Diaro de Barquisimeto (5)

19 07 2005

Fin de semana 2 o parecido Conduciendo por Dinira

Autopistas de última generación
A los Venezolanos les gustan los zumos (jugos). En la cantina de la fábrica te dan 2 vasos de zumo (jugo) si renuncias a la sopa. La sopa, por otra parte nunca es sopa, puedes llamarlo consomé, cocido o puré, pero nunca sopa. Y además el sábado hemos vuelto a comer con el ingeniero Gatti y nos contó que su abuelo fue ingeniero en Austria en 1912, cuando ser ingeniero de una ciudad era tan importante como ser el alcalde, el cura o el médico.

Me he pasado todo el sábado estornudando y tosiendo y al final he decido irme al hotel a echarme una siesta y dejar que el adúltero recibiese a su querida esposa en el aeropuerto, atención, internacional, de Barquisimeto. A la misma hora en que ella estaba aterrizando yo he salido de mi habitación camino del gimnasio, bien pertrechado, con el discman en una mano y la tarjeta de la habitación en la otra, dispuesto a sudar un mínimo de 23 cervezas, medio paquete de tabaco, un posible catarro, el Algidol automedicado para combatirlo, una posible alergia, el antihistamínico automedicado para combatirlo, y un ligero dolor de cabeza. Con esto último va ibuprofeno, y eso tb tenía que sudarlo. Pero no. Estamos en el Caribe. El Gimnasio estaba cerrado, y si intentas indagar y conocer la razón, ni lo intentes, nadie lo sabrá. Habrán tenido algún problema técnico.

A las 8 suena el móvil que me despierta de una sesión semi-letárgica de 2 capítulos de LOST de los 13 que me he traído, en inglés y subtitulados en francés. Creo que cuando vuelva a España debo revisarlos para tratar de entender algo más. Es el adúltero que quiere saber si vamos a ir ya a cenar. Bien.

Bienvenidos al culo del mundoElla es una dicharachera rubia de bote, alocada, pizpireta, un poco soplapollas, pero parece maja. Alocada. Desde luego parece más interesante que él. Y él. Él no hace más que dedicarle miradas de desaprobación cada vez que dice cualquier cosa. Condescendencia. Mala leche. La trata como si fuera gilipollas, y eso es algo que no debes hacer nunca con tu pareja, aunque sea gilipollas. Lo dice en el manual de las parejas.

Alrededor de la piscina han montado el escenario de una boda, muy al estilo americano con velitas, adornos florales, damas de honor con vestidos rosas con mucho vuelo y una orquesta, con lo que nos sentamos en la terraza del bar para ver un rao el espectáculo desde allí. Desde la distancia. Nadie se cae a la piscina porque todavía son las 9 y media. Esta mujer es un culoinquieto y a él es un pusilánime. Ella es soldadora y se conocieron cuando tenían 17 años y se iban a retozar por los prados, cerca de Avilés. Al tercer Cacique (añejo) con Cola empiezo a distanciarme sigilosamente de su conversación y observo como 2 niñas con diadema y vestidos rosas, con mucho vuelo, por si no lo he comentado, corren por los jardines de la piscina. Y las veo correr a cámara lenta. Entonces me pregunto si he visto demasiadas películas como 4 bodas y un funeral. Y es mejor irse a la cama.

El alcohol hace su efecto hasta las 2 y media de la mañana, hora en la que la orquesta, que actúa a escasas 2 cabañas de la que yo habito, está atacando una canción de Juanes. Seguidamente es el turno de You can leave your hat on. Eso suele ser indicativo del fin de fiesta, pero no, esto es el Caribe, y después de que algún cuarentón alcoholizado con bigote y sobrepeso a juego haya mostrado sus carnes al ritmo de Joe Cocker, la fiesta continúa y yo debo echar mano de los tapones que el Departamento de Seguridad e Higiene de Sidetur Barquisimeto obliga a llevar en sus instalaciones. De 100 pasamos a 60, y como ya estamos dentro de la normativa de seguridad, me quedo frito.

Al día siguiente emprendemos viaje para visitar La cascada del vino. Ninguno sabemos lo que nos espera, ya que si hubiésemos sido conscientes de las 8 horas de coche por carreteras y pistas sin asfaltar que suponía, nos hubiésemos quedado tostando al sol en una hamaca. Bueno, yo no, ahora que lo pienso.

La mujer del adúltero me cuenta que por las mañanas desayuna 2 huevos duros, que cuece la víspera, leche, 200 gramos de jamón de York y 2 filetes de ternera, que fríe la propia mañana. Luego apenas come, ni cena. Solo observa como zampan y fuman porros sus compañeros del taller a la hora del almuerzo.

Composición poéticaCuando paramos en Tintorero, pueblito dedicado a la artesanía, me invade una vaga, conocida sensación. Allí hacen tallados en madera, de muchas clases, accesorios de cuero y hamacas (el taxista nos cuenta que el tiene una hamaca matrimonial en casa). Compro una Polar Ice en una de las tiendas y enciendo un cigarro. Venden cucharones y espátulas de diferentes maderas y tamaños. Me compro un juego por 5000 Bolívares. Venden muñequeras de cuero y cinturones. No me compro ninguno. Venden colgantes jipiosos y me pruebo unos cuantos que me hacen parecer mujer, o sea. Me compro el único que me hace parecer más macho. Más o menos. 8000 Bolívares.

Cuando llegamos cenamos en el Tiuna, toda la carne que un jefe indio puede ofrecer, con arepitas, crema, queso frito, yuca y gausacaca. Un señor que parece haberse exiliado de la vieja (digo, nueva) trova santiaguera nos lleva hasta el hotel en un Daewoo con una pegatina que pone Taxi, nos cobra (me cobra) 6000 Bolívares y a cambio me da un recibo sin rellenar. Porque eso también le gusta mucho a los Venezolanos.

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