Recipientes

6 04 2006

“Querida Lola:
Desde que nos vimos en la fiesta hace ya varios días no he dejado de pensar en escribirte. Lo hago ahora porque hay ciertas cosas que quiero contarte y no me pareció oportuno en aquella fiesta con toda esa gente escuchando y metiendo la nariz en asuntos ajenos”
Encontré la carta en el fondo del armario de nuestra habitación de matrimonio poco después de que Lola se fuera, de que desapareciera con lo puesto. Nunca fue muy hábil escondiendo sus cosas. Eso me encantaba de ella.
Recuerdo la fiesta en la que sus vidas volvieron a cruzarse, ésa tan llena de gente indiscreta que contaba en su carta. La fiesta en que mi vida también se cruzó con la de Susana por primera vez. Aún no sé si la última. En una casa enorme de un amigo común. Me acuerdo de que la mano de mi mujer comenzó a temblar agarrada a la mía y que yo sufrí una enorme conmoción al ver frente a mí aquella réplica, con los mismos cabellos negros y la misma nariz redondeada. Un espejo. Se quedaron frente a frente, casi sin articular palabra. Al cabo de un momento me la presentó: “Cariño, ésta es Susana.”
La mejor amiga de la infancia de mi esposa Lola se llamaba Susana. En el colegio eran inseparables, además de parecerse de una manera asombrosa. Hasta terminar el instituto hicieron todo juntas. Si una suspendía un examen la otra también, si una se compraba un bloc de dibujo verde, la otra también. Ya adolescentes, si una tenía un novio con el pelo largo y grasiento, la otra buscaba la manera de localizar una pareja igual. Si una cogía la gripe, la otra también, aunque todo el mundo pensaba que una de las dos debía estar fingiendo. Al terminar la educación secundaria, los padres de Susana debieron trasladarse a un clima más cálido debido a los problemas respiratorios del padre de ella. Después de los años perdieron todo contacto. Lola suele decir que nunca sintió tanto dolor en su vida como en aquellos momentos. Yo, cuando me lo cuenta, me siento celoso y un poco menospreciado, aunque después miro sus ojos negros, las pequeñas arrugas a su alrededor, la manera en que acaricia mi oreja cuando nos besamos, y vuelvo a ser feliz.
Pocos días después llegó la famosa carta que releo de vez en cuando. Con una caligrafía fina y seca, Susana se disculpaba por haberse despedido a la francesa, y lo achacaba al impacto que supuso encontrarse con Lola de aquella manera. Le contaba a mi esposa que desde que emigrara con su familia apenas había viajado. Había estudiado psicología. Se enamoró de uno de sus compañeros, se desenamoró. Se quedó prendada de su psiquiatra, un hombre treinta y cinco años mayor que ella. Tuvo amantes. Un trabajo improductivo. No pudo tener hijos. Y pasado todo ese tiempo, escribía, se había dado cuenta de que nunca le había llenado ninguna de sus relaciones. Que, en verdad, nunca había disfrutado.
“Cuesta admitirlo. El día que nos volvimos a encontrar comprendí que estaba enamorada de ti. Tú has sido la única persona que he podido amar en mi vida. A mi doble. Te quiero, Lola, y no podría descansar si no te lo hubiese contado”
Creo que pasé, aunque no lo recuerdo muy bien, nueve días deambulando por la casa, justo después de que ella se marchara y localizara la carta de Susana. Chocando con las esquinas, abriendo y cerrando cajones y rompiendo algo bonito de vez en cuando. Buscaba más cartas, las que contaran que todo era mentira. Que Lola sólo me quería a mí, que yo era su vida. Que me necesitaba. No las encontré porque tampoco habían existido. Como un auténtico idiota, repasé fotografías, repasé momentos. Me di cuenta de que, en el fondo, en ellos, en la mirada de Lola, no había amor. Al décimo día comencé a comer algo, pan integral pasado de fecha y latas de conservas. Comencé a recuperar un mínimo ápice de mis funciones vitales. Me di cuenta de que el teléfono estaba sonando.
La policía llamaba para decirme que mi esposa había sufrido un accidente en un automóvil descapotable circulando por las enrevesadas carreteras de una isla no muy lejana de mi, nuestra, casa. Viajaban dos mujeres en aquel coche. Una de ellas había salido despedida hacía el acantilado y no habían sido capaces de rescatar su cuerpo. La otra estaba en coma desde hacía días. Solamente encontraron la documentación de Lola, por lo que sabían que era Lola.
Ahora estoy aquí, con la carta arrugada en mi puño, delante de la cama donde descansa intubada. Miro su cabello negro desparramándose por la almohada y su precisa tez blanca como la luz de una aparición. Acaba de abrir los ojos. Por su mirada diría que es Susana, pero ya no me importa, sólo espero que haya perdido la memoria, o al menos que lo finja. Y que me diga que me quiere.

Incluso aunque no me acaricie la oreja cuando me bese.

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11 responses

6 04 2006
Nuala

¿Esta qué versión es? ¿La del nacle?

