Odiaba las colas (Contextualiza a Oscar: parte 1)

18 02 2007

NOTA: Dado que en el taller estamos trabajando sobre un único personaje durante estas semanas, he decidido centrarme en el protagonista del cuento “El mundanal ruido”, ya que necesito darle una vida anterior.

Odiaba las colas. Y allí estaba esperando a que las diecisiete personas que tenía delante terminasen el papeleo que tuvieran que cumplimentar en la oficina de tráfico. Se habían organizado, lo sabía, para ir todos a la misma hora y ralentizar sus trámites burocráticos. La hilera de gente se movía despacio y se estaba empezando a poner nervioso. Tenía dos portadas de libros que terminar de diseñar para mandar a la imprenta esa misma tarde. Su figura sobresalía por encima de las cabezas del resto de la cola, desgarbada y compuesta por piel y huesos. Su aspecto no muy saludable se veía resaltado por un pelo y unas barba canos y unas importantes ojeras. Parecía que tuviese 45 años. En aquellas oficinas de tráfico no hacía mucho frío, pero el tenía los pies congelados, pese a las botas de montaña y los dos pares de calcetines que habitualmente calzaba. Todavía diez personas por delante y aquello no se movía. Se llevó la mano izquierda a la boca inconscientemente y comenzó a roerse uno de sus largos dedos. Cuando era niño, habían probado toda clase de remedios para quitarle aquella costumbre que le dejaba los nudillos en carne viva, pero había sido en balde. Aquella época, su infancia, había sido un verdadero sufrimiento para él. Siempre pensaba que nadie le comprendía, ni sus compañeros, ni sus compañeros, ni sus padres, ni siquiera la televisión. Los hubiera borrado, hubiera hecho desaparecer todos esos recuerdos, y también a las personas dentro de los recuerdos. Ahora todo iba mejor, pero no podía evitar pensar que nada era como antes. Cinco personas en la cola. Tenía ganas de salir de allí. Se ajustó las gafas y aprovechando que tenía la mano cerca, se mordió un poco la falange del dedo meñique. Solamente lograba aplacar su desgastadora manía cuando estaba concentrado, pero se acrecentaba cuando se ponía nervioso, especialmente en momentos como aquel, rodeado de gente y obligado a permanecer entre ellos contra su voluntad, sin escapatoria. Se miró las botas para pasar el rato, y después se dedicó a observar a la gente de alrededor, sus vaqueros ligeramente desgastados, los cristales semi-opacos de las ventanillas de atención al cliente, y la cola, que ya casi estaba desapareciendo. Ya quedaba poco para volver a su casa, aunque en ese mismo instante el hecho le resultó un poco descorazonador, viéndose a si mismo frente a la televisión una vez más, sentado en el sillón pensando que los concursos de la televisión que veía a no se podían comparar con el Un,dos,tres. Volvió a sentir frío en los pies, pero antes de poder reflexionar sobre por qué le entristecía figurarse a sí mismo sentado solo en su apartamento, se dio cuenta de que ya estaba frente a la ventanilla, la cola había desaparecido y que la funcionaria le miraba impaciente.

—¡Siguiente!

Se adelantó con el paso firme y arqueado de sus zancudas piernas, cogió los papeles que guardaba en su mochila, junto con la cámara de fotos y otros trastos bastante más inservibles, y se los entregó a la mujer. Ésta sacó los documentos de dentro de los sobres y los miró cuidadosamente.

—Buenos días, vengo para obtener el permiso de conducir internacional.

—No hace falta que grite que ya le oigo – dijo con gesto de jaqueca la mujer de la ventanilla.

Lo cierto es que su voz era bastante llamativa, y aunque no era especialmente aguda, su tono podía resultar extremadamente irritante si no controlaba su volumen. La mujer cogió un o de los papeles y leyó:

—Oscar Villedas

Anuncios

Acciones

Information

6 responses

18 02 2007
19 02 2007
Nuala

Acabas de trasladarte y ya tienes spam… ¡de greguerías!

Me alegro de poder colgar comentario en tu blog sin problemas, sin esperar media hora como antes y sin ver continuamente los errores de bitacorae que me instaban a intentarlo más tarde. Así es un placer.

No entiendo muy bien el ejercicio sobre un pesonaje… ¿se trata de irlo creando entre todos?

19 02 2007
maikrr

Soy fatal expresándome. Aunque crearlo entre todos paraece una experiencia interesante (me la apunto para la próxima), en este caso se trata de un ejercicio personal. En realidad esta descripción va dentro de otra historia, pero la he dividido en partes más digeribles porque entiendo que las entradas muy largas generan una pereza enorme a la hora de leerlas.

Me ha hecho gracia que el Spam me de la bienvenida y ahí lo he dejado. Es que lo de las greguerías, a estas alturas de la vida, tiene su gracia.

19 02 2007
Dracma

Bueno, chico fatal, o sea, expresándote, (je,je) quiero decir…
El problema es que el texto es tan cortito que no deja mucho margen para opinar. Esperaré a que añadas las siguientes partes para pronunciarme.

19 02 2007
Bart

Gracias por el enlace!

Un abrazo

19 02 2007
Troutman

De nada, me gustaron un montón algunos de tus minicuentos y, además, me encatan los Monty Python.

Puntualizo y rectifico: no quería decir “soy fatal expresándome” sino “soy fatal expresándome, o sea”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: