Enfermedades imaginarias. Capítulo 6 y fin

10 10 2005

una nube extraterrestre

Aquella mañana, esa mañana, el sol brillaba como el 90 % de los días en la ciudad. El neurólogo, el mismo que le atendió la ocasión anterior, observa la resonancia magnética y los resultados del especialista. Hoy se le nota un tanto hastiado, cuando lo habitual es que sea especialmente enérgico. Un mal día lo tiene cualquiera, piensa Ander, aunque es una ligera brisa dentro de la tempestad de ideas caóticas que pasan en ese momento por su cabeza. Todo en el ambulatorio es blanco plano, o azul plano, ideal para ver perfectamente las moscas que pasan por delante de sus ojos. Hormigas en su retina.

El médico mira entonces el informe y la resonancia, la resonancia y el informe. Seriamente, le dice:

– Estás como un toro
– O sea, que es todo puta ansiedad.
– Creo que es bastante evidente. Lo importante es que tú te lo creas.
– Es que me resulta bastante difícil de creer
– Pues créeme, si tuvieras esclerosis, se notaría, por mucho que hayas leído, no hagas ni caso de Internet.

Isaías era pastor porque su padre era pastor, y no sabía hacer absolutamente nada más. Tenía que ayudar para alimentar a su madre y a su familia, pero se aburría. Se aburría y se enfurecía porque era consciente de la existencia de un mundo diferente a los pastos de las ovejas, los collados y los canchales, los tejados de pizarra y los muros de piedras lisas, las nubes de tormenta que le ahogaban, los excrementos secos de caballo y los tábanos. Quería salir de allí, lo necesitaba. Lo necesitaba. Un buen día, llevando el rebaño a través del paso de Latorre durante un día muy lluvioso, el padre de Isaías se despeño junto con 20 ovejas. Al cabo de unos minutos salió el sol y el abuelo de Ander pudo cruzar al otro lado, dejando un grupo de ovejas desorientadas y un par de perros muertos a pedradas.

Bajó por la falda del monte, dirigiéndose hacia el valle. Leonor miraba por la ventana y vio un punto que se acercaba a la casa. Supo que a partir de entonces no habría más danza de rebaños y se fue. Con aquel punto.

Ander comenzó a encontrarse mucho mejor y a buscar un nuevo trabajo con intensidad. Ella llevaba muchos días llegando tarde de trabajar, agotada, y eso le dejaba todo el tiempo del mundo. En cuanto logró un puesto en una oficina con contrato de fin de obra se compró la Playstation 2 y jugó con ella a escondidas, hasta que ella llegaba, derrotada, a las 11 de la noche, directamente a la cama. Ander, a veces, se levantaba y ganaba el gran premio de Mónaco, sin volumen.

Al cabo de 2 semanas, durante una cena de microondas y platos de plástico, ella le propone pasar un fin de semana en la montaña, cerca de la casita donde vivía su abuela (su abuelita). A Ander le cuesta desengancharse de su videoconsola, pero, tras hacerse de rogar, accede, porque, entre otras cosas, la nota un poco rara, y piensa que el aire fresco le sentará bien.

Ya no se acuerda de cuántas veces en su vida a podido oir la frase “el aire fresco te sentará bien”.

Pasean y duermen, comen y pasean. Cuando Ander intenta acercarse, ella se queda dormida. Ha estado tan embotado con su nuevo trabajo y sus juegos de asesinos en serie que no se ha dado cuenta, hasta ahora, de que llevan 2 meses sin hacer el amor. Muchos más sin follar en un lavabo. Entonces, esa noche no puede dormir, y mientras la siente respirar, suave y acompasada, bajo la manta a su lado, escucha agitarse la maleza en el exterior de la casita rural donde los han instalado. Agitación y después silencio. Algo.

Ovejas
Lobos
Osos
Pastores
El fantasma del abuelo
El fantasma del bisabuelo
La muerte
El cancer de páncreas
Jack Nicholson con un Hacha
Un niño ahogado con agua rezumando por su boca abierta
Él

Agarrotado, se pega a ella y se despereza. En duermevela, se acurruca a su lado y le dice.

Ander

De la manera más bella que esas 5 letras pueden salir de la boca de una mujer. Se abraza a ella y ya no hay nadie fuera.

Al día siguiente, ya por la tarde, regresan a su apartamento. Ander sonríe pero ella sólo mira por la ventanilla, los rebaños de ovejas. Abre la puerta de casa y nada más entrar Ander siente que su estómago se desliza hacia algún lado, porque:

– Ander, tenemos que hablar

La casa de la praderaSon las palabras que ella pronuncia y ya saben a donde conducen. No tarda ni un día en hacer las maletas. Lo conoció en la fiesta de despedida del contable de la empresa y se enamoró al instante. Se llama Ander. También. Y tiene esclerosis múltiple.

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3 responses

11 10 2005
Blackstar

Pobre Ander por dios! Sufriendo hasta el final!!
Precioso final aunque rezume crueldad, de verdad. Esta parte me ha gustado mucho. Me gustan mucho esas enumeraciones metidas en mitad de ninguna parte que están sin embargo donde tienen que estar.

11 10 2005
Troutman

Gracias. A mi me encanta todas esas cuestiones de la mente y el lenguaje (da las cuales, un tal Villuendas seguro podría instrurme) por las cuales llevo días utilizando la plabra rezumar (2 veces en el foro, una aquí y otra en el texto de ayer del taller) y escuchándola en boca de otros (you, otra persona del foro, la profesaora del taller).

Qué envidia me das escribiendo a las 2 de la mañana, yo a la 1 estab derrotado.

12 10 2005
Nuala

A mí también me ha encantado la enumeración.
Se le veía mal final a Ander y a su pareja… ¡Qué cruel eres con tus personajes! Yo les cojo mucho cariño a los míos y me cuesta ser despiadada.

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