Lo que ocurre cuando comes chili con carne

16 02 2006

En la calle 26 siempre hay mucho tráfico, incluso a la hora de la comida. Incluso después del anochecer. En el número ocho de la calle 26, junto al parque donde todas las parejas juegan a buscarse y marcan sus nombres con objetos punzantes en los troncos de los abedules, se encuentran las oficinas de P & R. Los baños del tercer piso están en la zona interior del edificio, que da a un patio interior lleno de escombros y meados de gato en el que, a 6 metros bajo tierra, se esconde el cadáver del anterior guarda de la puerta Este, sin que, curiosamente, nadie lo sepa, a excepción de aquel que lo enterró.

Hoy es un día muy caluroso. Todo ese calor se acumula en los baños del tercer piso, ya que es la única habitación de todo el edificio que los técnicos de aire acondicionado se olvidaron de refrigerar. Nunca le ha importado a nadie, porque en esta ciudad nunca hace calor. Excepto hoy. De hecho, nadie se explica la razón de haber instalado el aire acondicionado, salvo quizás por la anecdótica relación suegro-yerno que une al gerente de la empresa que realizó los trabajos con el presidente de la comunidad de vecinos. Las paredes de azulejo amarillento rezuman humedad y en las puertas y paneles de madera que separan unos retretes de otro se puede pasar uno la mañana leyendo mensajes adolescentes y filosofía de baño.

Un hombre de mediana edad lee en la puerta frente a la taza de water en la que está sentado, mientras se mesa la barba.

Enriqueta te amo, tu gorila
Enriqueta, han dictado orden de alejamiento, mi amor

Demasiado chile en la carne picada del desayuno. Mañana tendrá almorranas. Ha dejado encima de la mesa de su despacho un buen número de especificaciones técnicas por revisar, que ahora intenta olvidar. Un buen número que tiene que terminar para mañana y que odiará revisar. Porque odia revisar cualquier cosa. Su mente se termina evadiendo al cabo de unas cuantas líneas y siempre tiene que volver atrás. Con las frases inscritas (algunas con objetos punzantes) en la puerta de su baño, que le recuerda de una manera desagradable al cubículo en el que trabajaba en esa misma oficina hace cinco años, le ocurre lo mismo. Al cabo de un buen número de líneas su mente deriva hacia Eva.

Con 20 años, él tocaba la batería en un grupo de rock católico llamado Yellow Days. Su música era una especie de pop-rock edulcorado con melodías facilonas y letras que trataban sobre la amistad, la moral, los buenos samaritanos o relaciones adolescentes. Hacían versiones de Crowded House y Fleetwood Mac traducidas al castellano, que a él le horrorizaban. Hacía 3 años, en una noche en vela provocada por la mala digestión de un cocido montañés que había tomado en la cena, mirando por la ventana, tuvo la revelación de que Dios no existía al igual que la vida eterna. Se desmayó. Sin embargo, decidió que aquello no impediría seguir acudiendo a misa todos los Domingos y colaborar con las actividades de la parroquia. Quizás para intentar exorcizar esa contradicción comenzó a practicar con la batería usada de su primo, para descubrir que los ritmos y las cadencias eran lo suyo. Comenzó la universidad sin saber muy bien por qué había escogido Administración y Dirección de empresas. Las clases le aburrían. Mucha de la gente allí le aburría, Solo apreciaba los tacos de carne picada con tabasco que preparaban en la cafetería. Por la tarde pasaba por el garaje de su primo, en cuyo trastero sudaba como un cerdo aporreando con sus baquetas, tocando encima de las canciones que sonaban en la minicadena de marca blanca (o azul) y en la que sólo funcionaba una de las dos pletinas. Tocaba encima de War Pigs y tocaba encima de Mr. Big. Tocaba encima de Layla y encima de Breaking the Law. Todas aquellas cintas que su primo almacenaba en un par de cajones de aquel trastero tan vacío y tan ordenado, blanco.

En clase de Pensamiento Social Cristiano conoció a Eva.

Tenía media melena y siempre llevaba su clasificadora en el pecho. Siempre iba sola y siempre sonreía, incluso cuando algún grupo soltaba alguna grosería su paso. En clase tomaba apuntes como una posesa con la lengua apoyada en la comisura izquierda de sus labios, y mientras él la observaba. Al principio era un simple reflejo de su mente, que perdía el hilo de la clase y siempre derivaba su campo visual hacia la ventana, que daba al patio interior del campus, junto a la que solía sentarse ella. Después se dio cuenta de que lo que le interesaba de aquella ventana era Eva y sus enormes ojos marrones, que sólo miraban a la pizarra y a los apuntes, secuencialmente. Él intentaba imaginar que habría debajo de aquellos vestidos largos con vuelo que ella solía llevar.

