Por las sombras

15 06 2006

Hitomi Boshi

Otra vez es verano. Los aparatos de aire acondicionado gotean en las paredes de las casas, dejando charcos en las aceras de las calles más sombrías. Siempre vuelvo a casa por esas calles en penumbra, huyendo del sol que se refleja en los cristales. El calor estos días es sofocante e insoportable, y cruzar las calles al mediodía lleva horas y kilos perdidos de sudor. Dicen que una anciana se quedó atrapada por el asfalto hace 2 días y murió abrasada en medio de una carretera de doble sentido. Dicen que nadie paró. Llevo un abanico y una sombrilla, pero lo único que vale es huir del metro y buscar el intrincado camino de sombras que me lleva de vuelta a casa. Al principio me tuve que dibujar un plano. Ahora ya conozco cada esquina de cada calleja, cada contenedor de basura, cada esquina con olor a orines, cada pared de ladrillo visto con graffitis o pintadas de enamorados. Conozco la silueta de cada edificio recortada contra el cielo, los reforzados de los balcones y las ventanas de los hogares destartalados. Sobre todo, reconozco las corrientes de aire. Es pura necesidad para sobreponerse a la asfixia del calor. Más o menos a mitad de camino, suelo parar en una calle más ancha de lo habitual en mi recorrido, en la que, para variar, los habitantes de un bloque de apartamentos no pueden tirar de la nariz a los del edificio de enfrente. Allí siempre aparece una brisa fresca junto a la pared de la derecha. Yo la llamo, en mi toponimia particular, la calle de la corriente junto a la pared de la derecha. No es especialmente original, así que estoy pensando en cambiarlo. De todos modos es agotador, ya que suelo renombrar todas las calles de los recorridos que realizo. También tengo designados nombres propios para mi cada uno de los peluches de mi colección, cada uno de los gatos que merodean en mi barrio (aunque ya quedan pocos que no hayan muerto achicharrados) y los pomos de las puertas de casa. He pensado en ponerle la calle de la Corriente Viva, pero no me acaba de encajar. Ya tengo una calle Fresca y una Calle Agradable. También me podría ir bien la calle del Hombre que Fuma, pero si algún día desaparece, perdería el sentido. Quizás sea momento de pensar en algo menos nemotécnico, como calle Bertrand o calle Simona.

Como digo, suelo detenerme y enciendo un cigarro. Sé que esa fuente de calor es contraria a mis objetivos de frescura, pero necesito verme fumando cuando me paro a observar y poso para mi misma. Además ya empieza a ponerse el sol. Apoyada en al pared de la brisa, con un pie con las sandalias blancas que me compré hace dos días reposando contra ella, y las uñas pintadas de negro sujetando mi pequeña fuente de calor, humos y satisfacción, tengo la costumbre de escrutar el edificio de enfrente. Siempre busco lo mismo.

Es un edificio gigantesco con unos apartamentos diminutos. Alguien me ha dicho que se llama edificio Klein. En mi toponimia particular también se llama así. La fachada debió ser blanca; está surcada por pasillos. Una idea genial, tener los pasillos por la parte exterior de los bloques de edificios para poder espiar a todos los inquilinos al abrir las puertas de sus hogares. Y vislumbrar sus casas cuando las abren. Todos esos pasillos le dan un aspecto rayado, blancuzco con franjas oscuras. Un código de barras por el que la gente pasa precisamente por la zona turbia.

A la hora en la que me encuentro recostada contra la pared con el cigarrillo en mis manos, un hombre ocupa una posición parecida a la mia justo en el cuarto piso de ese edificio Klein. Un día tras otro reposa sus brazos contra la baranda exterior del pasillo. Siempre nos miramos. Creo que si algún día no estuviera allí, mi mundo se vendría abajo. Pero no cambiaría el nombre de la calle. Él fuma puros, y aunque se encuentra a muchos metros de distancia puedo olerlos si cierro los ojos. Me imagino que es un rudo obrero que trabaja con enormes máquinas perforadoras en la construcción de los rascacielos de la zona sur. Me imagino que tiene unos fuertes brazos, porque desde aquí no puedo distinguirlo, porque soy libre de imaginar lo que me de la gana, que utiliza para mover pesados pilotes bajo el sol abrasador asesino de ancianos y niños. Me imagino que llega a casa, tras pasear a la vista de todos, y se sienta, con el televisor apagado, con una sopa recalentada en la mano, a leer libros de escritores que no conozco pero debería conocer. Me imagino que se llama algo que empieza por R.

