El profesor de piano

10 11 2006

Aquel año solo tenía tres alumnos en primer curso. Ella se llamaba Eva y tenía una voz maravillosa, tanto daba que cantara o que hablase, la cadencia y la sonoridad te arrullaban. Su voz era limpia y lo absorbía a uno como incluso cuando sabías que estaba contando una de sus mentiras.

Siempre dejaba las puertas abiertas en horario de clase. Las clases de piano duraban una hora y se distribuían a lo largo de la tarde. En cuanto salía un alumno del salón de mi casa, donde el piano se encontraba en una esquina, entraba el siguiente, que esperaba en el recibidor. Ella era la primera, y tras Eva siempre aparecía Ander con sus pisadas que hacían estremecer el suelo de madera. Todo crujía en aquella vieja casa a su paso, y mientras se acercaba al piano reconocía todas mis alfombras por el sonido de sus pies. Tenía unas manos horribles de escayolista, duras y ásperas como longanizas de piedra. Era un alumno terrible, pero pagaba religiosamente, no hablaba apenas y aprecia buena persona. Sólo resultaba un poco molesto cuando yo le hacía reír, ya que tenía la costumbre de asestarme una palmada en la espalda que me dejaba dolorido el resto del día. Si hubiera podido mirarme, estoy seguro de que hubiese visto una gigantesca marca roja con forma de manopla.

Cuando Ander salía, Orson entraba en escena. Eva me contaba que era delicado y atento, rubio y estilizado, y un gran amante. Yo nunca llegué a intuir nada de aquello en él, porque Orson llegaba, saludaba, tocaba, afirmaba o negaba mis comentarios, aprendía y se marchaba. Cuando me daba la mano al finalizar las clases, siempre tenía las palmas sudadas. Sería porque su horario de clase estaba más cerca del anochecer, pero casi siempre sentía frío en su presencia.

Cuando todo se quedaba en silencio, cogía el bastón y subía al piso de arriba para escuchar la radio, intentando huir de todo aquel piano que resonaba durante el día en el salón, botando contra las paredes y las moquetas, los cuadros que Eva me decía que eran tremendamente recargados y un poco siniestros, las cortinas, todo aquel mobiliario que mi hermano me había recomendado para dar un toque un tanto barroco a la estancia y lograr más empaque ante mis alumnos. Esos muebles que a mí me eran indiferentes excepto si tenían aristas vivas.

Eva adoraba mentir, y se jactaba de ello delante de mí. Supongo que hacía lo mismo delante de Orson cuando tomaban café juntos en el bar que hay bajando las escaleras de mi casa, mientras Ander aporreaba las teclas ante mis resignados oídos, o delante de Ander en ese mismo bar mientras Orson congelaba mi espinazo. Según ella, Ander le hacía reír, y era lo único que le importaba, más allá de que lo considerara unidimensional y no supusiera un reto para sus mentiras. No sé cómo se puede amar a una persona así, pero lo cierto es que ellos dos bebían los vientos por Eva, y aunque es probable que intuyeran que les engañaba, no se daban cuenta hasta que punto. Un buen día, incluso, hasta quiso sentarse en mis rodillas.

Eva vivía sola, y por el tono de su voz diría que es casi lo único cierto de entre todas las historias que me relató durante aquella época. Ocupaba su tiempo contando historias a todos los hombres que se cruzaban en su camino, incluyéndome a mí. Si debo creerla, había más aparte de Orson y Ander, pero a veces era tal la cantidad y tan estrambóticos los nombres y las ocupaciones que a veces resultaba inverosímil. Yo se lo decía y ella tomaba nota, porque me utilizaba como piedra de toque para evaluar sus entramados de invenciones. El dominio que logró con su voz era asombroso, y el tono era el mismo cuando me leía la previsión del tiempo para el día siguiente que cuando aseguraba haber estado bailando hasta altas horas de la madrugada con un presunto vampiro.

Aquel día, una semana antes de finalizar las clases, decidí hacer un alto para que Eva me cantase un de mis letras favoritas, mientras yo la acompañaba al piano. Siempre que escuchaba aquella canción pensaba en el mensaje tan sincero y sencillo que transportaba, pero a mitad de canción, justo en aquel instante, pasó por mi mente que fuera toda una invención, que el que la compuso pensaba exactamente lo contrario, y que no tenía ningún sentido excepto por la música que lo acompañaba. Era la hora de cambiar de alumno, y yo estaba absorto en el otro mundo cuando Ander me trajo a éste de nuevo con su terremoto andante. Eva dejó de cantar, y escuché un sonido de una respiración a la que repentinamente le falta el aire. Esta vez, la transición de pasos maderas crujiendo-alfombra- maderas crujiendo-alfombra fue mucho más rápida de lo habitual. Oí a Orson gritar implorando clemencia y justo después un golpe, el inconfundible sonido de carne y huesos contra carne y huesos rotos. Después, un nuevo retumbar de pisadas aceleradas que se perdieron por la puerta de entrada.

Creyendo que Ander no podía acudir a la clase de ese día, le había dicho a Orson que adelantara la suya. Lo que no sabía es que había acudido antes de tiempo, ni que Ander finalmente había podido arreglar los asuntos que le impedían asistir, ni tampoco nunca quise saber qué estaba haciendo Orson exactamente al tiempo que Eva cantaba. Prefiero no saber qué vio Ander para matarlo de un cabezazo en el salón de mi casa.

