Huellas

3 04 2006

“Querida Lola:
Desde que nos vimos en la fiesta hace ya varios días no he dejado de pensar en escribirte. Lo hago ahora porque hay ciertas cosas que quiero contarte y no me pareció oportuna aquella fiesta con toda esa gente escuchando y metiendo la nariz en asuntos ajenos”
La mejor amiga de la infancia de mi esposa Lola se llamaba Susana. En el colegio eran inseparables, además de parecerse de una manera asombrosa. Hasta terminar el colegio hicieron todo juntas. Si una suspendía un examen la otra también, si una se compraba un bloc de dibujo verde también. Ya adolescentes, si una tenía un novio con el pelo largo y grasiento, la otra buscaba la manera de localizar un espécimen igual. Al terminar la educación secundaria, los padres de Susana debieron trasladarse a un clima más cálido debido a los problemas respiratorios del padre de ella. Lola suele decir que nunca sintió tanto dolor en su vida como en aquellos momentos. Yo, cuando me lo cuenta, me siento celoso y un poco menospreciado, aunque después miro sus ojos negros, las pequeñas arrugas a su alrededor, la manera en que encoge el codo y lo pega al cuerpo cuando nos besamos, y vuelvo a ser feliz. Después de los años perdieron todo contacto.
Recuerdo la fiesta en la que sus vidas volvieron a cruzarse, ésa tan llena de gente indiscreta que contaba en su carta. En una casa enorme de un amigo común. No esperaban encontrarse ni por asomo. Me acuerdo de que la mano de mi mujer comenzó a temblar agarrada a la mía y que yo sufrí una enorme conmoción al ver frente a mí aquella réplica, con los mismos cabellos negros y la misma nariz redondeada. Un espejo. Se quedaron frente a frente, casi sin articular palabra. En un momento dado, Susana se excusó para ir al baño y desapareció sin previo aviso.
Pocos días después llegó la famosa carta que releo de vez en cuando. Con una caligrafía fina y seca Susana se disculpaba por haberse despedido a la francesa, y lo achacaba al impacto que supuso encontrarse con Lola de aquella manera. Le contaba a mi esposa que desde que emigrara con su familia apenas había viajado. Estudió psicología. Se enamoró de uno de sus compañeros, se desenamoró. Se quedó prendada de su psiquiatra, un hombre treinta y cinco años mayor que ella. Tuvo amantes. Un trabajo improductivo. No pudo tener hijos. Y pasado todo ese tiempo, escribía, se había dado cuenta de que nunca le había llenado ninguna de sus relaciones. Que, en verdad, nunca había disfrutado.
El último párrafo incluía la declaración de amor de Susana por mi mujer. Enamorada de una mujer que era su doble. Decía que no lo había sabido hasta el encontronazo de la fiesta.
Encontré la carta en el fondo del armario de nuestra habitación de matrimonio poco después de que Lola se fuera, de que desapareciera con lo puesto. Nunca fue muy hábil escondiendo sus cosas. Eso me encantaba de ella.
Creo que pasé, aunque no lo recuerdo muy bien, 3tres días deambulando por la casa, chocando con las esquinas, abriendo y cerrando cajones y rompiendo algo bonito de vez en cuando. Buscando más cartas, las que contaran que todo era mentira. Que Lola sólo me quería a mí, que yo era su vida. Que me necesitaba. No las encontré porque tampoco habían existido.
Al cuarto día llamó la policía para decirme que mi esposa había sufrido un accidente de automóvil descapotable en una isla no muy lejana de mi (nuestra) casa. Creían que era ella, ya que viajaban 2 mujeres en aquel coche y una de ellas había salido despedida hacía el acantilado y no habían sido capaces de rescatar su cuerpo. Únicamente encontraron la documentación de Lola, por lo que saben que es Lola.
Yo estoy aquí delante de la cama donde está intubada con la carta arrugada en mi puño, mirando su cabello negro desparramándose por la almohada y su nariz con forma de cacahuete. Acaba de abrir los ojos. Por su mirada diría que es Susana, pero ya no me importa, sólo espero que haya perdido la memoria, o al menos que lo finja. Y que me diga que me quiere.

Incluso aunque no doble el codo cuando me bese.