Hoy vuelvo a hacer mi recorrido, con mi sombrilla blanca y mis uñas negras recién pintadas. Me siento arrebatadora y sonrío, y ni las ratas escalfadas que intentan arrancarme las sandalias a mordiscos me hacen perder la compostura. Hoy ha muerto una mujer embarazada frente a mi edificio al quedarse atrapada dentro del coche. Nadie la ayudó a salir. No me lo han contado, lo he visto desde mi ventana. Cuando he bajado ya había venido la policía, que no ha llegado a salir de sus coches con aire acondicionado. Continúo por las callejuelas con los aparatos climatizadores que hacen ruido de cafetera vieja y chorrean. Llego a mi calle del Hombre que Fuma y tomo posiciones. Bajo mi mirada con una intensa caída de ojos, enciendo mi cigarro con la pierna firmemente apoyada en la pared. Levanto la vista y allí está él. Seguro que ha tenido u duro día de trabajo y ahora se merece el descanso del guerrero. No me he dado cuenta pero miro el reloj por inercia y veo que voy con 15 minutos de retraso sobre mi horario previsto para el recorrido. Sobre el horario pesimista. Cuando aparto mi vista del reloj y la vuelvo hacia el cuarto piso del edificio Klein, observo que el hombre R, mi hombre R, está abrazando a una mujer.

Hoy me han dicho, por cierto, que existe un pasadizo, no muy lejos de la calle de la Corriente Viva, muchísimo más fresco y agradable que esta mierda de calle. Mañana cambiaré de ruta.

Raymond Bernard Euston

Mi padre está muy enfermo. Este maldito verano lo está matando. Lo encontraron en su apartamento hace unas semanas, cuando comenzó la ola de calor, en estado shock. Desde que murió Angélica, mi madre, ha vivido sólo en este cuartucho metido entre otros millones de cuartuchos. Sin embargo nunca se ha quejado, y cada vez que le preguntábamos si querría venir con nosotros, que una habitación le estaba esperando en nuestro hogar, siempre se negaba. Pero se negaba con felicidad. O al menos eso interpretamos nosotros. El caso es que he aprovechado mis vacaciones para acercarme hasta aquí y verle y estar a su lado en el hospital. Me he instalado en su piso durante esta temporada: Es un rectángulo oscuro y un poco sucio. Cuatro paredes y una cocina con baño. Una televisión con sólo tres canales sintonizados.
Un sofá-cama tapizado a cuadros y desgastado.
Una alfombra, también desgastada
Un armario ropero que no quiero abrir
Tres cuadros de naturalezas muertas
Creo que los pintó mi madre
Dos estanterías llenas de libros, la mayoría de los cuales no tienen tapas
Una lámpara
Un Flexo, éste se lo regalé yo
Varios álbumes de fotos sobre una mesa, y una esquela.

Las sábanas que utilizo para el sofá cama son demasiado grandes, y tienen bordadas las iniciales A.E. Sin embrago ya ni las utilizo porque hace pocos días se estropeó el aire acondicionado. Ni se me ocurre llamar a un técnico porque imagino que estarán desbordados estos días.

Mis jornadas están marcadas por el horario de visitas del hospital. Allí paso, junto a la cama donde mi padre descansa lleno de tubos y la boca abierta, consumido, con un pijama gris plateado y las zapatillas junto a la cama, la mayor parte de la mañana y la tarde. Antes, salgo a correr un rato, cuando el Sol aún no ha salido. La gente me mira con cara extrañada mientras voy dejando un reguero de agua salada a mis espaldas, como un pez que se arrastra fuera del mar, pero lo necesito. Necesito sufrir para no pensar. Lo malo es que sí que se piensa hasta que llega el sufrimiento, hasta que llegan las endorfinas, hasta que la droga hace su efecto. También tengo unas cuantas tabletas de Seroxat, Cipralex y Meridian. Los encontré sobre los álbumes de fotos cuando llegué a la casa de mi padre al principio del verano.

