En el cajón del escritorio de la habitación hay una pegatina con una flecha señalando a la meca.
Nos levantamos un poco más tarde, ya que al fin y al cabo ya es Sábado, pero vamos hasta la fábrica a echar un vistazo. De todos modos, nadie parece estar en las oficinas, donde hemos dejado todo nuestro material (en el caso de Montador 1, solo el casco y el ordenador, ya que su empresa envió toda la documentación y la utillerÃa para obra por barco en una caja que, parece ser, está retenida en la frontera en el puerto de Penang. Dado que nadie trabaja aquà hasta el Viernes, no podrá gestionarse la cuestión hasta dentro de una semana. Bendita burocracia, o funcionariado, o mundo oriental, nunca se sabe), asà que nos metemos en la sala de reuniones en la que ayer estuvimos discutiendo el organigrama y en la que, al cabo de una hora y media de chaparrón vespertino, decidimos sentarnos para echar una siesta. Me entran ganas de echar otra cabezadita, pero hay que cuidar la imagen, asà que charlamos y me pongo a leer.
Montador 1 me cuenta que conoce Indonesia, paÃs en el que estuvo con otro compañero de su empresa en la misma zona donde ese mismo compañero pasó dos años de su vida trabajando (con regresos a casa intercalados), en el mismo hotel donde ese mismo compañero trabajaba. Resulta un poco extraño, ya que la zona no es turÃstica, pero se explica cuando menciona que ese compañero estaba saliendo en esos momentos con una mujer del paÃs. Eso sà que son relaciones a distancia. Me pregunto qué le circula a uno por la cabeza durante esas épocas, ya que sabes que el futuro con una novia como ésa pasa por que ella emigre con uno a España, con todo lo que implica. Está claro, la vida es asÃ, y más gente de compañÃas como la que emplea a Montador1 o la mÃa propia cuentan con gente que acaba casándose con chinas, venezolanas o mejicanas, pero con todo…
Durante ese viaje, llevaron consigo unas cuentas botellas de Rioja, ya que tanto Montador uno como AmigodeMontador1 no son muy aficionados a las especiadÃsimas viandas locales (especialmente, según menciona, después de algún episodio estomacal desagradable generado por un pincho satay y un batido de fruta). Marqués de Cáceres tinto y blanco y Cune. Aquellas botellas debieron ser tiradas a la basura, ya que el vino se pierde si viaja en avión, dicen. Montador1 dicen que le dijeron a AmigodeMontador1 que era necesario inyectar anhÃdrido carbónico al vino para que no perdiera sus propiedades. De todas formas, una cabina de avión, incluyendo las bodegas, va presurizada en unas condiciones similares a las de una altura de 2500 m, con lo que, ¿no se debe llevar vino de calidad en la bota para el almuerzo si se hace montañismo en los Alpes? Una cuestión fundamental en la vida.
Finalmente podemos ponernos nuestros cascos y verificar que hoy nadie trabaja y que el ritmo de los que sà lo hacen es soporÃfero. Nos vamos al hotel a comer de su surtidÃsimo buffet. La diferencia de precio entre el buffet del hotel (30 RM) y un plato en los restaurantes (que en malayo se dice restoran) de los alrededores (6-8 RM) es enorme. De ahà que Mr. Sim chasquee la lengua cuando le enseño las facturas de comida. “Hotel very expensive”, dice. Pero es que 30 RM son el equivalente a 7 euros.
Efectivamente, Montador 1 no quiere conducir hasta Georgetown por la tarde y ve que se cuece en el Deepavali, pero lo comprendo. Asà que aprovecho para probar el gimnasio, pequeñito (lo siento por la profesora del taller, pero es realmente pequeño) y completo. Al firmar en la entrada veo que no ha pisado las instalaciones ni una sola persona desde hace tres dÃas. Enchufo la bici estática y pedaleo 30 minutos a ritmo de Betty Blowtorch. Después enchufo la cinta y corro durante un rato, mirando el canal 7 de la televisión donde parece que el programa del dÃa es una especie de Operación triunfo malayo.
