Bucket time

9 04 2007

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¿Por dónde empiezo? Sé que he tenido mil ideas sobre las que escribir, pero cero minutos para sentarme con un poco de calma delante del ordenador, en esta habitación del Pearl View Hotel que ya llamamos casa (sin pedir perdón). Hoy, por fin, parece que contaré con un rato entre el trabajo y el gimnasio y las llamadas a casa (la de verdad) con el Skype. Básicamente porque he tenido que volver antes desde la fábrica, por esas carreteras de Butterworth trufadas de motoristas suicidas y camiones con cincuenta años a sus espaldas, para poder llegar a la oficina de cambio de moneda que hay en el supermercado (llamado Fajar, que significa amanecer, lo que hace que parezca un videoclub) y conseguir 1000 RM para poder pagar una modificación en los quemadores que estamos instalando. El gimnasio y el Skype, dos pilares de mi existencia en esta puesta en marcha. El tercero es el bar, pero más por sentirme arrastrado por los compañeros que están aquí conmigo, dos de los cuales son literalmente adictos a su barra, sus cantantes filipinas, su grupo de música de malayos con dos lesbianas al frente, los parroquianos (el veterano de Corea, el carapaella con peluquín…), sus camareras y, sobre todo, sus buckets de cervezas Tigre. Aquí el alcohol es muy caro en comparación con el nivel de vida: está frito a impuestos, y una caña viene a costar dos euros y medio. La costumbre local es pedir botellones por calderos, a cinco botellones por cada cubo lleno de hielos. Eso es un bucket, y cuando se acaba uno se saca otro. Suelen bajar a las nueve de la noche, pero para ellos no son las nueve, son las buckets. Yo suelo bajar a las buckets y pico, cuando ya se han ventilado la primera.

El gimnasio sigue casi vacío, pero menos que la última vez. Ahora han contratado un malayo mazas que, si quieres, te asesora, aunque a mí no me hace mucho caso ya que me enchufo el iPod y tengo barba. Ayer anduvo por allí una india de metro ochenta y cinco bastante guapa haciendo cucamonas y le explicó todos los ejercicios habidos y por haber. Yo rezaba por que se fueran a echar un polvo al cuarto de las toallas, porque la hamburguesa que nos habíamos zampado en el SOHO mientras veíamos la formula 1 al mediodía (concesiones a mis compañeros: un día comida normal, otro elijo yo) me había sentado bastante mal al estómago y me sentía como un zeppelín saltando a la comba. Pero no, hay siguieron echándose sonrisitas. Así que me concentré en la televisión, que estaba en el canal 2, que es chino (subtitulado en Malayo). Sus programas de televisión son cada vez más parecidos a los japoneses, y las formas de vestir de ellas, también. La relativa armonía de la mezcla de razas y culturas de este país que me pareció apreciar las primeras veces, se desvanece. La tensión late como un rió subterráneo. En el periódico que nos dejan todos los días colgado de la puerta, hace unos días aparecieron los resultados de una encuesta sobre la juventud, que aparte de los clásicos droga, sexo y alcohol (en cantidades mucho menores a lo que se estila en occidente), indicaba que más de un cincuenta por ciento de ellos no tiene ni un solo amigo de otra raza distinta a la suya.

botones otra vezEl skype es una bendición, porque puentea los 3 euros (o más) por minuto que me costaría una llamada a casa, pero también una tortura, porque la conexión en este hotel se comparte con todos sus huéspedes, y en las horas normales intentar charlar es una tarea llena de interferencias, voces de Robocop y tartamudeos, y no hay nada peor que tener que repetir un chiste. En cualquier caso, como dice mi madre, lo importante es poder oír la voz al otro lado, escuchar ése ¿Cuándo vuelves? todos los días. Especialmente los que empiezan como hoy, con una pifia de fabricación que hace que se te caiga la cara de vergüenza y pienses en qué demonios haces ahí y si esa maldita tensión diaria es lo tuyo. Pero sin tensión no hay Malasia.

En el siguiente hueco, la próxima historia sobre los amoríos de mis compañeros. O sobre la excursión al aquapark. O sobre la comida de Laos, ésa bomba atómica en tallos verdes. O sobre las jornadas laborales de 24 horas.

En un arcén de una recta del camino a casa (sin pedir perdón) hay un perro muerto cuya cabeza se ha ido desintegrando con el paso de los días. Se empieza a fundir con la carretera, cada vez que paso delante, tengo que mirar.

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6 responses

9 04 2007
kar

Me encantan tus crónicas de donde cristo perdió la alpargata. Si la encuentras, envíasela al cielo. Saludos!!!

