No quiero que nada cambie

27 04 2006

“Querida Lola:
Desde que nos vimos en la fiesta hace ya varios días no he dejado de pensar en escribirte. Lo hago ahora porque hay ciertas cosas que quiero contarte y no me pareció oportuno hacerlo en aquella fiesta con toda esa gente escuchando y metiendo la nariz en asuntos ajenos”
Había encontrado esta carta en el fondo del armario de nuestra habitación de matrimonio poco después de que Lola se fuera, de que desapareciera con lo puesto. Nunca fue muy hábil escondiendo sus cosas. Eso me encantaba de ella.
Recuerdo bien la fiesta que menciona, ésa tan llena de gente indiscreta. Es difícil olvidarla. La fiesta en que mi vida se cruzó con la de Irene por primera vez y en la que ella se reencontró con mi esposa, Lola; tres personas enredadas en hilos que se unen se enmadejan y se separan. Me acuerdo de que la mano de mi mujer comenzó a temblar agarrada a la mía y que yo sufrí una enorme conmoción al ver frente a mí aquella réplica, con los mismos cabellos negros y la misma nariz redondeada. Un espejo. Se quedaron frente a frente, casi sin articular palabra. Al cabo de un momento me la presentó: “Cariño, ésta es Irene.”
Irene y Lola eran las mejores amigas; en el colegio eran inseparables, además de parecerse de una manera asombrosa. Hasta terminar el instituto hicieron todo juntas: Si una suspendía un examen la otra también, si una se compraba un bloc de dibujo verde, la otra también. Ya adolescentes, si una tenía un novio con el pelo largo y grasiento, la otra buscaba la manera de localizar una pareja igual. Si una cogía la gripe, la otra también, aunque todo el mundo pensaba que una de las dos debía estar fingiendo. Al terminar la educación secundaria, los padres de Irene debieron trasladarse a un clima más cálido debido a los problemas respiratorios del padre de ella. Después de los años perdieron todo contacto; Lola suele decir que nunca sintió tanto dolor en su vida como en aquellos momentos. Yo, cuando me lo cuenta, me siento celoso y un poco menospreciado, aunque después miro sus ojos negros, las pequeñas arrugas a su alrededor, la manera en que acaricia mi oreja cuando nos besamos, y vuelvo a ser feliz.
Pocos días después llegó la famosa carta que releo de vez en cuando. Con una caligrafía fina y seca, Irene se disculpaba por haberse escapado de la fiesta sin despedirse, y lo achacaba al impacto que supuso encontrarse con Lola de aquella manera: había huido por la ventana del baño, aturdida por el reencuentro. Le contaba a mi esposa que desde que emigrara con su familia apenas había viajado. Había estudiado psicología. Se enamoró de uno de sus compañeros, se desenamoró. Se quedó prendada de su psiquiatra, un hombre treinta y cinco años mayor que ella. Tuvo amantes. Un trabajo improductivo. No pudo tener hijos. Y pasado todo ese tiempo, escribía, se había dado cuenta de que nunca le había llenado ninguna de sus relaciones. Que, en verdad, nunca había disfrutado.
“Cuesta admitirlo. El día que nos volvimos a encontrar comprendí que estaba enamorada de ti. Tú has sido la única persona que he podido amar en mi vida. A mi doble. Te quiero, Lola, y no podría descansar si no te lo hubiese contado”
Lola huyó, localicé esta carta y creo que pasé, aunque no lo recuerdo muy bien, nueve días deambulando por la casa; chocando con las esquinas, abriendo y cerrando cajones y rompiendo algo bonito de vez en cuando. Buscaba más cartas, las que contaran que todo era mentira. Que Lola sólo me quería a mí, que yo era su vida. Que me necesitaba. No las encontré porque tampoco habían existido. Como un auténtico idiota, repasé fotografías, repasé momentos. Me di cuenta de que en ellos, en la mirada de Lola hacia mí, no había amor. Había vivido todo ese tiempo junto a una mujer que únicamente se quería a sí misma, o bien a su doble. No hay mucha diferencia. Al décimo día comencé a comer algo, pan integral pasado de fecha y latas de conservas. Comencé a recuperar un mínimo atisbo de mis funciones vitales. Ese mismo día me percaté de que el teléfono estaba sonando; podía haber estado haciéndolo durante días. Era la policía que llamaba para decirme que mi esposa había sufrido un accidente en un automóvil descapotable circulando por las enrevesadas carreteras de una isla no muy lejana de mi, nuestra, casa. Viajaban dos mujeres en aquel coche. Una de ellas había salido despedida hacia el acantilado y no habían sido capaces de rescatar su cuerpo de entre las rocas. La otra estaba en coma desde hacía días y necesitaban que alguien la identificase.