Después de correr, me ducho y bebo. Veo un rato la tele. Estos días, desde la avería, noto que la tele suda; las paredes sudan; los cuadros se derriten. Después, me acerco al hospital por las sombras de los edificios que están atestadas de gente que nos damos calor unos a otros. Me siento junto a la cama de mi padre y me pongo a leer alguno de los libros que cojo de las dos estanterías que él tiene repletas en su casa. Suelen ser novelas históricas. En todo el tiempo que llevo aquí, que creo que son más de tres semanas, me he leído unas cuantas, así que supongo que estoy culturizándome; que estoy aprendiendo valiosos datos sobre nuestra historia; o sobre la Grecia antigua. O sobre lo que el autor de estos libros, siempre el mismo, se ha inventado. No me voy a molestar en averiguar si esto es así o no, los libros me sirven para lo que me sirven.

Al mediodía tengo que ir a comer al restaurante del hospital, ya que está un poco aislado y salir a buscar otro lugar podría ser un calvario, o una temeridad. Así que me siento en una mesa atestada, en una sala llena de gente que seguimos dándonos calor unos a otros.

Por las tardes a veces hablo con el doctor. Se llama Enrique.
-¿Cómo va todo Doctor?
– Bien, hijo – Es un señor avejentado, con el pelo gris muy pegado a su cabeza. Lo que se dice un hombre lacio.- Su padre sufrió un golpe de calor, creo yo.
– Eso me dice siempre, pero su piso tiene aire acondicionado
– ¿Sí?
– ¡Sí, se lo llevo diciendo todos estos días!
– Puede que tengas razón –me dice mirándome sobre sus gafas-, pero el shock pudo venir tiempo después. Quizás un paseo a una mala hora. No sabes la cantidad de ancianos que tenemos por aquí estos días, hijo. No podemos hacer otra cosa que esperar y rezar.
– Rezaré por usted
– Gracias hijo

Cuando el horario de visitas acaba, un montón de gente con cara larga salimos del hospital hacia nuestras casas. Supongo que alguno vuelve de camino al hospital antes de llegar, porque el sol no perdona en esta ciudad. Donde yo vivo al menos tenemos la brisa del mar. Antes de llegar a casa suelo entrar en el supermercado. Aquí, en esta ciudad, no hay tiendas con dependientes, todo está empaquetado y listo para pasar con el código de barras. No hay kioscos ni kioskeros.

Al llegar al apartamento me siento en el sofá, desnudo, y me tomo alguna sopa precocinada. Cambio la novela histórica por La Cosecha Roja. No sé si es mejor, pero es la quinta vez que la leo, y esta vez estoy tratando de aprenderla de memoria, con lo que me tomo mi tiempo mientras mi sopa gotea. Siento, aunque parezca mentira, que la sopa suda conmigo. Cuando el sol comienza a ponerse, salgo a fumarme un puro al pasillo. Lo curioso es que en la calle siempre veo a la misma persona. Una japonesa con cara de trastornada y una sombrilla blanca. Me da miedo pero no puedo dejar de mirarla.

Hoy no he ido a ver a mi padre. Al fin y al cabo, qué sentido tiene. Me he hartado. Es posible que no salga del coma nunca. Y al fin y al cabo le quiero, pero ya me he acostumbrado. También puede ser que me haya trastornado que ayer sintiera el fantasma de mi madre en casa. Son imaginaciones mías. En cualquier caso llevo todo el día en el pasillo apoyado en la baranda, con los pies rodeados de colillas. Espero no ahogarme. A la hora señalada, aparece la mujer de la sombrilla blanca, enfermizamente pálida y con ésa manera de andar tan extraña, como si el suelo ardiera. Hoy sin embargo me hace gracia.