En la puerta de clase arrancó un número de teléfono de un anuncio que reclamaba un batería para grupo de rock. Le contestó un chico con voz aflautada y quedaron en un portal de un bloque de pisos de una barriada de las afueras, gris. El chico resultó ser un mamotreto de dos por dos llamado Dennis, que le explicó que él era el guitarra de una formación musical (así lo llamó él) que se había quedado sin batería debido a problemas espirituales del mismo. Le contó cuales eran sus influencias musicales, horripilantes y extra-musicales, católicas y no menos horripilantes. Parece ser que ya habían publicado un EP. Como no tenía nada mejor que hacer por las tardes y, pese a todo, se encontraba a gusto en aquel entorno beato, decidió hacer la prueba.

Le cogieron, aunque le recomendaban no golpear de una manera tan salvaje los parches. En el primer ensayo vio, extasiado, que Eva entraba por la puerta y le sonría. Un poco de conversación para besugos para llegar a la conclusión de que ella era la cantante del grupo. Se llamaban Yellow Days, pero nunca preguntó la razón ni quiso imaginársela.

No se sabe muy bien la razón, pero a través de las cañerías del inodoro contiguo a aquel que ahora él está usando (y que utiliza habitualmente porque es su inodoro de la suerte), se filtra el ruido del tráfico de la calle, a un volumen frenético. Invade el baño entero y rebota en cada pared. Él se mesa la barba y arranca astillas mugrientas del biombo a la derecha de su inodoro. Escucha los camiones, las bocinas de los coches, el viejo borracho que se lanza al paso de cebra, la moto sin tubo de escape. Hace calor hoy y es bastante agobiante, y amarillo.

Dennis resultó ser un perfecto imbécil y Eva un ángel. La música, una verdadera basura. El mensaje de las canciones, sin embargo, era sencillo y pese al regustillo católico, hablaba de nociones universales, simples, ordenadas, fáciles de digerir. Dennis se encargaba de todo y él simplemente acudía a los ensayos y miraba a Eva. Luego a los conciertos, pocos, y seguía mirando a Eva. Tanto la miraba, que no se dio cuenta de que un año después se encontraban tocando en la plaza de toros de una localidad de más de 20000 habitantes con un disco de oro debajo del brazo y su canción, Aprende a vivir, sonando día sí y día también en las radio-fórmulas. En una de las entrevistas posteriores, en las que él siempre se escudaba tras las anchas espaldas de Dennis, Eva anunció que en Mayo se iba a casar con el bajista, Edgar. Que no era partidaria del sexo pre-matrimonial, que los métodos anticonceptivos eran contrarios a la moral y que había que servir al prójimo, pero todo esto no lo llegó a oir. A Yellow Days no le fue difícil encontrar otro batería, y a la prensa le importó bastante poco.

Siguió con sus clases y con sus debacles de estómago después de las samosas especiales del restaurante Indio que estaba enfrente de la facultad. Durante los últimos años de la carrera estuvo tocando en un grupo de Hardcore, que no duró demasiado , y Yellow Days se separaron. Todos los miembros menos él habían dejado los estudios. Dennis fue sorprendido días más tarde de la escisión del grupo en compañía de 2 prostitutas hasta las orejas de coca, recibiendo a los paparazzi a golpes de Biblia (la que siempre llevaba en el coche) y puñetazos.

Una vez terminó los estudios comenzó a trabajar en P & R. Vivía en un apartamento de una habitación con cocina y baño en la que no entraba su batería.

Ahora tiene la espalda completamente empapada, con la camisa blanca pegada, las mangas remangadas y la corbata asfixiándole por momentos. Han pasado 15 años ya. Un día , paseando por la calle 24, creyó ver a Eva. Al menos reconocer sus ojos, marrones. Los vio pasar fugazmente sobre el cuerpo de una mujer con sobrepeso enfundad en una parka descomunal a cuadros rojos y negros y bufanda amarilla. Se quedó mirando un buen rao mientras se alejaba, y esa noche se dio cuenta de que en todo el tiempo que pasaron juntos, apenas se dirigieron la palabra, que no la conocía. Pensó, que probablemente era una beata y una sosa, que no merecía la pena en absoluto. Pero como nunca lo sabría ni lo podría saber, simplemente echaba de menos a la Eva que vivía en su cabeza, aquella con la que si charlaba. Se imaginaba un reencuentro, con alguien que no era la bola que se acababa de cruzar, y decía

– Cuánto tiempo, tú, ¿qué es de tu vida?
– Aquí andamos, trabajando un poquito y viendo pasar la vida. Tú que tal estás
– Muy bien. Pasé malos momentos, no se si sabes que me divorcié. Descubrí que Edgar me engañaba. Un cristiano como él, un verdadero hipócrita.
– No recordaba que fueras tan sincera
– He cambiado

Y tomaban un café y así sucesivamente.