Ahora estoy aquí, con la carta arrugada en mi puño, delante de la cama donde descansa intubada. Miro su cabello negro desparramándose por la almohada y su precisa tez blanca como la luz de una aparición. Acaba de abrir los ojos. Por su mirada diría que es Irene, pero ya no me importa, sólo espero que haya perdido la memoria, o al menos que lo finja. Que yo le diga a la policía que es mi esposa y llevarla a casa conmigo conmigo. Y que me diga que me ama.
Aunque no me acaricie la oreja cuando me bese.

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12 responses

27 04 2006
Blackstar

ufff que difícil es teniendo las tres delante. Echo de menos el detalle del codo. Aunque aquí la sustituyas por la oreja. Me gustan los detalles que surgen en mitad de un texto, y que a la vez, sirven para acabarlos. Prefiero el codo, es mucho más real, pq son detalles que sólo conocen o en los que sólo reparan, las parejas que llevan muchos años juntas. Y lo hace más real.
Me gusta más que se llame Irene que Susana. Será pq a las Susanas las imagino más como a muñecas rubias algo tontas, mientras que Irene es mucho más oscuro. No se, hasta que no has mencionado lo de los nombres no se me había ocurrido.
Me gusta que incluyas la declaración de amor de Irene a Lola, que no aparecía en la primera versión. También los detalles de las latas y las conservas.
No me gusta cuando dices: “Yo, cuando me lo cuenta, me siento celoso y un poco menospreciado”. No me gusta la palabra menospreciado en esa frase, pero no se pq, simplemente no me encaja del todo. Quizás pq el menosprecio, siempre es absoluto. Tonterías mías.
“Por su mirada diría que es Irene”/”por su mirada diría que no es Lola”. Me gustaría más que antes de que reparara en que es Irene, reparara antes en que no es Lola. Se que la diferencia es tan sutil que apenas merece la pena mencionarlo, pero bueno, ya puestos…

Cada vez que lo releo me gusta más, enhorabuena!

27 04 2006
Troutman

“Por su mirada diría que es Irene”/”por su mirada diría que no es Lola”un tema que da lugar a muchas interpretaciones pero que creo que no conviene marear demasiado, porque si no al final vomitas. Lo hablé con la profesora. La posibilidad de poner la frase en negativo, y creo recordar que llegamos a la conclusión de que era mejor como sugieres. Es más lógico, ya que él conoce la mirada de Lola perfectamente, y no la de Irene. Más coherente. Pero prefiero que aparezca otra vez el nombre de Irene en el relato. Además, la mirada de Irene le impactó de tal manera en la fiesta que ahora le es muy fácil reconocerla. En el fondo, no sólo es un cobarde acomodaticio, sino que se enamora de Irene porque tiene el misterio que no tenía la sosa de su mujer.

28 04 2006
Blackstar

Hmmm, si lo vemos así… pues también entiendo tu explicación. Todo no ha de regirse por ser coherente y el relato es tuyo, así que llevarle la contraria a la profesora es incluso necesario, diría yo.

28 04 2006
Claraboya

El alejamiento mayor con respecto al texto original que leiste en clase fue, en mi opinión, el del texto que inicialmente introdujiste en el blog, “Huellas”. El original era genuinamnete tuyo y creo que precisamente por eso la me costó mas “asumir” la primera modificación que introdujiste. De todos modos, una vez me aocstumbré a los cambios, lo cual ocurrió con la segunda alteración (que corresponde a la primera revisión introducida en este blog, Recipientes) este relato acabó por gustarme mucho también.

En esta ultimísima versión hay algo que me encanta. Has introducido una idea que no sé si antes estaba latente, pero si era así, pasaba, creo, mucho más desapercibida y es el hecho de que realidad lo de esas dos mujeres no es tanto una cuestión de homosexualidad como de egoísmo y narcisismo extremos.

