Día 5. Rutina de montador

9 11 2006

Material de oficina

Estamos finalizando el ramadán. En lo que a nosotros concierne, esto supone que no hay buffet temático en restaurante del nivel U1 ya que en el del piso 5 hay buffet especial de ramadán; que tenga una lógica, es otro cantar. Además, gracias a ello pude deleitarme con las imágenes de los rezos multitudinarios en la meca visto por la tele, la primera noche que dormimos en Penang. Acrecentada por el estado semi-etílico del momento, la sensación era terriblemente hipnótica: mareas y mareas de fieles haciendo la ola arrodillados invocando el nombre de Alá. Algo parecido a lo que me pasa por la cabeza cuando he acudido a alguna misa y durante los momentos de rezo me acuerdo de la escena de Indiana Jones y el templo maldito en el que los tronados de las minas se dedican al sacrificio humano orando en pleno éxtasis, pero multiplicado por 100. Mañana y pasado mañana se celebra el final de este periodo con el Hari Raya Aidilfitri, momento en el que los musulmanes suelen regresar a sus hogares de infancia para reencontrarse con la familia, expiar sus pecados confesándoselos a los mayores, preparando comidas para los invitados y agasajando a los más pequeños de la familia con todo el dinero que pueden para caprichos (toma momento capitalista). En la recepción del hotel tienen pegados unos carteles con lucecitas pseudo-navideñas con velcro felicitando el Deepavali y el Hari Raya. Cuando estoy consultando en recepción si las cenas pueden cargarse a la habitación, el letrero se despega y se les cae todo el tinglado.

El día en la planta transcurre con normalidad. Las contratas van haciendo sus trabajos, el aire huele a acería y el sótano del horno debe de estar inundado desde los tiempos de Mahoma y lleno de cascarilla. Ése sótano es lo más parecido a las galeras. Al mediodía vamos a comer fuera de la fábrica, ya que la cantina de la misma está cerrada por las festividades (y aunque no lo estuviera, Montador1 dice que se niega en redondo a pisarla después de mi descripción del recinto y la comida). En concreto nos presentamos en algo bastante similar a un chiringuito a pocos kilómetros de allí, con toldos de plástico, sillas de terrazas blancas (por supuesto, en tiempos de Mahoma: ahora el color es directamente indefinible) y manteles rosas descosidos y grasientos. En una mesa redonda nos esperan tres encargados locales y un occidental calvo y rapado de bastante envergadura. Resulta ser un supervisor de la competencia italiana, que está trabajando en otra de la líneas de laminación de la fábrica a la vez que nosotros. Mr. Sim me dice que, ya que se hospeda en nuestro hotel, ¿por qué no le acercáis en vuestro coche por las mañanas (y él se ahorra un taxi, pero no lo menciona)? No tengo nada contra el italiano, siempre que no nos haga madrugar más para venir, lo que parece su primera intención al entablar una charla con él, en perfecto castellano. Tiene acento sudamericano, me imagino que de otras guerras de montaje y puesta en marcha. Lo cierto es que la comida del chiringuito está bastante bien, pero es que aquí se disfruta hasta de los garitos más infames.
Cuidado con los abuelos

Penang es conocida en Malasia y Singapur como el centro gastronómico del país. Al menos en número de locales debe ser cierto, porque la cantidad de restaurantes es notable. La pareja que conocimos en el viaje anterior a estas tierras, y que siguen, por cierto, con su retorno a casa en tren (actualmente deben estar entrando en Rusia), comentaban la última vez que la vida de la gente de la zona es tan sumamente triste en entretenimientos que su mayor diversión pasa por las excursiones culinarias a los restaurantes de la ciudad. Y si no es cierto, eso les entendí. Y aunque no fuera cierto al menos suena plausible, porque desde luego deporte no hacen, ni tienen bares, ni he visto asociaciones filatélicas. Pero en el fondo, tampoco se diferencia tanto de la vida de los que estamos en la otra parte del mundo.

Al volver a casa y la rutina nocturna, vemos que hay una diferencia notable. La teclista del grupo de filipinas ya no está, y en su lugar ha aparecido un malayo que parece el ayudante de Chuck Norris (y al que de ahora en adelante llamaremos “El samoano”). Lo cierto es que no canta mucho peor, ni toca su casiotrón de una manera diferente (me pregunto si todo lo que sale del aparato no estará programado, o más concretamente, me pregunto si alguno de los sonidos que salen del aparato no estará programado). El occidental del Jack Daniels ha desaparecido.

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One response

9 11 2006
Dracma

¿buffet especial ramadam? ¿Lo has probado? ¿De que se compone? ¿de souffle de aire, espuma de vacío, vapor de verduras etc…? ¿cuando está abierto ese buffet? ¿sólo por la noche?

Por otra parte, confesar tus pecados a los mayores es terrorifico, peor que no comer en presencia del sol.

La filipina se ha debido de ir al México que está cerca de España.

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