Reflexiones de un acatarrado

3 06 2006

Supongo que existen miles de maneras de enfrentarse al hecho de escribir. De escribir y de querer que alguien que no sea la mujer que te ama, la familia que te ama y los compañeros de trabajo que quieren matarte, lo lea. Me refiero al hecho de que ya esté todo inventado. A que todo lo que puedas escribir ya ha sido plasmado de una u otra manera antes. Sin embargo, he aprendido que eso es algo que ya no me preocupa. Así como en el mundo de la pintura no puedes dedicarte al impresionismo si no quieres morir de hambre o trabajar en una consultaría, en la literatura puedes volver a tratar y regurgitar y escupir los mismos temas e historias de siempre y vivir de ello. Por otra parte, intentar ser original y novedoso a toda costa puede llevar muchas veces a engendros autocomplacientes sin ningún sentido, incluso para el propio escritor, que acaba escribiendo por defecto, simplemente por el hueco que le dejan. Más que por oposición a un estilo, como tantas veces se ha hecho en la historia, por ausencia de obras en ese ámbito. Pero los huecos y los agujeros por donde colarse se agotan. Los géneros no dan más de sí desde hace tiempo, y subvertirlos es una moda pasada de moda, y mezclarlos se deja para músicos de fusión. Con lo cual dentro de poco queda escribir sólo con vocales, o mejor aún, con consonantes bien fricativas para dejar las páginas del libro hechas un asco.

La profesora del taller comentaba el otro día, cuando trataba de convencerla de incluir algún libro de literatura actual anglosajona o japonesa en las tertulias literarias del año próximo, y ella de convencerme a mí de incluir algún libro de Forster, que la gente se ha olvidado de escribir por culpa de toda la carga que llevamos detrás. Tampoco creo que eso sea cierto. Pero también discutimos de la supervivencia de los clásicos. De cómo los años son los que ponen a cada obra en su sitio. Sé que ella piensa que todo lo que se hace ahora desaparecerá, pero lo dudo muchísimo. Peor aún, cuando toqué el tema Código Da Vinci todo el mundo parecía convencido de que semejante truñaco nunca pasará no ya a los ANALES, sino que se habrá olvidado en muy poco tiempo. Y yo también lo dudo. La difusión de una obra me parece fundamental para su pervivencia. Estoy seguro que los escritores clásicos que ahora conocemos eran unos verdaderos best-sellers. Más allá de que el fenómeno underground, donde supuestamente encontraríamos los mejores libros en la actualidad, no existiera en la antigüedad, es necesario tener un gran predicamento y ser un paradigma de tu tiempo para pasar a la historia. No sabemos en base a qué juzgaran los críticos literarios del futuro, pero los clásicos no los deciden los críticos ni los profesores de literatura, lo hace la masa. Estoy seguro de que en ciento cincuenta años se podrá hacer un análisis tan sesudo del maldito Código como el que se hace actualmente del Quijote, e igual de cercano a las intenciones del autor en ambos. Es posible que me equivoque, pero entonces los clásicos de nuestro tiempo, como mucho, serán Auster y césar Vidal.

Todo esto a cuenta de unas ideas que te asaltan. Fantasías de borracho sereno. Si todos estos libros clásicos eran la cara visible de su época, y dada la escasa información (y tergiversada) de la que se dispone de cualquier evento ocurrido hace más de 500 años, podría haber ocurrido que una élite de artistas fuera de los círculos comerciales ya escribieran según el estilo del siglo XX. Al fin y al cabo no es tan difícil. Luego llega la escena en que el que un joven Dan Brown descubre un manuscrito antiquísimo con todos estos clásicos, en casa de Mary Higgins Clark.

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5 responses

4 06 2006
Dracma

A mi también me pareció curioso que la profesora del taller no considerara siquiera remotamente la posibilidad de que Dan Brown se convirtiera en un autor clásico de la literatura. Sobre todo, teniendo en cuenta que hay clasicos que en su día fueron despreciados por los críticos por ser “Best Sellers”. Me viene a la mente que precisamente ella comentaba en una de las tertulias que Benito Pérez Galdos fue menospreciado siempre en vida por ser un “superventas”. En aquella época, leer a Pérez Galdos, increíble pero cierto, era como leer hoy a Dan Brown. Y si, ya se que sé puede pensar, como ella hace, que es incomparable el nivel literario de cualquier obra de D.Benito con alguna de Mr. Brown, pero es que tampoco se puede olvidar que en la época en que “Fortunata y Jacinta” causaba furor y era un “top hit” en las librerías decomonónicas, sus detractores lo más bonito que decían de dicha obra era que se trataba de un culebrón folletinesco.