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8 responses

3 04 2006
Blackstar

Me gusta el final abierto en que no se sabe muy bien si es Lola o Susana, y que al final, sea lo que menos importe. Y por supuesto, perfecta la última frase.

3 04 2006
Nuala

Joder con los accidentes de tráfico, me estáis contagiando de dramatismo. Menos mal que no conduzco, porque incluso cuando voy de copiloto siempre veo coches panza arriba y yo estoy en alguno de ellos…

Al final resulta que tampoco es Susana. Ni Lola. Es una tercera clon llamada Diana que aún no conocíamos y que viajaba con ellas y que se enamora de él perdidamente. ¡Vivan los finales felices!

…Hasta que una extraña especie de insecto tropical le pica y fallece también ella, dejándolo sumido en la desesperación y se suicida…

4 04 2006
Claraboya

Me gusta lo de que el marido se dedique a romper cosas bonitas, de vez en cuando, y a deambular tropezando por las esquinas (me lo puedo imaginar perfectamente). Algun día tengo que atreverme a probar (me refiero a romper algo en un momento de cabreo o desesperación en el que me quiera morir, no a lo de chocar con las esquinas. A eso ya estoy acostumbrada. Lo hago con independencia de mi estado anímico)

Ya sé que has optado por lo racional y has decidido hacer caso a la Profa (Suele dar muy buenos consejos aunque ¿te he dicho alguna vez que creo que en de la mezcla de estilos es demasiado implacable?) pero ¿No te da un poco de pena haber eliminado lo de la identidad de las huellas dactilares? Creo que es de esas cosas que hacen recordar un relato. Es como en “Cien años de soledad” (libro favorito de todos los famosos, excepto de Sofía Mazagatos que lee a Nietzsche, el cual es muy divertido por otra parte), hay una niña que se pasa años comiendo solo tierra. Al cabo de los años ya casi no me acuerdo de nada del libro solo el vago recuerdo de que me gusto bastante y la imagen de la niña ¿Rebeca se llamaba? comiendo tierra que no se me borra. Eso y unas plantas que creo que se llamaban chuparrosas “invadiendo” un coche o lo que queda de él. La naturaleza que vence a la técnica, también muy gráfico.

4 04 2006
Nuala

¿Qué es eso de las huellas digitales eliminado?

Más que nada porque me preguntaba el por qué del título…

4 04 2006
Troutman

El primer borrador del texto era diferente. En él, una queda en coma y la otra muere tras el accidente, pero no pueden saber cual es cual debido a que la poli se encuentra con el único caso hasta ese momento de 2 personas con huellas dactilares iguales. La única documentación que queda es la de Lola, eso sí. Y el final era más lacónico, terminaba en “pero ya no me importa”.

Yo tengo uin problema muy grave de egocentrismo, porque me gustaban las 2 versiones. Ahora llega, próximamente en sus pantallas, la 3ª revisión, en la que se reorganiza la estructura del texto y desaparece el gesto con el codo. Ándate.

De manera parelela voy a reescribir el cuento (ampliado) a mi manera. En el corto voy a seguir de pe a pa las instrucciones de la profesora, y en el otro lo que me salga del nacle. Experimentos.

Si alguien tiene después los arrestos para leerlo, ole sus huevos.

4 04 2006
Claraboya

El primer final era más laconico, pero además destilaba cinismo y desdén. Si los que andais por aquí probais a releer el texto suprimiendo lo que viene después de “pero ya no me importa” vereis lo curioso que resulta como cambia la personalidad del marido.

Con respecto a la versión que te salga del Nacle, mientras no tenga que ver como te sale de él (sea lo que sea me da miedo preguntar y la RAE no puede ayudarme en esto, con croscitar sí, pero con esto no) creo que me gustará mucho leerla.

4 04 2006
Blackstar

Sí, me gusta más la versión más light, por una vez.

Yo hoy estoy hasta los huevos de la coctelera y el blog, que no hay manera ni de leer nada, ni de escribir. Puta tecnología.

4 04 2006
Nuala

Bueno, me imagino al marido pensando que ya todo da igual en esa antigua versión…

La versión más extensa también puede estar bien. Yo sí la leería. Se aprende con las correcciones, las propias y las ajenas. Por favor, corregidme más.

No, si al final habré escogido el sitio para blogs que da menos problemas… ¡Qué suerte la mía!

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