Alguien me llama al fondo del pasillo. Es mi hermana que llega corriendo y me abraza. Quizás ha llegado el momento de volver a casa.

Antonio

Tranquilo, tú no tienes la culpa. Tú no tienes la culpa. Tú no tienes la culpa.

Hace un mes entré a trabajar en el Centro Hospitalario del Sur. Necesitaban un celador. El trabajo es para mí. Soy un buen celador. Sin embargo lo que más me gusta es hablar. Me encanta. Hola señora buenos días, qué tal está usted, tiene un buen día, qué tal la familia, vaya calor más horripilante que hace ¿verdad?, me han dicho que ayer estábamos a más temperatura que en Marte, habladurías, puede ser, vio el telediario, ¿vio la serie de la octava cadena?, las de los médicos, sí, a que está muy bien, ayer me contaron que es muy realista aunque yo no sé qué decirle porque la verdad es que los de aquí son más feos y tienen muy mala leche, su marido ha fallecido, lo siento señora, mi más sentido pésame, adiós hasta luego, buenos días señor, ¿me permite que le abra la puerta? Me he fijado que la gente repite mucho por aquí. Todos los días pasa un hombre fornido con cara de pocos amigos y la camiseta sudada. Pero casi todo el mundo está empapado en sudor estos días. Yo no sudo. Dicen que es porque estoy demasiado delgado. De acuerdo, no me gusta la comida. Sólo trago algo cuando siento que me voy a desmayar. Tampoco puedo dormir mucho estos días. Maldito calor. El hombre fornido suele llevar un libro sin tapas debajo del brazo, por eso me acuerdo de él. Porque lleva un libro y nadie más en el hospital lo hace. Por eso y porque no me saluda, siempre va muy concentrado y con el ceño fruncido. Sí, me fastidia un poco. Claro que me fastidia. Vale, miento. Sé quién es. Es el hijo de mi vecino, que ahora está en coma en la habitación 310. Un marrano. Me cae muy mal. Mi antiguo vecino. Al cruzarse conmigo no se dignaba a decirme nada. Hola señora Dolores cómo está. Qué tal los hijos. ¿Lipotimia?, no se preocupe, eso no es nada, ya sé que estoy muy delgado, pero no escuálido, escuálido no señora, eso son las ballenas, pase, pase. Maldito sea mi vecino, pero tengo que controlarme. Un día le deseé la muerte, con todas mis fuerzas. Muérete marrano, muérete, cuando se cruzó conmigo en el pasillo y no me saludó. Marrano muérete. Y de repente se desmayó. Estaba asustadísimo, así que entré en su apartamento, porque soy el administrador del bloque y tengo las llaves de todos, y lo dejé tumbado en su sofá. Un sofá feísimo, no como los de Andrea. Sí, a veces entro en los apartamentos de los vecinos, pero sólo para comprobar que estén bien, que no se ha estropeado el acondicionador de aire. Pero yo no tengo la culpa de que esté en coma. Tranquilo, no tienes la culpa.

Voy a casa detrás del hijo de mi vecino el marrano. Tengo que hacer esfuerzos por no desear que se muera. Maldito. Que le costará dirigirme la palabra. Hola señor, buenas tardes, menudos días, no hay manera de levantar cabeza, ¿verdad?, su mujer ha dado a luz, maravilloso, sí nuestro gran equipo ganó ayer, unos titanes, unos genios, sí señor, no, lo cierto es que no me gusta el deporte, qué le vamos a hacer, tiene prisa, no se preocupe, otro día hablamos. Ayer entré en su apartamento cuando estaba dormido, pero sólo era para comprobar que estaba vivo, porque estaba soñando y me vi clavándole un puñal en la yugular, y tenía miedo de ser psíquico o algo de eso. Hoy he visto cómo se abrazaba a una mujer. O sea, abrazos sí pero nada de palabras. Estupendo. Maldito marrano. Me he fijado que en la calle se movía alguien y he visto a una mujer bellísima corriendo. Corría como si no tocara el suelo y su cara parecía de porcelana. Una visión como las de la tele. Como las enfermeras de la serie de la octava cadena. No he podido evitarlo y la he seguido. Ahora sí quiero ser un psíquico. Mírame. Pero no me mira. Fíjate en mi, te adoro. Eres mi reina mi musa. Estoy esperando en una esquina a que ella pase por delante. Ahí llega, está jugando con su pelo liso y negro mirando un escaparate. Cuando cruza por delante le digo, Hola buenos días como está usted, con mi mejor sonrisa. Pero no parece verme. Maldita. Maldita marrana. Veamos que ponen hoy en la tele.

