Fin de semana 2 o parecido Conduciendo por Dinira

A los Venezolanos les gustan los zumos (jugos). En la cantina de la fábrica te dan 2 vasos de zumo (jugo) si renuncias a la sopa. La sopa, por otra parte nunca es sopa, puedes llamarlo consomé, cocido o puré, pero nunca sopa. Y además el sábado hemos vuelto a comer con el ingeniero Gatti y nos contó que su abuelo fue ingeniero en Austria en 1912, cuando ser ingeniero de una ciudad era tan importante como ser el alcalde, el cura o el médico.
Me he pasado todo el sábado estornudando y tosiendo y al final he decido irme al hotel a echarme una siesta y dejar que el adúltero recibiese a su querida esposa en el aeropuerto, atención, internacional, de Barquisimeto. A la misma hora en que ella estaba aterrizando yo he salido de mi habitación camino del gimnasio, bien pertrechado, con el discman en una mano y la tarjeta de la habitación en la otra, dispuesto a sudar un mÃnimo de 23 cervezas, medio paquete de tabaco, un posible catarro, el Algidol automedicado para combatirlo, una posible alergia, el antihistamÃnico automedicado para combatirlo, y un ligero dolor de cabeza. Con esto último va ibuprofeno, y eso tb tenÃa que sudarlo. Pero no. Estamos en el Caribe. El Gimnasio estaba cerrado, y si intentas indagar y conocer la razón, ni lo intentes, nadie lo sabrá. Habrán tenido algún problema técnico.
A las 8 suena el móvil que me despierta de una sesión semi-letárgica de 2 capÃtulos de LOST de los 13 que me he traÃdo, en inglés y subtitulados en francés. Creo que cuando vuelva a España debo revisarlos para tratar de entender algo más. Es el adúltero que quiere saber si vamos a ir ya a cenar. Bien.
Ella es una dicharachera rubia de bote, alocada, pizpireta, un poco soplapollas, pero parece maja. Alocada. Desde luego parece más interesante que él. Y él. Él no hace más que dedicarle miradas de desaprobación cada vez que dice cualquier cosa. Condescendencia. Mala leche. La trata como si fuera gilipollas, y eso es algo que no debes hacer nunca con tu pareja, aunque sea gilipollas. Lo dice en el manual de las parejas.
Alrededor de la piscina han montado el escenario de una boda, muy al estilo americano con velitas, adornos florales, damas de honor con vestidos rosas con mucho vuelo y una orquesta, con lo que nos sentamos en la terraza del bar para ver un rao el espectáculo desde allÃ. Desde la distancia. Nadie se cae a la piscina porque todavÃa son las 9 y media. Esta mujer es un culoinquieto y a él es un pusilánime. Ella es soldadora y se conocieron cuando tenÃan 17 años y se iban a retozar por los prados, cerca de Avilés. Al tercer Cacique (añejo) con Cola empiezo a distanciarme sigilosamente de su conversación y observo como 2 niñas con diadema y vestidos rosas, con mucho vuelo, por si no lo he comentado, corren por los jardines de la piscina. Y las veo correr a cámara lenta. Entonces me pregunto si he visto demasiadas pelÃculas como 4 bodas y un funeral. Y es mejor irse a la cama.
El alcohol hace su efecto hasta las 2 y media de la mañana, hora en la que la orquesta, que actúa a escasas 2 cabañas de la que yo habito, está atacando una canción de Juanes. Seguidamente es el turno de You can leave your hat on. Eso suele ser indicativo del fin de fiesta, pero no, esto es el Caribe, y después de que algún cuarentón alcoholizado con bigote y sobrepeso a juego haya mostrado sus carnes al ritmo de Joe Cocker, la fiesta continúa y yo debo echar mano de los tapones que el Departamento de Seguridad e Higiene de Sidetur Barquisimeto obliga a llevar en sus instalaciones. De 100 pasamos a 60, y como ya estamos dentro de la normativa de seguridad, me quedo frito.
Al dÃa siguiente emprendemos viaje para visitar La cascada del vino. Ninguno sabemos lo que nos espera, ya que si hubiésemos sido conscientes de las 8 horas de coche por carreteras y pistas sin asfaltar que suponÃa, nos hubiésemos quedado tostando al sol en una hamaca. Bueno, yo no, ahora que lo pienso.
La mujer del adúltero me cuenta que por las mañanas desayuna 2 huevos duros, que cuece la vÃspera, leche, 200 gramos de jamón de York y 2 filetes de ternera, que frÃe la propia mañana. Luego apenas come, ni cena. Solo observa como zampan y fuman porros sus compañeros del taller a la hora del almuerzo.
Cuando paramos en Tintorero, pueblito dedicado a la artesanÃa, me invade una vaga, conocida sensación. Allà hacen tallados en madera, de muchas clases, accesorios de cuero y hamacas (el taxista nos cuenta que el tiene una hamaca matrimonial en casa). Compro una Polar Ice en una de las tiendas y enciendo un cigarro. Venden cucharones y espátulas de diferentes maderas y tamaños. Me compro un juego por 5000 BolÃvares. Venden muñequeras de cuero y cinturones. No me compro ninguno. Venden colgantes jipiosos y me pruebo unos cuantos que me hacen parecer mujer, o sea. Me compro el único que me hace parecer más macho. Más o menos. 8000 BolÃvares.
Cuando llegamos cenamos en el Tiuna, toda la carne que un jefe indio puede ofrecer, con arepitas, crema, queso frito, yuca y gausacaca. Un señor que parece haberse exiliado de la vieja (digo, nueva) trova santiaguera nos lleva hasta el hotel en un Daewoo con una pegatina que pone Taxi, nos cobra (me cobra) 6000 BolÃvares y a cambio me da un recibo sin rellenar. Porque eso también le gusta mucho a los Venezolanos.

