Quemar las fotos

3 11 2006

Era una sensación parecida a tener una palabra en la punta de la lengua, pero me ocurría mentalmente. Una imagen, una conversación, el reflejo del sol en una ventana, cualquiera de estas cosas disparaba en mi cerebro la certeza de que rememoraba algo de mi pasado, pero era solo un instante y nunca llegaba a aprehenderlo. Ya me había acostumbrado y resignado a ello. Después de todos aquellos meses sometido a fotografías y objetos que me pertenecieron pero no me recordaban nada salvo vagas impresiones que se desvanecían, ya ni siquiera me sentía frustrado.

Y sin embargo, ayer, en la sección regional del periódico, una instantánea me llamó poderosamente la atención y no pude sacarla de la cabeza en todo el día. Era un minúsculo reportaje local sobre el aniversario de la apertura de un despacho de abogados en el que un jefe posaba sonriente mostrando una dentadura inmaculada y los brazos apoyados en una mesa de nogal de apariencia anticuada, rodeado por los que debían ser sus ayudantes o empleados, cuyas caras no poseían ni la arrogancia ni la suficiencia, ni tampoco la felicidad, del que se recostaba sobre la mesa en mitad de aquella fotografía. Al verla, otra vez aquella sensación, ése escalofrío provocado por saber dónde encaja la pieza del puzzle, pero no poder ver ni la pieza ni el puzzle. Nada nuevo, salvo que esta vez la intuición no se desvaneció arrastrada por el momento, como era habitual, sino que siguió allí a lo largo del día y me ha estado acompañando hasta hoy. Algo que tiene que ver con la frialdad, pero que no podía llegar a definir. Existía algo en esa fotografía que sé que perteneció a mi pasado, pero no sabía si era el pisapapeles de la anticuada mesa de nogal o la delgada mujer con facciones rectilíneas que aparecía en un extremo de la habitación. Quizás esa joven de rostro tan serio y belleza deslumbrante había sido mi esposa en otro tiempo.

Ya no estaba seguro porque quemé todos los objetos que los médicos me ponían delante de las narices en el hospital queriendo que recordara, forzándome a retomar las imágenes de mi vida. Los quemé y huí de allí. Ya no tenía sentido rescatar lo que había sido, no podía seguir perdiendo el tiempo de aquella manera, y decidí arrancar de nuevo y partir de cero. Así que no era posible cotejar el periódico local con mis recuerdos plasmados en un papel, ni intentar visualizar las personas que me mostraban los médicos, porque eran caras de gente ajena, y ésas se olvidan en cuanto se aparta la mirada.

Pero el tiempo que se deja atrás nunca lo deja en paz a uno, y lo que es peor, finalmente descubres, incluso, que no quieres dejarlo atrás. La fotografía del periódico me tenía obsesionado. Volvía a mirarla, sentado en la penumbra del húmedo apartamento en el que podía permitirme vivir después de la huida, y notaba una sensación de inocencia y alegría, mezclada con desprecio, pero que no acababan de encajar con nada. Por más que me fijara en la estática y etérea mujer del extremo de la habitación con una mesa de nogal en el medio, no lograba añadir emociones ni datos. Ya estaba harto. Tiré el diario a la basura y cogí la mochila con la ropa de trabajo. Desde que escapé he sobrevivido a salto de mata, con los empleos que han ido surgiendo. En ninguno de ellos me he encontrado a gusto, ni tan siquiera he sentido que me fuera familiar. Quizás nací sin vocación. Quizás fui un aristócrata adinerado.