Hola señor gato. Vaya por Dios, parece que se ha muerto por el calor.

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18 responses

16 06 2006
Dracma

Como te dije ayer, me parece buenísimo. Lo has bordado y me ha enganchado de principio a fin.

Me encantan los personajes y como has entrelazado sus vidas. La sensacion de asfixia y calor que has creado en el ambiente es increible, y Antonio, el celador perturbado y con “poderes”, es mi ídolo. Me fascina como reflejas su personalidad a traves de los pensamientos que acuden a su mente. Me he reído muchísimo, aunque por otra parte, si lo piensas da “miedillo”. Todo un logro.

16 06 2006
Blackstar

Bufffffff cuanto por comentar!

Empezaré por lo fácil: me ha gustado de menos a más. La parte de Antonio es increíblemente real, creo yo. Vamos, que no conozco a ningún perturbado personalmente pero me lo imagino así, diciendo lo de muérete y lo de ¡marrano, eres un marrano! De hecho una compañera tiene una vecina medio loca que cuando se cruza con ella o con cualquier vecino le dice: marrana! Me encanta Antonio, aunque no querría cruzarme en su camino.

La idea de tres historias ( o tres cabos de una historia) cruzadas me gusta mucho, porque además es fácil dejar cosas sueltas y creo que a ti te ha quedado perfecto.

En lo único que tengo “queja” es en la primera parte. Me gusta mucho la sensación de calor, de agobio y del entramado de calles, pero no me acabo de creer que sea una mujer. No se si me explico. Lo leo y no me parece que la forma de pensar, de moverse, ni los gestos, sean los de una chica. De hecho al leerlo pensaba que era un hombre pero me chocaba el detalle de la sombrilla. Seguramente es una percepción mía y no le ocurra a nadie más, pero bueno, como siempre dices que agradeces las críticas…

estupendo, como siempre!

19 06 2006
Troutman

La cuestión de la primera historia me inquieta. De hecho una de mis mayores preocupaciones, tanto en este texto como en general, es no saber si soy capaz de plasmar de manera convincente los personajes femeninos. Quizá a modo de secundarios es más sencillo. En cualquier caso creo que esa primera parte puede ser retocada. Parte del problema de la dificultad para que se identifique con el sexo femenino es que no hay ningún indicador de género en las primeras líneas, y ni siquiera el nombre es suficientemente diáfano. Éso por una parte. Por otra creo que la primera descropción funciona bien, pero es demasiado propia, no sé si a un personaje como la japonesa le cuadra describir las cosas así.

Lo curioso es que la primera historia es la única que lleva una revisión (la escribí en el taller y luego la transcribí casi tal cual, para después añadir las otras 2 historias del tirón). No tenía intención de hacer de Antonio un trastornado. De hecho la idea de partida era entrelazar varias historias de manera circular, siendo la última la de un joven que se enamora de la japonesa. Como el dí que escribí el cuento había comido con un suministrador que habla por los codos y no escucha, pensé en untilizar ese rasgo, sólo que después se me fue la mano. Es lo que tiene no pensar.

19 06 2006
Blackstar

Bueno, es que es complicado. En otros textos no había tenido esta impresión, quizás es porque como dices, es el comienzo de la historia. No se, yo creo que a lo mejor simplemente es una chica no demasiado femenina, que también las hay. Pero bueno, tenía que decírtelo aunque sea una estupidez. Espero que no me mates después de esto, pero, quizás una de las cosas que no ayudan es el detalle de la colección de peluches y sus nombres (algo que si que suele ser habitual pero que aquí parece forzado para identificarla como mujer). Y creo que una mujer no sería consciente de su caída de ojos, esa es una expresión más bien masculina referida hacia una mujer.

