Diaro de Barquisimeto (6)

21 07 2005

Día 2 o parecido Siguiendo los pasos de Julio Alberto. Un flashback

El enigmático obeliscoAquí, un litro de gasolina cuesta 90 Bolívares. Aproximadamente. Según el cambio oficial 2150 Bolívares son 1 dólar y según el cambio del mercado negro, paralelo, bananero, 2500. Pese a ser no oficial, éste tipo sigue unas pautas bien determinadas, basadas en la cotización de cierto valor (no me preguntéis cual, probablemente el kilo de cebada) en Wall Street. Así, el coche medio, excluyendo viejos aparatos americanos de los 60 remendados y recauchutados, que constituyen el medio de transporte medio, es un pick-up al que necesitas subir con estribos y consume en galones en lugar de en vulgares litros.

Hay límites de velocidad, pero no hay señales que los indiquen. Hay semáforos, pero no es conveniente pararse en ellos a partir de las 10 de la noche. Hay policía, pero son recaudadores de impuestos no oficiales. De algo hay que comer, y no va a ser de la paga del gobierno. También hay lluvia, porque es época de lluvias.

A las 12 de la noche volvemos de cenar en el Café 90, 2 coches a 120 por las calles anegadas de Barquisimeto, saltándonos una media de 2 semáforos al minuto, y con un conductor que lleva 9 Johnny Walter etiqueta negra, que yo haya visto. Ese tipo de cosas que te hacen sentir vivo pero nunca deberías contar a tu madre. Buscando una tasca donde tomar la última. Por fortuna, mis anfitriones no encuentran ninguna abierta a esas horas que no pueda calificarse como de mala muerte. Yo quiero irme a dormir y dejarme de hacer cruces cada vez que hacemos aquaplaning en un lago en medio de la calle. Mis anfitriones son el capitán Acab, Don Pinpón y Celedón.

El capitán Acab es el gerente de una laminación cercana a Sidetur, un verdaero crápula cuya familia, mujer e hijos viven en Caracas mientras el se aburre en medio del estado de Lara, combatiendo su hastío a base de Churrasco, Chequer con mucho hielo y mujeres de menos de 30. Locas.

El enigmático obeliscoDon Pinpón es representante. De la misma quinta y la misma esencia que el capitán, luce bigote en lugar de barba y se ríe de manera estruendos, mientras babea en cuanto divisa un buen culo, cosa extremadamente frecuente por estas tierras, lo que lo convierte en un ejemplar sobredimensionado de caracol viejo verde. No tiene hastío que combatir, pero también le gusta la carne.

Celedón es del Goierri. Intenta seguir el ritmo pero no puede y se queda dormido en cada esquina. De la mismo talla que sus compañeros. Y cuando digo talla quiero decir tonelaje.

Y yo me pregunto qué pinto aquí.

Por la mañana he trabajado. Lo de siempre. Astrid me cuenta que se dice, se rumorea, aunque ella lo da por seguro, que a Chávez le han pegado un tiro. Estos días se especulaba sobre la posibilidad de que hubiese sido asesinado, ya que no había aparecido en sus discursos habituales. Ese mismo día hizo acto de presencia, pero sin pasearse ni pavonearse. Entonces, cuenta la leyenda, esto se debe a, y vamos por partes:

-Que Chávez tiene 9 cinturones de guardaespaldas (o serán 7)
-Que el último, el más cercano, le fue cedido por Fidel Castro y está formado por una guardia Cubana
-Que Chávez tenía un affaire (llamémoslo así, por no decir algo sobre coger a secas) con una de las integrantes de dicho último cinturón
-Que el novio de la mencionada señorita pertenecía, a su vez, a la mencionada última guardia personal del presidente
-Que se enteró
-Que en un arrebato de furia disparó al presidente, al que le salvó llevar chaleco antibalas, pero fue herido en una pierna, antes de que se atacante fuera abatido

Es un rumor absurdo, caribeño, bananero. Sea o no cierto, describe este país.

El capitán, Don Pinpón y Celedón me han recogido en la Hostería Obelisco. Mi compañero, el supervisor de montaje, no ha podido venir debido a un sospechoso, repentino y violento dolor de cabeza, que supongo que se le pasará tras unas cervezas en el Tamunangue.

El enigmático obeliscoDurante la parte previa a la cena, que consiste en una ingesta continuada de cervezas (por mi parte) y de whiskeys (por parte de los cetáceos anfitriones), me cuentan que la policía les ha dado el alto esta mañana por ir hablando por el móvil (celular) mientras conducían (manejaban) y que, ante la amenaza de llevarlos detenidos a comisaría por violar el artículo X del código X de la República Bolivariana de Venezuela, han acabado soltando 300000 Bolívares (bolos), que han ido a parar a la libreta del policía. Y no le han pedido factura. De algo hay que comer.

Una historia interesante, cuando no te la repiten 5 veces a lo largo de toda la noche. Pero soy agradecido, por un poco (digamos un mucho) de buen solomo a la brasa aguanto hasta un discurso de Fidel.

Ya cuando me han dejado en la hostería, he ido caminando hacia mi habitación, mirando la extraña luz que alumbra el Obelisco, el esperpéntico monumento que simboliza esta ciudad. La ciudad de los crepúsculos

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