Camino del centro comercial, la foto seguía existiendo como ruido de fondo. Hacía bastante frío y las luces ya estaban colgadas en las calles. Entré en los vestuarios y me vestí como un auténtico energúmeno. Me senté en la entrada del centro, mientras el aire helado de la media tarde me subía por entre los calzones, rodeado de música y adornos navideños. No sabía si detestaba toda esta parafernalia por culpa del trabajo o lo había hecho siempre. Al menos los niños eran islas en todo ese entorno, con sus risas de verdad, subiéndose en las rodillas de esa mentira andante que era yo, el rey mago impostado, el retazo de persona. Un crío con pelo cortado a cepillo y muy repeinado se subió sobre mis rodillas. Tenía cara de asustado y yo le sonreí para darle un poco de confianza, y le alboroté el pelo con mi mano. Al hacerlo, observé que el que debía ser su padre nos miraba. Era extraño porque parecía como si nos escrutara, como si estuviese intentando acordarse de a qué le recordaba aquello. Lo sabía, porque estaba harto de ver mi cara con esa misma expresión.

El ruido de fondo, de repente, se hizo más intenso, y al volver a girar la cabeza hacia el adulto que nos miraba, lo reconocí. Era el hombre mediocre y seguro de sí mismo de la foto del periódico; el jefe apoyado en medio de sus súbditos. Y justo al ser deslumbrado por el flash de la cámara del fotógrafo del centro comercial, con el niño apoyado en mis rodillas, le avalancha me arrastró. Me acordé de Santi, mi mejor amigo del colegio. Santi era ese hombre que nos miraba. Recordé los aburridos regresos de la escuela junto a él; recordé las carreras detrás de las chicas; recordé los chicles pegados debajo del pupitre; recordé las tardes llegando a su casa a comer galletas con la camiseta sudada; recordé el momento en que me delato delante del director por atascar los baños; recordé mis juergas de universidad; recordé las calles de Colonia; recordé el día que acabé la universidad; y recordé el momento en que conocí a mi mujer; recordé las cortinas de mi casa y la luz del sol a través de ella; recordé a mi hijo en mis brazos; y recordé aquella carretera.

Ahora, toda la historia que relataba el doctor sobre el accidente, las fotografías que me enseñaba para que volviera a ser yo, las habitaciones del antiguo hogar por el que me hacía pasear, todo aquello que en esos momentos me era extraño, ajeno y frio, ahora duele. Todo es culpa de Santi.

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8 responses

3 11 2006
Blosit

Buenas dado que bitacoras.com está cada vez más abandonada (la mejor muestra es que el mensaje del panel de control lleva un retraso de varios meses), con contínuas caídas, me gustaría invitarte a crearte un blog en http://blosit.com . Utiliza WordPress y es totalmente gratuito. Además tendrás 100MB de espacio y podrás subir archivos de hasta 500KB. Y eso no es todo ya que podrás importar todo tu blog de bitacoras y no perder todas las anotaciones que has hecho!
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3 11 2006
Blackstar

No sé si he entendido todo el relato, pero debo ser yo que estoy algo espesa.
Tiene un accidente y a raíz de él pierde la memoria, vale. ¿Era su amigo el que conducía? Su mujer le abandona y se va con Santi o a raíz de que su mujer se vaya con él él intenta matarse con el coche?

Sea como sea, me ha gustado mucho, pero me gustaría una pequeña aclaración.

3 11 2006
Troutman

No es espesura, simplemente no he aclarado el accidente porque en la clase del taller del Lunes todos parecieron comprender, o al menos no preguntaron por ello. Pero visto lo que comentas, es evidente que no es nada evidente. Y casi hasta me gusta. La idea es simplemente que en el accidente de coche se matan su mujer y su hijo. Pero qeu su mujer huyera con Santi es una aopción que ahora me resulta interesante. En un principio Santi tiene la culpa de todo, pero simplemente porque le provoca tener que recordar todo aquello que se había quedado con la amnesia y el se negaba a volver a tener presente.

Quizás es demasiado confuso para dejarlo tan abierto?