Yo tengo el mismo problema con los personajes masculinos, seguramente los pongo a hacer o decir cosas que no siempre cuadran con como se comportaría un hombre, pero bueno, al fin y al cabo son tus personajes y tampoco han de responder a un estereotipo.

El siguiente que escriba yo te dejo que lo destroces, no me gusta nada nada “criticar” aunque sea constructivamente, porque el texto me encanta, como te dije, textos ajenos. Me siento una mala mujer.

19 06 2006
Troutman

Pues que no te moleste ni te haga sentir mal en absoluto. Incluso un texto perfecto admite críticas. Si te resulta agresivo, llámalos comentarios. De hecho, lo que comentas en este caso no sólo me parece correcto sino además muy instructivo. Analizar los relatos propios y ajenos es profundamente didáctico. Además, luego el autor puede o no estar de acuerdo con lo que se le indique, pero siempre tiene un valor.

Y las correcciones ortográficas las puedes hacer en público, soy un zoquete y el mundo debe saberlo.

19 06 2006
Dracma

El primer texto:
No me acuerdo de que impresión tuve cuando lo escuche por primera vez, es decir, no sé si pensé en una mujer o un hombre. Despúes de los comentarios lo he velto a releer intentando ser objetiva y soy incapaz, porque no puedo parar de pensar en una Reitxel japonesa.

De todos modos si que he sacado una conclusión: creo que lo de la falta de indicador de género durante las primeras líneas al que te refieres Troutman sí que condiciona, y es posible que sea eso lo que pueda predisponer a pensar que la “Jap” es un hombre.

Como dice la profesora del taller, si no se especifica nada al respecto, el lector se situa en lo que le es cercano y familiar, de modo que un texto en primera persona, sin pistas acerca del género del narrador o del tiempo, al lector le parecerá que se refiere al genero del propio autor, que en este caso es un hombre y a la época actual.
Imagino que si no supieramos que eres un “Adán” quizá al ser mujeres asumieramos que se trata de una “Eva”.
Me estoy leyendo “Juego de niños”, un libro de lectura fácil de “pseudointirga”, de Carmen Posadas del que no esperaba mucho, (Todo por posponer/intercalar “Muerte en Venecia” que me está resultando una agonía) que trata de una escritora de novelas de misterio que esta en pleno porceso de creación de un nuevo libro. En este sentido me está resultando muy interesante porque aunque de forma muy somera y de “andar por casa”, aborda un montón de cuestiones que se le plantean a un “escritor” a la hora de dar forma a una historia.

19 06 2006
Blackstar

Como dice la profesora del taller, si no se especifica nada al respecto, el lector se situa en lo que le es cercano y familiar, de modo que un texto en primera persona, sin pistas acerca del género del narrador o del tiempo, al lector le parecerá que se refiere al genero del propio autor, que en este caso es un hombre y a la época actual.

Pero Dracma, entonces yo que soy mujer, debería pensar que es una mujer. Si me situo en lo que me es cercano, quiero decir, no? No se, me gusta esta teoría.

Me alegro de que no te molesten los comentarios, yo también los veo necesarios, K. me hace algunos de vez en cuando que en fin, vienen muy bien.

Os invito a leer, y perdonad la propaganda, los relatos que escribe una buena amiga, en su blog, que tengo enlazado, Mimi Death. Entre ellos, la continuación del primer capítulo de “Entre fantasmas” de Palahniuk. Era para un concurso, por lo que explica.

Saludos!

19 06 2006
Dracma

“Pero Dracma, entonces yo que soy mujer, debería pensar que es una mujer. Si me situo en lo que me es cercano, quiero decir, no? No se, me gusta esta teoría.”

Si, en principio, lo lógico es que pensaramos que es una mujer, por el hecho de ser mujeres, pero creo que eso sería aplicable si estuviera narrado en tercera persona, porque entonces tinedes a identificarte mas con el personaje principal. Si un autor narra en primera persona, lo habitual es que la cercanía e “identidad” se proyecte sobre el “autor-protagonista” y más si lo conoces. Por eso, a no ser que desde el comienzo haya algo que lo impida, creo que lo logico será pensar que el protagonista es de edad, raza, y genero similar al autor, que en este caso es un hombre. De hecho, el se autoproclama de forma pública y sin pudor alguno “ultra mega macho man”.