Eva se quedó conmigo hasta que vino la policía, acariciándome la cabeza con sus extraordinarias y estilizadas manos. A veces la echo de menos; la manera en la que me leía las noticias del periódico antes de comenzar a tocar; su manera desastrosa de seguir el ritmo, sus suspiros, el olor de su piel cuando fuera estaba lloviendo. Pero hace unos días he descubierto que puedo tenerla otra vez en casa. Parece que ha conseguido un trabajo en la radio local, y estoy seguro que llegará muy lejos.

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8 responses

10 11 2006
Troutman

No puedo evitarlo, y aunque había actualización caliente con un solo comentario (que me consta que estábais deseando comentar pero no podíais por el mal funcionamiento de lpágina, lo sé, estoy seguro, no es que ya no me queráis) necesitaba colgar este relatillo para recavar vustras opiniones, ya que en el taller le resultó muy confuso a la gente. Sólo he metido unos matices, pero me niego a ser explícito hasta que no me aseguréis que no hay Dios que lo entienda.

10 11 2006
Blackstar

La leche. O soy muy tonta o hacia el final me pierdo completamente. Estoy desconcertada. Lo he leído atentamente dos veces y no entiendo el final. Quiero decir, que estas frases: “Pero hace unos días he descubierto que puedo tenerla otra vez en casa. Parece que ha conseguido un trabajo en la radio local, y estoy seguro que llegará muy lejos”, entiendo que encierran algo más que lo literal, y sin embargo no lo entiendo. Ella se fue tras la muerte de Orson, entonces qué planea el profesor para decir con seguridad que puede tenerla otra vez en casa?
También he llegado a pensar que Eva no existe físicamente, es sólo una voz de la radio en un programa, y que el resto lo imagina él. Pero entonces no entiendo nada. ¿Qué impulsa a Ander a matar a Orson?

Troutman, no seas malo, danos la clave! Quizás es que estoy perdiendo mi intuición. Les ha mentido Eva a los dos diciendo que se acuesta con uno y otro y es cuestión de celos? Conociéndote, creo que ni me acerco a lo que has pensado.

10 11 2006
Troutman

Este texto viene de lo escrito este Lunes en el taller, en el que se trabajaba el narrador-testigo en primera, cuya implicación en el texto como personaje sea mínima y su percepción se limite a lo que el ve. Y dije, vamos a llevarlo al extremo. Por tanto, la clave del texto está precisamente en lo que le profesor ve, o mejor dicho, lo que no ve.

Aparte de esta clave, supongo que puede quedar alguna otra confusión como la relación de Eva con Ander (se lo trajina o no se lo trajina?), aunque podría ser circunstancial. Y además no lo sabemos porque todo lo que conocemos de estos dos es lo que Eva nos cuenta.

13 11 2006
Dracma

Como ya sabes, la idea me parece muy buena, pero creo que a la hora de plasmarla has sido muy críptico, mucho más de lo habitual, quizá demasiado. No voy a desvelar el secreto, por si alguien lo adivina, pero yo haría explicito el misterio al final, en plan sorpresa.

Me gusta especialmente lo de las longanizas de piedra y lo del olor de la piel.

16 11 2006
Nuala

Me gustan los textos que sugieren más que explicar detalladamente (con las pelis igual), como lectora me suponen un reto y yo lo hago menudo aunque corres el peligro deque el lector se pierda.

Lo que yo entiendo: la tendrá de nuevo en casa, pero sólo su voz en la radio. Tendrá su voz, como dice el texto.

Respecto a lo demás:

Eva se trajina a los dos, a Orson y a Ander. O al menos eso intenta. Ander es un bruto pero está enamorado de ella, como el profesor de piano. Orson, en cambio, sólo quiere su sangre. Es un vampiro. La chica no mentía en eso. Por eso el narrador sentía frío en el espinazo al estar con él. Cuando Ander entra antes de tiempo se encuentra a Orson intentando morder el cuello de Eva y mata a Orson de un cabezazo (si es que se puede matar a un vampiro de un cabezazo). El final no deja claro si ella ha sido vampirizada o no. Y eso me gusta. Al fin y al cabo ella ya era como un vampiro, hechizaba a loshombres con su mentira y con su voz. Y el trabajo de locutora le va a consegui millones de víctimas nuevas.

Me ha gustado mucho. Felicidades.

16 11 2006
Nuala

Y si yo consiguiera escribir todas las letras de las palabras y separarlas entre ellas correctamente (¡el puñetero teclado del trabajo es una mierda!) se me entendería también mejor.

16 11 2006
Troutman

Impresionante la versión del vampiro. De verdad que no era mi intención, pero me ncanta. De todas maneras el texto es bastante pobreen cuanto a escritura, necesita un poco más tde trabajo. Y sobre todo requiere urgentemente que identifique la tara física del pianista, porque si no resulta altamente confuso.

Muchas gracias a todas por vuestras opiniones.

16 11 2006
Nuala

¿Pero no es como he dicho? Joder…

Es lo que tiene la interpretación, que entra en juego el bagaje cultural de cada uno, y el mío es un tanto freak, qué le vamos a hacer. Para mí estaba todo clarísimo. Si no hay vampiro a lo mejor ya no me gusta tanto… Ya me he hecho mi propia versión, ale.

Y el profesor es ciego, ¿no? Por eso todas sus descripciones son sonoras y olfactivas.

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