Señores con Bigote

3 09 2007

Acabamos de terminar una reunión con el cliente y su consultora. Ha empezado a las 11 de la mañana, hora habitual del comienzo de las reuniones en este país, parece, y ahora mismo son las tres y media. No he desayunado, por ganar horas de sueño y no ponerme como un tonel (los desayunos buffet de los hoteles con una cierta categoría son la perdición de cualquier, y más en mi caso, en que tengo que probarlo todo). No he comido, ya que nos han traído sándwiches vegetales con mayonesa en medio de la reunión que no he querido probar, y es que no quiero pasarme el vuelo de vuelta íntegramente en el baño, pese a que no es una mala perspectiva por el lugar en sí. Estoy en Calcuta, en un viaje relámpago para dos días de reuniones que, de todos modos, pese a la brevedad y la imposibilidad de hacer nada que se parezca al turismo, ha merecido la pena.

Esta vez me conformo con la comida junto al jefe francés de la delegación india de mi empresa en un restaurante indio de postín, aún cuando sufrí un episodio ciertamente hipocondríaco en él: Mirando la carta le comenté a mi compañero qué me recomendaba del menú, a lo que me respondió que le podíamos preguntar al camarero para que nos recomendara. Dicho esto seguimos charlando y me fui al baño para lavarme las manos. Al volver seguimos hablando un rato tras el cual me doy cuenta de que las cartas han desaparecido. Me rasco (mentalmente) la cabeza e intento recordar cuando y cómo hemos pedido la comida y al no conseguirlo se lo pregunto al francés, que me comenta, serio él, que kebab variado y pescado. Soy absolutamente incapaz de recordar que hayamos ni tan siquiera hablado con el camarero, y pese a que se me pasa por la cabeza que él haya podido pedir los platos cuando yo estaba en el baño, solo puedo pensar en que he tenido una laguna mental. Durante los siguientes minutos el cree que seguimos hablando, pese a que yo estoy en el maravilloso mundo de los enajenados mentales repasando todas mis acciones de los días pasados para comprobar si puedo haber tenido lagunas de ese tipo. Reviso (mentalmente) hasta la noche del viernes, cuando el buen cebollón que enganché hizo que tuviera verdaderas (con lo cual ya estoy indicando que la que centra este sucedido es falsa) lagunas mentales, pero que no se me parecen en nada a la total falta de conciencia de este caso. Mientras la voz del francés suena como si me estuviera hablando desde Francia, yo me planteo qué cara habré puesto yo cuando hemos pedido los platos, si estaría dormido o he sufrido de narcolepsia y el francés, por pura discreción, no me lo menciona, si será debido un tumor o alguna potencialmente mortal dolencia cardiaca (a cuyo temor no ayuda la noticia de muerte súbita de un futbolista), si volveré sufrir estos colapsos, si mi bien conocido despiste (o concentración extrema, que es como lo veo yo) puede deberse a un forma ligera de un problema de lagunas mentales que ahora se ve exarcebado, si debo volver a preguntarle al francés sobre el asunto. No tengo más remedio que volver a plantearle la cuestión:

– Perdona Ludovic, quizás es porque acabo de aterrizar y llevo dos días casi sin dormir, pero es que no me acuerdo de haber pedido nada de lo que estamos comiendo.
– Es que he pedido cuando estabas en el baño

Y yo me río. La felicidad provocada por la desaparición de los miedos hipocondríacos es bella pero efímera. Aún así, hay que ver cómo se disfruta.

También recordaré el paseo desde un restaurante al hotel, tras la cena de anoche, con la extraña sensación que crea pasear entre los oscuros soportales llenos de porquería e indios malnutridos intentando dormir y que ni siquiera se molestan en pedirte limosna (la mayorías).

O el coñac con otro de los franceses a las dos de la noche en el bar del hotel, incapaz de comprender la mitad de lo que me dice y de decirle la décima parte de lo que quería. Un día de éstos debo estudiar y dibujar la curva según la cual la habilidad oratoria de uno disminuye y aumenta con el alcohol.

Pero lo que me importa ahora es que, Dios mío, Vishnu hermoso, qué hambre tengo.

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9 responses

4 09 2007
Dracma

La foto de Japón en un post sobre la India es para despistar, ¿no? ¿O es que acaso has vuelto a Bilbao sin haber sacado ni una mísera fotografía de la India pesea a mis ruegos y súplicas? ¡Pero que cosas tengo! “nadie” haría algo así, a menos, claro está, que estuviera dotado de lo que, tal y como “nadie” lo ve se llama CONCETRACIÓN EXTREMA.

4 09 2007
Ana

Eso seguro que es que pensó que había metido una foto de la India pero se olvidó, no sé, no sé, Mikel, tienes muchas lagunas, a ver si lo tuyo no va a ser hipocondria …

Oye, que no, que es broma, eh? :-)

Contad algo de Japón!

5 09 2007
Bart

¡Qué mal momento! Por lo menos espero que el pescado no fuera del Ganges, el rio ese sagrado donde tiran a los muertos.

5 09 2007
Troutman

Mientras el agua no fuera del Ganges me doy por contento.

Información sobre nuestra visita a Japón en próximas entradas. Todo es ponerse, y ahora que parece que he conseguido hacer funcionar mi ordenador (gracias a la maña de Dracma con los embellecedores y a la de su abuelo con los enchufes) es probable que pueda producir como Dios manda.

5 09 2007
Dracma

Mikel dedicará una entrada en condiciones a Japón pero mientras tanto avanzo lo fundamental:

Hello Kitty es poco menos que el símbolo nacional.
Los W.C. tienen tantos botones como una nave espacial.
La gente habla con voz de dibujo animado.

6 09 2007
Nuala

¿Y dónde están los señores con bigote del título?

Yo también voto porque Mikel se centre y explique cosas de Japón.

6 09 2007
Blackstar

Vuelvo hoy al trabajo y esperaba leer cosas sobre vuestro viaje a Japón!! Pero bueno, también me gusta reecontrarme con una entrada sobre Calcuta y los miedos hipocondríacos.

Yo en breve cuelgo una entrada sobre Suiza

Abrazos

6 09 2007
Troutman

Que sí, que sí, que ya va lo de Japón.

Lo señores de bigote del título son todos los indios no descritos que rodeaban a mi persona al escribir la entrada al acabar la reunión. Alguno, Sigh él, llevaba hasta turbante. Sigh, jefe de obra y tartamudo. Al menos tenía un inglés decentemente pronunciado.

26 11 2007
Un apunte: Escenas de trabajo en Evry « Borracho soy aún peor

[…] de ahora en adelante El País Del Curry (EPDC). Él es un crápula con el que ya he compartido cognac y habanos a las dos de la mañana en Calcuta, y lo cierto es que es un placer tratar con un francés que en lugar de llevarte a la inmunda […]

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