10 04 2007
Dracma

¿Fajar significa amanecer? La asociación de ideas me hace pensar en millones de malayos que al alba se enfundan lencería de color carne aprieta idems. Así comenzar el día se asemeja a “tortura china”. Decididamente el cavernícola malayo que inventó la palabra “fajar” no era un poeta, no podía serlo. Era un dormilón al que le costaba hororres madrugar para cazar mamuts, o lo que fuera que cazaran los malayos…(Seguramente saltamontes de 5 metros)…
En el resto de idiomas que conozco se han inventado una palabra mucho mejor: en inglés, sunrise o dawn. Sunrise además suena un poco a sonrisa, y la asociación resulta mucho más placentera.
En alemán el amanecer suena alegre potente y enérgico, si pronuncias Tagesanbruch, estás diciendo ¡El día y la luz irrumpen con fuerza, rompen la noche! (bueno, más o menos) y Morgendämmerung, suena tan suave, que tiene que ser una palabra azul.
En francés, aube, suena pasable, y seguramente demasiado breve, pero en fin así son lso días, y en cualquier caso, no suena a bragas gigantes que es lo que importa.
Por último, en castellano, tanto aurora, como amanecer o o alba son palabras llenas de belleza, palabras que todavía no se han desgastado por el uso…

Pero¿¿¿¿ ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Fajar¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡???? Aunque bueno, no sé de que me sorprendo, ¡qué esperar de un país que se bautiza como Mal-asia. Sólo Mongolia y Cabezón de la Sal pueden superar tal proeza!
Seguro que calcetín maloliente en malayo se dice “arcoiris” o “alegría” o algo así. Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
¿Ves por qué tienes que volver ya? Empiezo a desvariar…

11 04 2007
fura

No puedo olvidar a ese perro, creo que yo también lo veo desintegrarse dia a dia cuando tu lo miras.

12 04 2007
Nuala

Con cada viaje suenas más pesimista y melancólico… ¿Hora de cambiar de trabajo?

12 04 2007
Ana

Yo me quedo con el malayo carapaella. Como si lo estuviera viendo.

Hace no sé cuánto que no escribo y tengo tanto que decir! A ver, así que me acuerde:

1) Para Dracma: Si que desvarías, hija, decir que TAJESANBJYJ o MORGGGGENDAMERRRUNGGG suenan bien… Parece que te están echando una bronca, en plan “vete pa la cama!”. Que me den “fajar”! Ademas estoy imaginándome a Troutman en la barra de un bar discutiendo con un malayo que le dice “pero cómo se os ocurrió a los espaNoles coger una palabra tan bonita como “fajar” y destrozarla poniéndosela a ESO!” . Ahora la que desvarío soy yo, claro también tengo a mi medio limón de viaje; vuelve ya, Bob!!!

2) Troutman, me encantó también lo de Oscar, pobre, le estoy cogiendo cariNo. Y sí, yo también veo que tiene muchas cosas tuyas; creo que estamos todos de acuerdo.

3) Lo de no poder evitar mirar al perro, supongo que es el mismo gen que hace a otra gente querer ver Gran Hermano (no va con indirectas! :-) o el Tomate o leer el Qué me dices en internet como me pasa a mí de vez en cuando, pero es como a ti, que se te van los ojos, a mí se me van los dedos en el teclao! Aunque me estoy curando.

4) Releyendo cosas de antes me di cuenta de que dejé una pregunta de Dracma sin contestar: el tema de mi máster… Era sobre bilinguismo (no sé cómo poner los dos puntos sobre la u con este teclado americano…) y dialectología, pero una de las conferencias que di que más me recordaba a la paranoia de la tía sobre la sintaxis era: “Sobre el ‘Exceptional Case Marking’ de los verbos causativos en el espaNol de Asturias”… Podéis moriros tranquilos sin saber de qué va, de hecho yo ya lo estoy olvidando y me relaja un montón… Bye-bye, Chomsky!

14 04 2007
Troutman

Punto uno, sobre lo de Oscar no estamos todos de acuerdo. De momento, solo tú y Nuala. Es más, YO no estoy de acuerdo. Es posible que siempre se cuelen cosas propias en los personajes, pero en este caso la personalidad en la que me baso para describirlo no es la mia ni de lejos. Aunque es cierto que uno mismo es incapaz de juzgarlo con objetividad.

Punto dos, mirar al perro descabezado es un acto de morbo absoumente natural. Una de las escenas del cine que mejor lo ha definido están en una peli bastante mala que conocereis. Tesis.

Punto tres, desde ayer hay rebajas en el Fajar, de hasta el 80% por traspaso. Ya no hay Alá que aparque en los alrededores. Menos mal que tenemos garaje.

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