Que llegue el final de la mañana

29 04 2007

10:05 El mecánico del segundo horno viene a verme porque las tuercas y arandelas que se han mandado para atornillar la caña de gas al cuerpo del quemador son de métrica 16, y el espárrago al que habría que roscarlas, de 12. Simplemente deben ir al suministrador industrial chino de turno (una ferretería) y comprarlos, pero tienen que informarnos para que seamos conscientes de que los planos son incorrectos.
10:15 Otro mecánico viene y me cuenta la misma historia sobre las tuercas y los tornillos.
10:18 Mr. Sim, al que desde hace un tiempo apodamos Disgustín (por lo amargado y lo desagradable), viene y me cuenta la misma historia sobre las tuercas y los tornillos, y hace un chiste sobre pagar la factura de los mismos. Lo sé porque se ríe mucho. Si se riera poco, sabría que habla en serio y que debería ir al Money Changer del Fajar a que me cambien unos euros para abonar lo que toque.
10:25 Un eléctrico viene y me cuenta la misma historia sobre las tuercas y los tornillos. Yo quiero que el horno arranque para tirarme dentro.
10:45 Me atrinchero, en un momento de calma, en la sala eléctrica para redactar el informe de lo que llevamos de día, que ya me ocupa un folio entero. Noto los pingüinos salir del aparato de aire acondicionado. Se me suben en la espalda y me susurran al oido que los mate a todos. Bajo el aire acondicionado.
11:05 En la sala de control, mis compañeros eléctricos siguen comprobando señales. Uno de ellos es un maestro del escaqueo y además bastante torpe y despistado, con lo que cada vez que se va a fumar un cigarro a una de las zonas apartadas de la planta (para perder un poco de tiempo y que nadie le moleste) tengo que escuchar sapos y culebras de sus compañeros, mientras remiendan sus anchoas.
11:20 Sólo pienso en comer. Hoy me toca elegir a mí.
11:25 ¡Por Dios, que llegue la hora de comer!
11:33 Mr. Sim me recuerda que el consumo del horno uno es muy alto y me pregunta, por vigésimo tercera vez, qué vamos a hacer para intentar remediarlo. Se lo explico, con cara de poker. Volvemos a hablar de las posibles causas de que la bóveda del horno se esté cayendo como un castillo de naipes. Trato de desmontar cualquier insinuación por su parte de que la culpa es nuestra. Ya soy un experto en ello, y en este caso es muy sencillo, ya que sé que lo que digo es cierto, aunque a veces resulta complicado distinguir la verdad de la mentira en este mundillo. Muchas veces uno mismo acaba creyéndose sus trolas para convencer a un cliente, lo cuál es fundamental para resultar convincente.
12:30 Cogemos los coches para dirigirnos al Auto-city, un complejo de restaurantes cercano a la fábrica con multitud de opciones. Hoy escojo japonés ante el recelo de mis compañeros alimentariamente conservadores.
12:45 Estos mismos compañeros miran la carta con cara de WTF. Yo me relamo.
12:47 Piden un “tenderloin” especial fuera de la carta, que tardan siglos en servir.
13:14 Uno de los receptores del “tenderloin” va escupiendo los cachos que se lleva a la boca. Dice que tienen “gordo” y tenemos que pedirle un pincho de pollo teriyaki.
13:30 Traen la cuenta, y vemos que el “tenderloin” especial (antes de ser escupido) ha costado lo mismo que el resto de la comida del resto de la mesa. Sé que Mr. Sim me pedirá explicaciones en cuanto lo vea, ya que el cliente paga la manutención. Ensayo mi cara de poker.
13:45 Arrastramos nuestros pies, bajo el bochorno pre-tormenta habitual, al salir del coche en dirección al horno dos. Pasamos por delante del contenedor de basuras que nos saluda todas las tardes con su hedor a vomitona revenida.
13:47 Hay doce operarios arremolinados junto a la puerta de descarga del horno uno, y uno de ellos completamente sudado junto a un bloque humeante. Se ha desprendido otro trozo de bóveda.

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4 responses

29 04 2007
Dracma

Me ha encantado esta entrada, especialmente la parte colorista de los pinguinos que te susurran cosas al oído.

¿El bote de grasa de ¿cañón? Lulu de la foto es lo que te convierte a diario en hombre de color waterproof?

2 05 2007
Thanatos

Exijo una explicación sobre los desprendimientos. Deben ser, supongo, como escamaciones porque si son bloques lo que caen yo ya veo el horno derruido.

Esta crónica me mola.

3 05 2007
Ana

A mí también me encanta. La verdad es que además debe de ser una buena terapia el escribir una crónica así; mientras Disgustín te cuenta que se ha caído un trozo de bóveda (otra vez) tú probablemente pienses “qué bien me va a quedar esto en mi blog…”. Supongo que tu primer pensamiento será algo estilo “mierrrrrrrda, a ver qué le cuento ahora”, pero el segundo fijo que va a tu blog.
Además ahora entiendo mejor cómo pasa sus días Bob cuando está en una fábrica perdida en un país raro… El me habla más de los hoteles y la comida; supongo que no le ve la gracia a las tuercas y tornillos, pero sí que la tiene, sí. Le estaba leyendo esta entrada tuya y él me iba diciendo “tal cual” (bueno, él decía más bien “c’est exactement ca, voilà”. Le encantó sobre todo lo de las tuercas y tornillos de medidas diferentes, por lo que se ve a él le pasa siempre…
Tienes un don, chico, que cuando escribes haces que se vuelva interesante hasta el desprendimiento de un trozo de bóveda de horno…
Sigue escribiendo!

4 05 2007
Troutman

Supongo que la crema lulú para las manos es el equivalente a la neutrógena ésa de los marineros noruegos (que siempre me ha parecido que tiene un cierto ramalazo gayer). Gracias a todos por los elogios.

Cuando has dicho lo de Bob diciendo”c’est exactement ca, voilà” lo he visualizado perfectamente con su semblante medio serio. Un saludo para él de mi parte, por cierto.

Respecta a si la bóveda se desconcha, más bien no. Se caen bloques enteros, lo que ocurre es que en cuanto vieron que los dos primeros bloques se estban desprendiendo, antes de que se liara parda, pusieron parches de refracatrio por todo el techo, justo por encima. Una solución que, a su vez, provoca que los bloques que están debajo del parche se caigan uno detrás de otro al concentrarse el calor. Total, que a estas alturas, por fin, tienen el horno parado relizando la reparación.

Quedan tres entradas para acabar laa crónica de ese día. Dos de ellas la colgaré ya desde casa porque… me vuelvo!

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