De todos modos, voy a comentarle esto a la profesora del taller, porque ella domina este tipo de cosas a la perfección y quizá pueda decirme algo al respecto.

Gracias por la recomendación, este tipo de “propaganda” es de la buena, a mi me encanta que me recomienden blogs y links y libros y cosas, lo que sucede es que siempre me da apuro entrar en blogs ajenos sin permiso, pero imagino que si lo recomiendas es porque sabes que a Mimi Death no le importa. En cualquier caso para echarle un vistazo necesito primero llegar a tu blog, que es donde está el enlace ¿como se llega hasta allí? ¿tenog autorización para leer lo que escribes? ¿Y otra pregunta? ¿está el relato de Mimi Death de continuación entre fantasmas escrito en ingles?

19 06 2006
Troutman

Ya te respondo yo.

El enlace del blog de la galardonada escritora de blogs es uno de los que aparecen en la columna derecha de mi blog. Cuál? Adivínalo

Segundo, el relato continuación del primer capítulo de fantasmas está escrito en perfecto castellano. Lo que me he preguntado es, por qué coño no me entero yo de estas cosas que me ncantaría hacer? Por cierto, un primer capítulo bastante vacio de contenido, como casi todos los capítulos de transición entre relatos de ese libro de relatos que es fantasmas. era necesario hacer una novela con esos mimbres?

19 06 2006
Blackstar

Desde luego los blogs son para leerlos no? el mío está enlazado en el de Troutman, no te preocupes.
Y claro que se pueden leer los relatos de esta otra chica, los eróticos eso sí llevan una clave y hay que solicitárselos a ella.

El libro se llama Fantasmas, no entre fantasmas, estoy tonta. No lo he leído todavía porque por alguna estúpida razón me he lanzado a leer La Regenta, un libraco de 1000 páginas. Le estoy cogiendo algo de manía al Clarín y a Vetusta, todo sea dicho. Quién me manda a mi, sobre todo teniendo ahí otro libro de Ethan Canin, el de los inquilinos de Moonblon y la hoguera de las vanidades. Será porque dicen que Clarín era un experto en novela psicológica. Las partes “místicas” de la Anita Ozores son insufribles, así que no se si no abandonaré en unos días, veremos.

19 06 2006
Troutman

La hogera de las vanidades no es de Tom Wolfe? lo digo a botepronto y sin consultar.

Es necesario intercalar un clásico con las novedades, si no nos volvemos comodones, pero tirar de La Regenta me parece una temeridad, más o menos como si te hubieses decantado por El Quijote, pero peor. Pura curiosidad, y puro cotilleo: de qué conoces a esa tal Minideath? Lo digo porque no habías avisado de su presencia en tus enlaces

19 06 2006
Blackstar

La hoguera de las vanidades es de Tom Wolfe, si señor, y uno de esos libros que la gente señala como imprencindibles y que no se, aún no me he leído. ¿Tú tampoco?

Exacto, creo que intento leerme estos peñazos para no escuchar a mi conciencia. Así que de vez en cuando me obligo a leer cosas así. Creo que el próximo clásico será Guerra y Paz, aunque creo que ese puede gustarme, me gusta la literatura rusa del siglo XIX.

Mini Death es la novia del amigo de K., el de la editorial y el que nos saca los libros a costes irrisorios. No había enlazado su blog porque hasta el otro día no sabía que tenía, ni ella sabía del mío. Como su blog básicamente es de relatos, me ha parecido interesante señarlarlo para vosotros que también escribis.