Ya por la noche, bebemos y jugamos al billar. Montador1 está nervioso pensando en el gran premio de Brasil donde Fernando alonso puede proclamarse capeón Mundial. En su parte de obra, imputa 8 horas extras para el dÃa de hoy.
Tras un buen atasco, conseguimos llegar al hotel y subir al sexto piso donde se encuentra el aparcamiento de nuestro hotel. Al cerrar el coche con el mando a distancia Montador1 se equivoca de botón y salta la alarma, y no somos capaces de apagarla durante al menos dos minutos. Maldito Proton. Cuando acaba, nos partimos de risa.

Mientras paseamos recibimos un mensaje de Susana, citándonos para ir a comer junto al ascensor del mall. Goiko se hace con un iPOD de 60 Gigas perdido en la tienda a riesgo de ser azotado hasta la muerte (lo menos). Yo huyo por la mala conciencia e Imanol aguanta como un titán sin confesar, pese a que llega a tener erupciones por el mal rato. Se pasan media hora de reloj dentro de la tienda, con el objeto del crimen en la mariconera de Goiko, mirando diferentes iPOD-nano, sus fundas, sus accesorios, sus condones y si existe un altar apple en el que quemar incienso para el dichoso aparatejo. Yo observo desde fuera escuchando, para variar, el Panopticon de Isis. Agito mi cabeza y enseño mis calzoncillos a turistas con los cuellos cocidos y orientales mega-fashion. Después veremos que el iPOD tiene un capÃtulo de la segunda temporada de perdidos dentro. El quinto. Le regalo mi funda negra, sÃmbolo del crimen y la corrupción personal, a Goiko para su nuevo y fraudulento iPOD, y yo me compro una estilizada funda rosa, sÃmbolo del mariconeo y el pijerÃo puro. Bajamos y nos encontramos con Susana, acompañada de su marido, Jaizki y un amigo, Raúl. No confundir con el jugador de fútbol. 6 personas que no se conocen de nada, pero yo ya me he acostumbrado a estas situaciones gracias al maravilloso mundo de internet. Sugieren ir a comer a Little India, a unos minutos de donde nos encontramos, aunque en el restaurante no tienen cerveza.
Salimos de allÃ. A Mr. Lau le ha salido por un ojo de la cara, porque me dice que la próxima vez haga un poco más de check-in, que sale a 2 RM por minuto, a lo que hay que añadir las copas. Por allà cerca pulula algún que otro transexual. Me digo que no ha sido muy divertido, pero que si me volvieran a ofrecer meterme en el mismo embolado, repetirÃa.
Termina de cantar y cierran. Rona nos da las gracias y la mano, y alguno de mis compañeros hace algún comentario pero yo solo me fijo en sus piernas.
Ya en el Boeing 777 que nos transportará por una ruta sobre los más granado de Oriente medio que durará más de 12 horas (del ala), veo horrorizado que estoy sentado entre un anglosajón con papada, cara de ser amigo de Juan Manuel de Prada, medio albino y asexuado, que se pasará ABSOLUTAMENTE todo el vuelo apoyado contra la ventanilla en la misma posición, y un francés con su bebé. De todos modos estoy de suerte porque es un crio de lo más tranquilo, y el padre se levanta constantemente con lo que no me siento emparedado. La madre, que viaja junto a él al otro lado del pasillo, es realmente hermosa. Al menos 4 cazadas a lo largo del vuelo mirándola embelesado (pero con disimulo). Tras la cena (pollo estilo chino, que le den por saco a la gripe aviar) y unas turbulencias de regalo, me levanto para intentarme hacer el encontradizo 15 filas más adelante, pero ya han apagado las luces, todo el mundo está dormido y no hay manera de encontrarla. 

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