Un anuncio dentro de la rutina

9 05 2007

19:16 En la recta larga bajando el puente, en el arcén de la izquierda, ya sólo hay una silueta de mugre y unas manchas de sangre que sirven de marca policial y epitafio para el perro sin cabeza. No sé quién habrá retirado el cuerpo, pero se agradece. Rezamos cinco oraciones en su memoria (una a Buda, otra a Alá, otra a Jesusito, otra a Shiva (por decir uno) y otra a Baco).
19:45 Me cambio de ropa y bajo al gimnasio, con toda la mugre encima. No quiero saber qué piensa el personal de la sala cuando llego con el bigote renegrido y los brazos llenos de tizón (de las uñas negras ni hablamos).
20:30: Estoy corriendo en la cinta, deseando acabar de una vez, y observo una lagartija que se pasea por el techo. Es más divertido que ver el canal dos de la televisión malaya. Ahora mismo, anuncio propagandístico gubernamental con simulación de caza de terroristas, multas de tráfico y encarcelamiento de macabras. En su descargo diré que la programación no suele ser tan nefasta el resto del día, excepto si pasan culebrones autóctonos, o peor aún, venezolanos doblados al malay.
20:35: Me equivocaba respecto la tele y la lagartija: He podido ver, mientras vierto kilos de sudor por mi frente, uno de los anuncios más curiosos y esperpénticos que puedo recordar. Solo en Malasia: Tres mujeres, representando a cada una de las etnias mayoritarias del país (malaya, china e india) entran en un gimnasio, sonriendo, con cara de anuncio de champú. De hecho es un anuncio de champú. Se dedican a hacer ejercicio, sonrientes e intercambiando miradas juguetonas con jóvenes escuchimizados que intentan musculares en el mismo gimnasio. Por supuesto, la joven malaya lleva su pañuelo puesto en la cabeza en todo momento. Acaban y en las duchas se lavan la cabeza con el producto del anuncio: pantalla dividida en tres mostrando a cada una de ellas frotándose la cabeza con cara de placer (pero sin exagerar). La malaya tiene la cabeza completamente llena de espuma y no se vislumbra un pelo. Salen del gimnasio, sonrientes y radiantes, con su pelo negro zahíno bien brillante, y lo agitan, estilo, una vez más, anuncio de champú, lo que provoca la cara de admiración y deseo de los mismos jóvenes escuchimizados (y algo más cansados) de antes. La mujer malaya lleva el pelo completamente cubierto por el pañuelo. Tiene que ser un verdadero quebradero de cabeza idear publicidad para productos capilares femeninos en un país musulmán.
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20:32 Sigo corriendo
20:45 Acaba mi sesión de hoy. Por más días que baje al gimnasio, no consigo que la barriga cervecera que me está saliendo disminuya: próximo intento, dejar las cervezas una temporada.
21:00 Bucket time. Yo prefiero bajar al bar un poco más tarde.
21:05 Habló con Mireia por el Skype. Como siempre, resulta frustrante, ya que se entrecorta constantemente y lleva segundos de retardo. Hablar por teléfono no es una opción porque un minuto de llamada cuesta 3,3 euros, y la recibida 2,7. Al menos, hay momentos en los que la conexión funciona y podemos entender y reirnos juntos, como si estuviera de vuelta.
21:45 Mireia se va a trabajar y yo me bajo al ver. Antes, mando un e-mail para que me manden un estracto de lo gastado en el teléfono de trabajo hasta ahora. A ojo, calculo que me haya gastado unos 3000 euros, el 90 o 95% de los cuales son llamadas estrictamente laborales.
21:47 Oigo a las filipinas desafinar por el hueco del ascensor. Según voy bajando desde el piso 15 al Lobby Lounge el ruido se acrecienta.
21:49 Las puertas del ascensor se abren y las notas musicales me golpean en la cabeza. Entro en el recinto enmoquetado y me acerco a la barra, donde mis tres compañeros eléctricos ya están acodados, cada uno en su posición específica.
21:50 Me aposento en mi taburete, que como todos en este bar, bascula, y me ponen un vaso enfrente llenándolo inmediatamente de cerveza. Nos insultamos un poco, pero casi no puede escuchar nada por encima del estruendo de esa versión de Shakira que las filipinas están machacando. Todas las noches la misma canción. La filipina más pequeñita realiza una imitación del baile de estilo árabe de la colombiana que perece la de tu prima de cinco años en la cena de Navidad.
21:53 El veterano de Corea se ha levantado. Como siempre, intentamos no mirarle a los ojos.

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