ordenada.

Pero es una excusa.

Lo que hace que atraviese las paredes del sueño y deje el ordenador en modo suspensión en lugar de apagarlo para poder ser encendido rápidamente no es el ansia de saber si han llegado los racores de repuesto de Leku-Ona. Entro en mi cuenta de yahoo y aparece la pantalla donde pone

Tienes 4 mensaje sin leer:
Bandeja de entrada (4)

En España son las 12 del mediodía y aquí casi no ha amanecido.

Cuando pincho en Bandeja de entrada (4), como todos los días, y espero que los 28 ks de la conexión telefónica carguen la bandeja de entrada, bajo mis gafas un poco hacia la punta de la nariz, como una entrañable abuelita, como en cualquier cine viendo una película de terror Coreana. Entre la bruma de 7 dioptrías de miopía y 1 y media de astigmatismo en el ojo derecho, intento vislumbrar el tamaño de los nombres de los remitentes. Busco desesperadamente que uno de ellos parezca un nombre propio de 6 letras. El corazón palpita con un poco más de fuerza. Si parece que es así, vuelvo a mirar a través de mis gafas (lentes) y veo si ese mensaje era de Piotre, Alberto, Lorena…o es de ella.

Si no hay 1 mensaje de ella, digo, mierda! Y el día es un poco menos soleado, o un poco más gris, o más lluvioso, dependiendo de la predicción del tiempo o lo que se vislumbre a través de las lamas de madera de las puertas de la cabaña.

Si lo hay, no digo nada, pero sonrío. Lo leo. Sonrío otra vez y el juego continúa. Una partida de tenis con las pelotas marcadas. Sé que voy a perder, pero no puedo rechazar la posibilidad de mandar un pelotazo a la línea.

Hoy hemos estado comiendo nuevamente en la estación. En el restaurante Mi estación, que está junto a la estación de tren de Barquisimeto, junto a una comandancia militar, junto al restaurante Mi Vagón. Y conmigo, el adúltero, el capitán Acab, el ingeniero Gatti y la ingeniero Lili.

Lili es una mujer muy pequeñita, una solterona que vive en una casona con un jardín de una hectárea donde organiza Barbacoas y sus 10 perros campan a sus anchas. Siempre se ríe como si fuera la última vez, o quizás como si fuera la primera vez. Como todos los empleados de Sidetur, lleva su uniforme compuesto por vaqueros y camisa azul con logo, que les hace parecer miembros de alguna antigua organización nacional-socialista.

Los perros de Lilly comen paella, y comen piña y lechoza.

Hoy queríamos haber pedido asopado, pero como es un plato que necesita 40 minutos de preparación, hemos vuelto a comer Punta trasera a la brasa. Hoy con vino, porque es mi último día. Y el vino, por supuesto, nos lo traen congelado. Gato Negro. Es el nombre del vino. Es chileno, como el afamado Casillero del Diablo. Un gran nombre, creo que a mi próximo coche lo bautizaré con ese mismo nombre. Y lo bautizaré con una botella de ese vino. Mejor no hacer nada con una botella de algo que se llama Gato Negro.

Las cervezas no están muy frías, no tienen témpanos de hielo en su interior.

Los días se hacen largos en la planta porque no tengo muchas ganas de trabajar, ni mucho que hacer, y me pongo a pensar en que necesito buscar varios días de vacaciones en mi próxima estancia en Venezuela, para poder visitar los Tepuys y el salto del Ángel. Verlo todo desde una avioneta, que me gustaría que pilotase Maggie O’Connell. Adalberto me ha contado que su tío era piloto de avionetas en esa zona. Que era un profesional y se conocía casi cada recoveco, cada cascada, cada montaña, colina y saliente de aquella selva. Pero que un día, llevando a 3 turistas Canadienses y a su mejor amigo decidieron aventurarse por un desfiladero por el que no había pasado nunca, y que al final de el mismo se encontró que no tenía salida y tuvo que maniobrar para salvar la pared que cerraba el estrecho valle subiendo en trayectoria vertical, hasta que el jodido Newton dijo, por ahí no paso. Parece ser que consiguió, durante la caída, girar la avioneta de tal manera que cayeron, todo lo suavemente que un accidente permite, sobre la ladera. El tío de Adalberto quedó malherido y al cabo de unas horas murió junto a su mejor amigo y 3 turistas Canadienses. Adalberto dice que era un profesional.

Por aqu vendan frutas de madera

Voy a dejar este país, esta vida, sin saber si el adúltero conocerá el castigo divino de ver como su venezolana se pasea por el Hilton en busca de venganza. De todos modos no creo que encuentre a su mujer. Ella se pasa el día de autobús en autobús (400 Bolívares el trayecto), sin rumbo. Charlando y sacándose fotos con la gente. Llegando a pueblos que no conoce. Preguntando los precios de la ruta Barquisimeto- Barranquilla (Colombia 60000 Bolívares), que dura 11 horas. No parece que le de miedo que le secuestren las FARC, más bien le parece divertido. El capitán Acab cree que se arriesga demasiado, que la van a acabar atracando. Lo dice mientras estamos cenando un pincho moruno mixto del tamaño de un niño de 8 años en el Caffé 90 y él manda besos a las muchachas que entran. Pero yo creo que a ella le da lo mismo, que si le asaltan se lo pasará pipa.

El capitán me cuenta que un grupo de ballet se hospedaba en el hotel President, en la avenida 20, y que una de las bailarinas rusas salió a comprar tabaco a las 2 de la mañana y la mataron. Pero creo que ya hace tiempo de eso.

