Odio

19 09 2007

No. No se trata de una reseña del cómic de Meter Bragge (el cual, por cierto, y aunque no le interese a nadie, nunca me ha hecho la más mínima gracia), sino de una nueva entrada sobre nuestras últimas vacaciones en Japón. Como ya se ha comentado, y tal como se menciona en el estupendo libro de Amélie Nothomb Estupor y Temblores, sudar está muy mal visto en el país del sol naciente. En teoría sonarse la nariz en público también, lo cual tiene su gracia, ya que se ve que hacer ruido al masticar y sorber los tallarines no, y esto es algo que personalmente me enerva hasta un estado incluso superior al título de la presente entrada. El comentario anterior llevaría a una bonita discusión sobre la utilidad de ciertas normas sociales y a plantearnos si en Mongolia será de mala educación comer con los codos encima de la mesa, pero la cuestión en este caso es el sudor: efectivamente, los japoneses casi no sudan en público. Ellas desde luego que no, y eso es algo que constatamos desde que aterrizamos en Narita. Algún Japonés que otro, macho él, y siempre que tuviera pinta de ser un hombre de mediana edad con menos de dos manicuras programadas a la semana, sí que llevaba unos ronchones ibéricos junto a la sobaquera de la camisa, pero siendo casos muy aislados. Pero ellas no. Incluso diría que no recuerdo ver a ninguna resoplar de calor, y eso que soportamos día sí y día también 35 o más grados centígrados de temperatura con una humedad cercana al tropecientos por ciento. Todo esto resulta de lo más pintoresco y se une a todas las sensaciones chocantes que proporciona este país, pero puede terminar en acentuar, por contraste o por cochina envidia, el mal rato que se pasa cuando hay que trasladarse con los bultos del viajero encima. Ejemplo:

Estar divina cuesta, como la fama, y aunque no sé qué método siguen las japonesas durante sus viajes, sí conozco el precio que paga Mireia para ello, y es llevar encima las planchas. Y cuando digo las planchas me refiero tanto a la de la ropa como a las del pelo. Por tanto, el peso a trasladar desde, pongamos, el hotel de Shinjuku hasta el Shinkansen, previo paso por calles atestadas en el trayecto entre el hotel y la estación, las escaleras no mecánicas de dicha estación y las también analógicas de la estación de Tokyo, es bastante elevado. Como consecuencia, una pareja de occidentales se convierte en una suerte de amasijo de ropas llenas de regueros de sudor y caras de asfixia ante la impávida NO MIRADA de los japoneses. Porque nunca parece que te miran, pero notas que sí lo hacen aunque nunca les pilles, y sabes que su mirada es la de sucio occidental maleducado.

Es algún tipo de mecanismo o instinto primigenio del que me gustaría desprenderme que hace que le envida malsana me acabe llevando un cierto rechazo de la persona que envidio (que desaparece en seguida) y sobre todo, una mala leche como ruido de fondo. Me pasaba cuando andaba en bici y mi compañero de fatigas de toda la vida me dejaba de rueda como quien lava.

Resumiendo, todos estos pensamientos conducen a que la no existencia de una zona para maletas de grandes dimensiones en el mencionado Shinkansen le acaben llevando a un momentáneo estado de quejidos españoles y un tantopagarynohaysitioparamismaletas, también conocido por dóndeestáellibrodereclamaciones. Estado que, afortunadamente, es pasajero y desaparece al tomar asiento y ponerse el tren en marcha.

De todos modos, en cuanto el oriental que se sentó a mi lado en el ejemplo arriba mencionado se puso a comer su caja de tempuras y teriyakis varios como si fuera el insecto madre de Starship Troopers sorbiendo cerebro, el odio vuelve.

Niños, comed con la boca cerrada.

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12 responses

19 09 2007
Quique

Lo de las cajitas de comida (For Travellers) en los trenes me conquistó desde el primer momento.
De hecho consumí casí en cada trayecto que hicimos aunque nunca llegué a comprar nada a la moza que pasea el carrito por los vagones.
Sudar sudé como un gorrín y adopté la sanísima costumbre de llevar toallita chochera en el cuello para de vez en cuando aliviarme los chorretones.

En Takayama un Japo meandero se tiró un pedo en el baño de la estación creyendo que estaba sólo… al darse la vuelta se dio cuenta de que había un español alto y con gafas. Puso cara de culpabilidad e hizo un amago de visagrazo como disculpándose.