Despúes de esto dos precisiones:

Para mi Pérez Galdos no es un clásico definitivo, como mínimo hace falta un siglo más para que pase la prueba del algodón, luego, al menos en ese sentido “mi teoría” hace aguas.

No es que sea una defensora a ultranza del Código Da Vinci, creo que tiene un final “chungo”, y además como lo leí en inglés, no soy capaz de forjarme una idea propia de su calidad literaria, pero desde luego, (y aunque después de esto dejes de dirigirme la palabra) me entretuvo mucho. Tanto como una novela de Agatha Christie, y a veces me apetece leer novelas así.

De todos modos, yo desde mi speaker’s corner continuo con mi monologo delirante acerca de la mortalidad de todos y cada uno de los clásicos supuestamente inmortales:”En torno al declive de Apuleyo”

Por último, ¿a que viene ANALES con mayúsculas, es un guiño/insulto subliminal a tus lectores?

4 06 2006
Troutman

Es un guño insulto subliminal al Código, que debería acabar en las CLOACAS FECALES de la hiostoria, pese a lo cual me teme que acabe siendo un clásico. Yo, sintiéndolo mucho, no quiero perder el tiempo con ese engendro. Mis últimos intentos con Best-Sellers estilo el 8 u ojeando (que no más) cosas como LaBiblia de Barro sólo me llevan a un tremendo aburrimiento. Prefiero mil veces tragarme X-men III o un truño del tamaño de Armaggedon que ese tipo de libro. También estuve ojeando La sombra del iento y la primera impresión fue que era un libro gordo del barco de vapor, pero también es posible que fuera por culpa de mis prejuicios.

Es evidente que todos los clásicos moriran tarde o temprano. Pueden ser 200 o 200 años. Incluso la Biblia dejará de leerse. Lo que te pregunto es…y? A dónde quieres llegar con éso? Quiero decir que es importante saber cuál es tu teoría del por qué desapareceran. Cambio de los formatos, cambios de los gustos, desaparición de las copias del original, fin de la humanidad…

4 06 2006
Dracma

Desparecerán por el mero transcurso del tiempo. El tiempo acaba con todo, incluída la memoria literaria.

5 06 2006
Blackstar

Lecturas de E.M Forster? Estoy de acuerdo con tu profesora en que es una buena elección.

Básicamente estoy de acuerdo en lo que dices. También creo que los clásicos que hoy se consideran clásicos lo son porque en su momento fueron pequeños best-seller, pero no olvidemos que hay excepciones, artistas que murieron pobres como ratas y luego fueron elevados por la crítica.

No puedo imaginarme que tiene que tener un libro para que sea considerado un clásico dos siglos después: supongo que además de ser un superventas, tiene que tener carisma, personalidad, y sobre todo, innovación. Se puede escribir sobre las mismas cosas dando una perspectiva nueva o diferente o se puede escribir sobre algo novedoso. Pero esto no es imprescindible para llegar a ser un clásico. Sí que creo que los clásicos y considerados como grandes exponentes de la literatura supieron reflejar el pulso de la época en que vivieron, de una manera magistral. Es casi como tener un punto de videncia. Creo que hoy en día, los parámetros han cambiado.
Supongo que Auster, Irving, Murakami, Ishiguro, Bolaño, serán considerados clásicos. Espero que Reverte no.

Por otra parte ayer tuve una interesante conversación con mi tio sobre literatura, ferias del libro, y filias y fobias, pero lo guardo para el blog.

Saludos

5 06 2006
Troutman

Auster puede ser. El resto quedará para eruditos gafapasta del siglo XXIII. Sobrte Reverte no lo tengo nada claro, pero no me extrañaría. Pero si algo puede estudiarse en los megainstitutos de los próximos siglos serán antologías de sus columnas, más que sus libros tan estándar.

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