He trabajado. Me he conectado a internet. He trabajado. He estado en la obra revisando cotas, verificando que han situado mal el macizo de hormigón del cilindro de elevación y que habrá que mecanizar los agujeros del bastidor. Me he tomado un café frÃo (3). Me he ido a comer con el adúltero y el ingeniero Gatti, un cincuentón de origen italiano al que es imposible callar y cuyo padre luchó en el bando alemán en la segunda guerra mundial, era amante del mar, odiaba a los americanos y le arrastraba a recoger coral cuando era un niño.
Mientras bebemos una cerveza a la vuelta, me confiesa, nuevamente, que ésta es la segunda mujer con la que ha estado que no sea su mujer, con la que se ennovió a los 18. Me dice que la amante es muy dulce, que cuando estaban en la cama le rascaba la espalda hasta que se dormÃa y que su mujer nunca ha hecho eso. Espero que hiciera algo más que rascarle la espalda. Supongo que sà porque no se arrepiente de nada. 

Pues nada, la tÃa por supuesto a flipado cuando le he hablado en Euskera. Ella era de Tolosa y el Marido de Durango. FÃjate tú. Viven en Miami y están aquà para una boda. Pues nada, cada vez que intentaba hablar sentÃa como salÃan chispas de óxido de mi cerebro. Joder, que tenÃa el Euskera almacenado detrás de la tabla periódica, los conocimientos de micologÃa y el macramé artÃstico!
Por lo demás, ésto es un descojono. El trabajo va bien y la vida en general es muy interesante. El señor supervisor de montaje que está aquà conmigo, casado, con 2 hijas, y cuya mujer va a venir a estar con el todo el mes de Julio y Agosto (eso es amor), se ha liado con una de las camareras del Tamunangue, el chiringo peligroso y de mala muerte que estaba junto a nuestro hotel (ahora nos hemos mudado al Hilton…va en serio). Son dos. Una es pequeñita y con cara de mala leche. La otra es espigada y bella como una botella de Solera Verde. Todo sonrisas. Ambas te sirven una cerveza en cuanto ven que te queda menos de la mitad de la que estás bebiendo. Es decir, si no les ruegas, les exiges, que paren puedes llegar a acabar una caja como quien lava.


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