En el baño todo empieza a darle vueltas mientras está intentando hacer un último esfuerzo, titánico, para finalizar su tarea. Y está bastante rojo y sigue con la mano apoyada en la barba y los ojos ahora entrecerrados. Todo se desplaza ante sus ojos y las líneas de las baldosas se entrecruzan y las gotas de condensación sobre ellas juegan a columpiarse y al corre que te pillo al mismo tiempo que el estruendo de los motores de los autobuses urbanos atraviesan sus tímpanos. En un instante, con algún semáforo encendido, un fragmento de conversación llega a través de la tubería de desagüe

…me cargué a aquel conserje hijo de puta con un barra de acero y lo enterré en…

Apretando los puños, rojo, él decide que finalmente lo mejor que hizo en su vida fue tocar en aquel grupo hardcore, lo único divertido. Así que, que demonios hace allí, cagando en los baños de una empresa gris de un bloque gris de un sector gris de una ciudad aún más gris.

Es decir, ¿Cómo cojones he llegado aquí?

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9 responses

17 02 2006
Nuala

No te lo tomes a mal pero parece el comienzo de una novela austeriana. Me lo imagino limpiándose el culo, saliendo de allí para no volver más y tomando decisiones extrañas y desesperadas en las que ese cadáver acabará inequívocamente involucrado.

Me ha gustado mucho.

17 02 2006
Blackstar

A mi me da la impresión de que lo hayas escrito de manera más improvisada que otros. O a lo mejor es que has querido dar esa impresión.

Como siempre, historia bizarra bizarra, sello inconfundible de la casa, como la mala leche. Y eso que para mi gusto, te has contenido mucho. Pero también es un ejercicio estupendo de focalización en otro sentido.

21 02 2006
Claraboya

A ver si esta vez puedo colársela al Sr.Torquemada.

No me ha quedado claro que hacía aquel tipo en el baño ¿comía chili con carne o algo así? Yo es que no necesito usarlo más que para rizarme el pelo, pintarme el ojo y echar polv..digo…echarme polvos en la naríz, es decir empolvarme la naríz, o lo que es lo mismo, esnifar …¿se nota que me drogo verdad?

Desperdicio de la vida, desperdicio de las oportunidades y desperdicios corporales en una “Oda” a la escatología y a la inercia cobarde…La idea es buena, pero este tipo de textos tan fisiológicos siempre me resultan un poco crudos.

Aunque sea secundario, me quedo con lo del inodoro de la suerte (es tan fácil caer en esas manías tontas…). Con eso, y con lo de la filosofía de baño, que también tiene su punto.

21 02 2006
Troutman

Ando últimamente muy fisiológico y muy físico, ayer mismo ya viste que anduve echando cañitas y cercenando piernas en serrerías. Lo justo para granjear y cimentar mi fama de comiquero chabacano mientras el resto se dedicaba a firmar odas sobre el mar…que era de lo que se trataba. Tengo que refinarme un poco.

Lo que si es cierto es que no estoy muy contento del resultado, ya que lo acabé a toda prisa porque necesitaba escribir y colgar un relato urgentemente.

Blqackstar, qué quieres decir con lo de focalización en otro sentido?

21 02 2006
Troutman

Y no veo la caricatura de Mahoma que me prometiste.

21 02 2006
Blackstar

Pues quiero decir, que a la vez que tiene destellos que son inconfundiblemente tuyos (por ejemplo: Hacía 3 años, en una noche en vela provocada por la mala digestión de un cocido montañés que había tomado en la cena, mirando por la ventana, tuvo la revelación de que Dios no existía al igual que la vida eterna.), es a la vez lo más raro y diferente que has escrito. Y eso, sin duda también está muy bien porque un autor ha de saber diversificarse e intentar escribir con un tono distinto. Y eso aquí lo has conseguido.

Simplemente quería decir eso.

24 02 2006
Nuala

¡Por fin he conseguido entrar!
Joer con los de bitácoras… ¿Les quemamos el chiringuito?

27 02 2006
Troutman

Solamente puedo decir. Aleluya hermanos!

Ésto se merece una actualización…y cambiar el blog de alojamiento. Nos ha jodido.

27 02 2006
Nuala

Pues vaya coñazo…

Hoy lo he conseguido desde la facultad pero ni desde mi casa ni desde el curro puedo acceder aquí. envíales un mail a los de bitácoras, a ver si pueden hacer algo para ayudarte. Esto ya no es normal.

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