Y un tiempo después…

29 08 2006

Escribiendo se aprende. Por eso mismo hay que seguir haciéndolo. Hay algo intrínsecamente bueno en juntar letras y además mostrarlo. La sensación que queda después es, como mínimo, la del deber cumplido. Más o menos la misma que ayer tuve al llegar a casa tras 30 minutillos de carrera, después de estar prácticamente 7 meses sin calzarme las zapatillas pisar el asfalto. Lo echaba de menos, la energía que aporta quemar energías de esa manera es asombrosa.

Este lunes estuve enfermo por culpa de un atracón de comida. Cada vez que alguien me pregunta por la razón de mi pequeña convalecencia vuelvo a explicar, como hago ahora, que la sidra y el chorizo son letales para mi estómago. Más aún cuando el chorizo es asturiano, una auténtica bomba H para cualquier capa gástrica. Lo que no cuento es todo lo que vino entre medias, ni el Cabrales que me pedí de postre y terminé gracias a mi cerebro de pez. No me acordaba de que estaba harto, y como consecuencia todo ese queso acabó siendo expulsado al día siguiente por donde no debía. Si algo no recomiendo, es vomitar Cabrales, aunque desde luego es una experiencia. Todo aquel día de estar postrado con nauseas y un poco de fiebre en el sofá me recordó las pocas veces que caigo (realmente) enfermo, y lo malo que soy. Y en esas ocasiones nunca leo, ni escribo ni fuerzo una sola neurona, por lo que la televisión se convierte en el pasatiempo, y queda demostrado por qué se le adjudica el tan sobado apelativo de caja tonta: no es porque los contenidos sean estúpidos en su mayoría, sino porque no hace falta ni siquiera llegar al grado de atención de una ameba con idiocia para estar delante y pasar el rato.

Muchas veces nos encontramos con esa gente que no quiere pensar, que cuando sale de trabajar lo único que quiere es ver pasar la vida con un poco de entretenimiento hasta la próxima jornada laboral o la borrachera del viernes. Esa para la que el Sudoku es el culmen de la actividad mental. Ahora, ¿realmente podemos reprocharles algo? Siempre es la misma historia relativista: ¿Quién soy yo para juzgar? Para denostar el Código DaVinci (sí, una vez más, no me cansaré nunca, vosotros os hartaréis antes que yo), o el Poseidón de turno, o a los que se intentan bajar Poseidón de Internet (a sabiendas de que será un screener con imagen y sonidos deleznables) para encontrarse con una película porno-gay, o los que se quedan trabajando hasta que anochece para no ver su casa vacía a la luz del Sol. O los que llevan calcetines blancos con náuticos. Después de miles de vueltas, siempre acabo dándome cuenta de que está menos justificado poner a parir todo eso, pero sin embargo es mucho más divertido.

Discutir lo es, y me he dado cuenta de que mi capacidad para ello no conoce límites y puede llegar a ser enervante, aunque me suelo dar cuenta de cuándo he llegado a ese punto. Por ejemplo, sé que cada vez me resultará más difícil encontrar quien quiera volver sobre los problemas de la definición del arte y el buen arte. Discutiendo, no suelo dar mi brazo a torcer con asiduidad, pero sin embargo soy tremendamente permeable e intento interiorizar y pensar sobre los puntos de vista de aquellos que se sientan frente a mí, argumentos que es posible que utilice con posterioridad. Y si a veces utilizo puntos de vista que realmente no coinciden con los míos (de manera estricta) no es por el mero placer de llevar la contraria solo por llevarla (como algunos hacen), sino para forzar el discurso del que se enfrenta, y ver que hay de interesante en ellos. Casi siempre hay algo.

Está terminando de bajarse “La vida en un hilo de Edgar Neville”.

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4 responses

29 08 2006
Dracma

Voy a darte cañita”
Aunque reconozco que en el fondo me resulta divertido que por cuestión de “principios” tengas un par de opiniones opuestas sobre todas las cosas, a la vez me resulta desconcertante. Me es dificil saber cual es la postura real, de hecho, a veces me entero de casualidad, porque tú, todo magnanimo, despues de hacerme defender un tema durante media hora, me dices: “no, si yo tambien estoy de acuerdo¡¡¡¡”

En cuanto a la motivación de tu peregrina forma de discutir, en el fondo tienes que admitir que a ti, lo que básicamente te gusta, es agotar al “enemigo”, poruqe para contribuir a que los demás refuercen sus posturas podrías recurrir al scorrido y relajado..”estoy de acuerdo, no obstante esa o aquella idea flaquea por estos motivos…” o “pero aun así tengo estas objeciones…” lo cual daria lugar a una conversación mucho mas relajada, pero tú prefieres rebatir tajantemente toda idea, y es que, Troutman, sientes placer físico en manifiestar una opinion diferente a la de tus interlocutores.

A este paso, cualquier día, movido por la necesidad de llevar la ocntaria te oiré defender la calidad literia del Codigo Da Vinci. Eso sí, sin haberlo leido antes…claro está.

29 08 2006
Troutman

Juro que un día, escuchando, cómo no, la COPE, me entraron unas ganas estratosféricas de poder defender semejante engendro, ante el ataque indiscriminado que sufrió su adaptación cinematográfica. Pero hay cosasque no se pueden hacer.

No me gustan las conversaciones de monóculo y té de las 5, no puedo evitarlo. Insisto en la necesidad de enfrentarse para exprimir las ideas, ya que tus “estoy de acuerdo, no obstante esa o aquella idea flaquea por estos motivos MORTIMER…” parecen un tanto soporíferos, y sabes que aún así, utilizando ese tacto, una buena discusión siempre acaba con cierto acaloramiento. Pero admito que también lo hago por pura competición, nunca he negado que me encante el olor de la victoria.

29 08 2006
Dracma

Me alega que te guste el olor de la victoria, Toutman, porque si te bates conmigo tendrás que conformarte con eso, con olerla, y desde lejos, porque la coseguiré sin siquiera despeinarme y despúes, y solo si te portas bien, quizá te deje rozarla…

30 08 2006
Nuala

Qué acaloramiento, por dios…

A mí no me gusta demasiado discutir, lo justo. El enfrentamiento de ideas de forma calmada y amistosa me parece mucho más fructificante. Eso sí, con un poquito de salsa que sino, como bien dices, se hace aburrido.

Mi estómago debe ser a prueba de bombas H…

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