Y mañana, a las 6 de la mañana hora de Barquisimeto, 12 del mediodía hora española, estaré en un avión rumbo a Bilbao, sin poder abrir mi cuenta de correo, sin poder ajustarme las gafas para no saber, intuir durante un rato, si la mujer de 6 letras con la que mantengo un partido de tenis me ha escrito. Y me ha invitado a su casa.





Diaro de Barquisimeto (6)

21 07 2005

Día 2 o parecido Siguiendo los pasos de Julio Alberto. Un flashback

El enigmático obeliscoAquí, un litro de gasolina cuesta 90 Bolívares. Aproximadamente. Según el cambio oficial 2150 Bolívares son 1 dólar y según el cambio del mercado negro, paralelo, bananero, 2500. Pese a ser no oficial, éste tipo sigue unas pautas bien determinadas, basadas en la cotización de cierto valor (no me preguntéis cual, probablemente el kilo de cebada) en Wall Street. Así, el coche medio, excluyendo viejos aparatos americanos de los 60 remendados y recauchutados, que constituyen el medio de transporte medio, es un pick-up al que necesitas subir con estribos y consume en galones en lugar de en vulgares litros.

Hay límites de velocidad, pero no hay señales que los indiquen. Hay semáforos, pero no es conveniente pararse en ellos a partir de las 10 de la noche. Hay policía, pero son recaudadores de impuestos no oficiales. De algo hay que comer, y no va a ser de la paga del gobierno. También hay lluvia, porque es época de lluvias.

A las 12 de la noche volvemos de cenar en el Café 90, 2 coches a 120 por las calles anegadas de Barquisimeto, saltándonos una media de 2 semáforos al minuto, y con un conductor que lleva 9 Johnny Walter etiqueta negra, que yo haya visto. Ese tipo de cosas que te hacen sentir vivo pero nunca deberías contar a tu madre. Buscando una tasca donde tomar la última. Por fortuna, mis anfitriones no encuentran ninguna abierta a esas horas que no pueda calificarse como de mala muerte. Yo quiero irme a dormir y dejarme de hacer cruces cada vez que hacemos aquaplaning en un lago en medio de la calle. Mis anfitriones son el capitán Acab, Don Pinpón y Celedón.

El capitán Acab es el gerente de una laminación cercana a Sidetur, un verdaero crápula cuya familia, mujer e hijos viven en Caracas mientras el se aburre en medio del estado de Lara, combatiendo su hastío a base de Churrasco, Chequer con mucho hielo y mujeres de menos de 30. Locas.

El enigmático obeliscoDon Pinpón es representante. De la misma quinta y la misma esencia que el capitán, luce bigote en lugar de barba y se ríe de manera estruendos, mientras babea en cuanto divisa un buen culo, cosa extremadamente frecuente por estas tierras, lo que lo convierte en un ejemplar sobredimensionado de caracol viejo verde. No tiene hastío que combatir, pero también le gusta la carne.

Celedón es del Goierri. Intenta seguir el ritmo pero no puede y se queda dormido en cada esquina. De la mismo talla que sus compañeros. Y cuando digo talla quiero decir tonelaje.

Y yo me pregunto qué pinto aquí.

Por la mañana he trabajado. Lo de siempre. Astrid me cuenta que se dice, se rumorea, aunque ella lo da por seguro, que a Chávez le han pegado un tiro. Estos días se especulaba sobre la posibilidad de que hubiese sido asesinado, ya que no había aparecido en sus discursos habituales. Ese mismo día hizo acto de presencia, pero sin pasearse ni pavonearse. Entonces, cuenta la leyenda, esto se debe a, y vamos por partes:

-Que Chávez tiene 9 cinturones de guardaespaldas (o serán 7)
-Que el último, el más cercano, le fue cedido por Fidel Castro y está formado por una guardia Cubana
-Que Chávez tenía un affaire (llamémoslo así, por no decir algo sobre coger a secas) con una de las integrantes de dicho último cinturón
-Que el novio de la mencionada señorita pertenecía, a su vez, a la mencionada última guardia personal del presidente
-Que se enteró
-Que en un arrebato de furia disparó al presidente, al que le salvó llevar chaleco antibalas, pero fue herido en una pierna, antes de que se atacante fuera abatido

Es un rumor absurdo, caribeño, bananero. Sea o no cierto, describe este país.

El capitán, Don Pinpón y Celedón me han recogido en la Hostería Obelisco. Mi compañero, el supervisor de montaje, no ha podido venir debido a un sospechoso, repentino y violento dolor de cabeza, que supongo que se le pasará tras unas cervezas en el Tamunangue.

El enigmático obeliscoDurante la parte previa a la cena, que consiste en una ingesta continuada de cervezas (por mi parte) y de whiskeys (por parte de los cetáceos anfitriones), me cuentan que la policía les ha dado el alto esta mañana por ir hablando por el móvil (celular) mientras conducían (manejaban) y que, ante la amenaza de llevarlos detenidos a comisaría por violar el artículo X del código X de la República Bolivariana de Venezuela, han acabado soltando 300000 Bolívares (bolos), que han ido a parar a la libreta del policía. Y no le han pedido factura. De algo hay que comer.

Una historia interesante, cuando no te la repiten 5 veces a lo largo de toda la noche. Pero soy agradecido, por un poco (digamos un mucho) de buen solomo a la brasa aguanto hasta un discurso de Fidel.

Ya cuando me han dejado en la hostería, he ido caminando hacia mi habitación, mirando la extraña luz que alumbra el Obelisco, el esperpéntico monumento que simboliza esta ciudad. La ciudad de los crepúsculos








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