También me gusta (no recuerdo si lo has recuperado de la primera versión) que Irene huya por la ventana del baño, que escape de forma clandestina. Eso denota la conmoción del reencuentro de forma muy gráfica, y un poco exagerada, además creo que así se dibuja una Irene un poco peliculera y melodramática. Resulta más impulsiva, casi desequilibrada, capaz de enviar una carta de amor a su amiga de la infancia a la que no había visto en tanto tiempo o de conducir a una velocidad brutal y tener un accidente (no sé por que asumo que conducía ella).

Por cierto, la imagen de los tres protagonistas enmarañados en una madeja. Genial. Me encantan tus retazos de prosa poética.

28 04 2006
Troutman

Efectivamente, esos 3 detalles son nuevos. Lo que más me ilusiona es que son cuestiones que acabo introduciendo aparte de las recomendaciones de la profesora, que giran más en torno a la continuidad y coherencia del relato (apuntar después de cada extracto de la carta que el protagonista se refierea a ella, utilizar puntos y comas, cambiar la posición de los nombres, relizar enlaces entre párrafos más cortos, …etc), que son muy imortantes. Pero no puedo evitarlo, tengo que hacer que Irene salga por la ventana del baño porque ya en el primer texto me lo había imaginado así.

2 05 2006
jaizki

Bueno bueno, menudo artista estas hecho. Yo como habras visto en mi blog no tengo ni idea de escribir asi que no estoy al nivel del debate que teneis, pero la verdad es que me ha molado. Al principio me he quedado flipado porque no sabia que estouvieses casado con ninguna lola, pero como no te conozco he seguido, y luego ya me he dado cuenta de que no, bueno, espero. Muy chulo el relato, con aire siniestro que por lo que veo te gusta. Tenemos que hacer algun dia un relato con fotos, algo en plan oscuro.

A nosotros ya nos queda poco por aqui, muy poco. Ciao ciao mon dieu.

2 05 2006
Troutman

Lo del relato con soporte visual me ha llegado al alma. Queda apuntado. Pero si es algo en plan luminoso, también me vale. No soy una goticolocaza, que quede claro.

Os deseo el mejor viaje, mecagonlaleche, y que mpodais actualizar el blog. Abrazos.

3 05 2006
Nuala

No me he enfrentado a esta nueva revisión hasta hoy porque no sabía cómo afrontarlo. Cuando he leído el mismo relato modificado varias veces ya se me desdibujan las líneas y empiezo a ver borroso.

Me gusta Irene mucho más que Susana. Lola sigue pareciéndome… no sé cómo decirlo… En el primer relato ellas eran las valientes asumiendo su amor, él el pusilánime. Poco a poco has conseguido que ellas me caigan mal y él cada vez mejor y me de más pena. Ahora las ególatras tendrán lo que se merecen (una muerta y otra condenada a estar con ese hombre quiera o no). A él le has quitado el punto de ira. Ya ni siquiera resulta sarcástico o lacónico, ahora sólo es un tío triste…

Sinceramente, ya no se decir cuál me gusta más.

3 05 2006
Claraboya

Repasando mi propio texto de pronto se me ha encendido la bombillita y me acordado de que llevo queriendo avisarte desde la primera versión de que has puesto “precisa piel blanca” en lugar de “preciosa”. Siempre se me olvida mencionartelo en mis kilométricos comentarios. No soy quién para corregir erratas, además se entiende que es un lapsus dáctil, pero es que como se os pase a ti y a la Profesora del Taller en la versión definitiva va a ser una faena…

3 05 2006
Claraboya

Dactilar, quería decir dactilar.

4 05 2006
Troutman

Pues debo decir que soy un cabrón, o algo parecido, porque en la última revisión yo también lo vi, pero lo he dejado para saber sí la profesora lo considera una errata (que lo es) o que tratar una piel blanca como precisa puede ser aceptable.

Voy recuperando visión poco a poco.

4 05 2006
Claraboya

Ja, ja. ¡Que mala uva!
Yo también barajé la posibilidad, pero precisa se me parecía demasiado a preciosa.

Me alegro de que por fin veas la luz del nuevo amanecer.

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