3 11 2006
Blackstar

A mi si me parece algo confuso. Pero es que mi mente es confusa. También había barajado la opción de que su mujer estuviese muerta, pero entonces, por qué aparece en la fotografía del despacho de abogados del periódico? Creo que yo he interpretado que la fotografía era de ahora cuando es obvio que es del pasado, de cuando se inauguró.
Ahora ya me cuadra más todo, pero al hablar de que la culpa es de Santi, no me da por pensar que simplemente se refiere a que su presencia le hace recordar.

Me gusta la confusión porque me gustan los finales abiertos, pero también como lectora, a veces es un poco frustrante no saber qué ha querido contar exactamente el autor.

Creo que al releerlo lo he visto más claro, pero sigue siendo muy ambiguo. Lo cual para nada es un defecto, en tu mano está que quieras que sea más claro o que cada uno piense lo que quiera.

3 11 2006
Blackstar

A mi si me parece algo confuso. Pero es que mi mente es confusa. También había barajado la opción de que su mujer estuviese muerta, pero entonces, por qué aparece en la fotografía del despacho de abogados del periódico? Creo que yo he interpretado que la fotografía era de ahora cuando es obvio que es del pasado, de cuando se inauguró.
Ahora ya me cuadra más todo, pero al hablar de que la culpa es de Santi, no me da por pensar que simplemente se refiere a que su presencia le hace recordar.

Me gusta la confusión porque me gustan los finales abiertos, pero también como lectora, a veces es un poco frustrante no saber qué ha querido contar exactamente el autor.

Creo que al releerlo lo he visto más claro, pero sigue siendo muy ambiguo. Lo cual para nada es un defecto, en tu mano está que quieras que sea más claro o que cada uno piense lo que quiera.

3 11 2006
Ana

A mí mi hermano pequeNo tiene que explicarme los anuncios porque no entiendo la mitad, así que tampoco soy una lumbrera de la interpretación, pero aquí me pareció todo muy claro. A lo mejor es precisamente porque soy muy simple y no me como tanto la cabeza… Me metí de lleno en la historia, hay suspense hasta el final, y lo entendí como lo cuentas, Troutman. Corrígeme si me equivoco pero la chica de la foto sólo le llama la atención por su belleza e intenta ver si es ella la que le recuerda algo pero no es así; al final sabemos que lo que conocía de esa foto era Santi. De hecho me parece curioso y me gustó que fuera un compaNero de escuela con el que se aburría, en vez de una persona más importante en su vida como sería lo típico. Es verdad que con la idea de Blackstar de que Santi se hubiera fugado con su ex se puede hacer algo… Aunque me recuerda un poco a “Ghost”, pero sin fantasma. Bueno, ahora necesito averiguar si mi profe de literatura del instituto tiene e-mail para mandarle una copia de esto, porque con lo que odiaba yo los comentarios de texto y ahora paso un Friday night haciendo eso…

5 11 2006
Dracma

Me encanta. Me parece un relato increible, desde el primer párrafo, sugerente y cautivador hasta la críptica frase final.
En cuanto a si se entiende yo lo he vuelto a ver my claro también, pero lo cierto es que en mi caso no tiene mucho mérito, porque debido a los ejercicios del taller sabía de antemano una serie de datos que ayudaban a entenderlo. Por otra parte me da la impresión de que tengo un master en entender tus textos, y eso que a veces tampoco me queda claro el mensaje de los anuncios. En esos casos, me convenzo de que está claro que esa publicidad no estaba dirigida a mi y pienso que ellos se lo pierden, porque soy una “muy buena consumista”.

10 11 2006
Nuala

Yo estoy de acuerdo con Blackstar, también me resultó confuso el final (cuando lo leí hace días porque no hay manera de que bitacoras me deje poner comentarios aqui.Aunque puede que se solucionara con una relectura.

Será porque siempre pienso en algo oculto, que intento ir más allá del texto sin necesidad y también imagino una traición de Santi y la mujer cuando repites lo de que todo es culpa de Santi. Me imagino a Santi huyendo con la mujer y el hijo, estrellando el coche y subreviviendo sólo él.

Vamos, que se me va la pelota.

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