Me gusta el cambio de lo del brazo (que yo aún no entendía muy bien) por lo de las caricias en la oreja. Será porque yo acostumbro a hacerlo, quizá.

6 04 2006
Troutman

No, ésta es la versión oficial. La del nacle intentaré sacarla la próxima semana en esos 3 deliciosos días de fiesta que tengo y que pasaré en Vinaroz, cuidando la casa mientras la mujer de 6 letras trabaja y levanta el país.

6 04 2006
Claraboya

Nuala, creo que esta version es la que se va a publicar en el libro, ¿no Troutman? La del Nacle imagino que tendrá algún elemento turbador sorpresa, ¿me equivoco?.

Lo cierto es que esta versión me encanta. Y eso que yo creía que después de oir la primera, la de las huellas y el final cínico (que me fascinó, dejándome pegada a la silla), no habría forma de que la nueva versión me convenciera tanto..pero la verdad es que sí.
El texto en sí no parece muy diferente, pero sin embargo ha ganado mucho. La historia está perfectamente hilada. Fluye de párrafo a párrafo sin que uno se de cuenta.

Lo de reforzar lo del estado catatónico del marido tras la desaparición de Lola funciona muy bien. ¿Eso lo has recuperado del original, no? También me encanta que el marido a posteriori se de cuenta de que se estaba autoengañando. Creo que no podías expresarlo mejor. Él, que repasado fotos mira en el fondo de sus recuerdos y se da cuenta de que en la mirada de ella no había amor…Es simple, no hay palabras que piquen o que crosciten a los oidos, pero tampoco suena neutro. Resulta poético pero sin ser gongorino.(Como en el texto del Taller de pintura arrasado por el terremoto en el que hablabas del puño de Dios o en un paisaje en que describías la hierba como agujas verdes).

En cuanto a la personalidad del marido en esta versión resulta tan humano…al principio en el texto del codo me daba rabia que fuera tan débil, pero creo que es más realista así.

6 04 2006
Troutman

En mi descargo diré que el texto del huracán que se lleva los cuadros se llevó a cabo en la clase en la que nos dedicamos a completar frases de la Profesora del estilo de:

Tan fuerte como…
Era triste como…

etcétera.

Lo del estado catatónico no staba en el original Cada vez que lo repaso bascula más hacia el personaje principal.

De tu primer párrafo, decir que aciertas de pleno. Sobre los elementos turbadores que pueda contener, ni yo mismo lo sé, como es lógico.

6 04 2006
Claraboya

Me he expresado mal. No. Mal no. Garrafalmente.

Quería decir que al igual que en el caso presente, cuando describiste lo del huracán o de la hierba te quedó poético pero sin afectación. Me pareció una descripción desgarradora, la del puño de dios. Además creo que todos en el Taller coincidimos en que era muy buena. La porfesora la porpuso para le libro. Y C. dijo varias veces que le encantaba. Pensaba que yo también te lo había dicho.

7 04 2006
Troutman

Lo de la mano de Dios a mí no me acabó de convencer, al igual que el cuento en genral. Lo mismo es porque me gusta demasiado que ocurran millones de cosas en mis cuentos, y éste era sólo un mar de sensaciones, y ahí siempre tengo miedo de caer en el tópico.

7 04 2006
Nuala

Lo de la mano de Dios me recuerda a un verso que escribí en un poema (está en el blog, se llama El Ángel) que dice: “Mueve tu mano el aire que derriba pobres paraísos”. Muy sugerente, sí señor.

Respecto a esta versión… Esta muy bien pero le falta algo para ser tuya, no sé cómo expresarlo. Quizá la falta de ese elemento turbador, todo parece demasiado calmo.

Explicad lo del libro, que los demás mortalesno sabemos de qué se trata. ¿Van a recopilar los mejores cuentos del taller en un libro?

7 04 2006
Troutman

Todos los años el taller publica un libro de relatos escritos por sus alumnos. Cada uno elige un cuento, o poema, o haiku o pedorreta, que haya partido de un ejercicio del taller, y se revisa hasta en 3 ocasiones para luego incluirlo. Los de primer curso sólo tenemos derecho a 2 páginas miserables. efectivamente yo también noto que falta algo, me siento ligermente encorsetado por las correcciones de la profesora, pero es la decisión que he tomado. Seguir sus consejos al fin de la letra. Al fin y al cabo considero el Libro del taller como SU libro. Como yo pienso publicar y hacerme rico y famoso me la trae al pairo.

Para el cinismo y la fantasía está el director’s cut. Mira que soy engreido, la hostia.

7 04 2006
claraboya

Tu blog dice que mi comentario está pendiente de aprobación. Grrrr ¿Otra vez censurándome? ¿Es una represalia por beber Kaimotxo?

7 04 2006
Troutman

Connio, voy a mirar. A> veces ya sabes que hace eso si no acompañas el comentario con fotos de Mahoma.

8 04 2006
Claraboya

¿Fuiste a mirar y te caíste en un agujero negro? ¿el perro se te comió mi comentario?
Dame tiempo. Estoy buscando una en que salga fotogénico.

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