20 06 2006
Troutman

Pues no, aun n o he leido nada de Wolfe. y lo cierto es que no sé qué pensar de ese hombre. Lo cierto es que ahora que me queda un capítulo para termnar nunca me abandones, llega la terrible fase de decidir la próxima lectura, que debería ser clásica .De todos modos quizás me decante por una biografía de Wittgenstein que tengo por ahí y que me llama la atención. Si no siempre puedo intentar volver con mi amigo el lobo Estepario, auqnue me den ganas de comerme los higadillos. Mi conciencia también se llama Villuendas, que aunque hace mucho que no pasa por aquí, siempre me recuerda la necesidad de centrarse en los clásicos, por un lado, y de sufrir leyendo, por otra.

Por cierto, mirando el blog de tu amiga, me he dado cuenta de qu8e es miMideath, y no minideath, que por otro lado me suena mucho más cachondo y me gusta más.

20 06 2006
Dracma

Ayer hice mis deberes y le pregunté a la Profesora del Taller acerca de las “suposiciones de género salvo indicador en sentido contrario” y nos comentó que la tendencia del lector es conferir al “prota” el genero del autor, siempre que dicho género le sea conocido, claro está. Y ahora la clásica duda: ¿qué sucede si el autor es hermafrodita?

A ver si entro en la pagina de Mimi, que todavía no he tenido tiempo, y me tiene intrigada.

Troutman, si mal no recuerdo, ¿tú no decías que tenías que leerte un clasico antes de empezar otro libro actual, como el de Kazuo/Kenzo? ¿o acaso las 18 hojas de minúscula letra comprimida del Diario de Adán y Eva sirvieron para acallar tu conciencia? (esto lo dice -sin sonrojo- la que tiene “Muerte en Venecia” cubriendose de polvo) mientras lee una novela de pseudointriga.

20 06 2006
Troutman

Exactamente. Esas 18 hojas (aunque en realidad en un libro serían bastantes más, lo mismo hasta cincuenta, no muchas menos que el extensisisisimo Muerte en Venecia) me sirvieron de excusa y autoengaño perfecto para arrearle a Ishiguro.

Si el autor es hermafrodita, yo creo que acabaría identificándolo como mujer, supongo que por el hecho de que no lo consideras de tu propio sexo y lo acabas asociando al conrtario.

20 06 2006
Drama

“Si el autor es hermafrodita, yo creo que acabaría identificándolo como mujer, supongo que por el hecho de que no lo consideras de tu propio sexo y lo acabas asociando al contrario.”

El hecho, no ya de que consideres siquiera contestar a mi sabia y profunda pregunta acerca del “hermafroditismo” y la autoría, sino que le dediques tres lineas, me hace cuestionarme el concepto que tienes de mi persona.

Y prefiero no responderme.

Me voy, que tengo que cavar un hoyo muy profundo¡¡¡¡

20 06 2006
Blackstar

Wittgenstein el del atizador de Wittgenstein?

Mi hermano se leyó el libro para la carrera y se lo prestó a K., a quien le encantó. Yo me veo incapaz, soy una vulgar vulgaris a la que le da una pereza enorme enfrascarse con esas cosas. Eso que me pierdo.

Yo tengo por aquí unos clásicos que tengo que obligarme a leer: los cuentos de Canterbury, Fuente Ovejuna de Lope de Vega (este sería releer), o bien, volver a los libros de caballerías, un género que siempre me da satisfacciones, como el Amadis de Gaula. Odio a la Regenta un poco más cada día, es tan insufrible y tan veleta como la Anna de Anna Karenina.

Ostras, la minimuerte, espero que no le importe, con el sentido del humor que tiene seguro que no.

Dracma gracias por lo interesante de la teoría del género.

21 06 2006
Nuala

Aplausos para el autor.

Yo tampoco encuentro muy femenina a la japonesa. Quizá es lo que decís de las suposiciones de género pero a medida que leía sospechaba que era un hombre tratando de parecer mujer. Y eso no es exactamente ser una mujer. Debe ser difícil sin caer en estereotipos. Creo que a mí se me da mejor describir hombres que mujeres…

Si tengo que objetar algo más, lo de las calles y tal de la japonesa se hace largo y no hace avanzar mucho el relato aunque sí consigue sensación de agobio y calor.

Felicidades.

Yo también visitaré a Mini/Mimi-muerte.

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