Yo sorbo el udón con mucha fruicción.
Y no sólo leo tu blog cuando te metes con Neil Young.
Saludos.

19 09 2007
Troutman

Las cajitas a mí también me conquistaron, Mireia puede dar fe. Me pillaba una aunque no tuviera hambre. Y sí, ambos nos compramos sendas toallas para el sudor. Yo un grande y aburridamente monocroma y ella una con los tres monitos del no ver, no oir, callar.

20 09 2007
Troutman

Dios, es que me entra un hambre. Un par de fotos de las dichosas Bento-boxes que se vendían en las estaciones (o en las convenience stores):


20 09 2007
Blackstar

Ver las cajitas estas de comida a estas horas me ha hecho salivar.
Yo sudo en España cuando hace calor, así que imagino que allí sería una sucia occidental más a la que mirarían con reprobación.
Hace unas semanas fui a renovarme el carnet de identidad a una comisaría del centro de Zaragoza. Desde que se ha implantado el carnet digital con chip las colas son inmensas, y eso que se hace en teoría más rápido. Tuve que soportar una cola de una hora y media a las 3 de la tarde con un sol de justicia y 39 grados. Deshidratada, el sudor me caía por la espalda y el flequillo se me pegaba a la frente. Un cromo, vaya. Y a mi lado una nínfula digna de protagonizar Lolita aleteaba alegremente, sin sudar, sin parecer que pasaba calor, alegre, hasta canturreaba. La hubiése espanzurrado, literalmente. Odié a aquella chica imperturbable que no sudaba y no parecía humana. Le hubiese dado un buen soplamocos con el ejemplar de “obra nueva” que me servía para hacerme aire.
En fin. Antes era de las que cargaban con el secador, 5 pares de zapatos y todos los potis de la cara. Ahora me he vuelto más práctica, aunque entiendo a Mireia. A Suiza no me llevé todos mis artilugios y volvi con un pelo a lo Helena Bonhan Carter en sus últimas apariciones. Detesto que la gente sorba la sopa o los tallarines. Casi prefiero los eructos de los árabes.

20 09 2007
Thanatos

Sé que metabólicamente se puede dar la capacidad de reducir drásticamente la sudoración, algo que se da automáticamente en la vejez y predispone al golpe de calor, pero no he podido encontrar si es un trastorno, ventaja,etc.

Me enteré de tal capacidad hace unos años por el legendario base de la NBA John Stockton ya que éste apenas tenía el pelo mojado pese a estar realizando severo ejercicio físico. No sudaba.

20 09 2007
Troutman

Sé que existe por ahí algún tipo de tratamiento tópico, de dudosas repercusiones a largo plazo, que corta la sudoración de raiz. Conozco un par de personas de la oficina que se lo han aplicado en la sobaquera (Dracma, siento usar la palabra , pero me encanta) y estaban encantadas. De todas maneras creo que lo ideal es ser mujer. Creo que la lista iría así
Mujer Japonesa>Stockton>Mujer Occidental>Hombre japonés>gorrino>>>>hombre occidental

20 09 2007
Blackstar

¿NO será el endocil de toda la vida? Es una crema muy fuerte que se vende en farmacias. A mi compañero le vendría bien.

20 09 2007
Troutman

será

20 09 2007
Quique

Me quedé con ganas de comprar ropa interior con desodorante incorporado que se venden por allí en cualquier Lawson que se precie.
Para compensar me agencié con unos calzones con culobrá que son la monda y que hacen un apaño enorme para los que no tenemos mejillas en la retaguardia.
Yo no digo manchas sobaqueras… digo camacheces que me suena muchísimo mejor.

21 09 2007
Dracma

Lo del calor fue terrorífico, sobre todo en Kioto, donde hasta cuando llovía continuaba el bochorno insufruble. Además no soporto sudar, no estoy acostumbrada (aquí nunca hace tanto calor ni tan húmedo), y me resulta una sensación demasiado desagradable, sobre todo cuando las mujeres que hay a tu alrededor (excepto alguna occidental que está también al borde de la lipotimia) parecen estar a una temperatura ideal y algunas incluso llevan capas de ropa o manguitos para brazo negros.

Al final algún día llegue a optar por verter sobre mi cabeza y pelo botellas de agua fría, luego iba dejando un rastro de agua que caia del pelo, pero al menos estaba un poco más fresquita.

24 09 2007
Ana

Sigo diciendo que en este blog se aprende muchísimo! Mikel, cómo me acuerdo de la primera vez que vi a un asiático comer pasta, creo que al principio sentí lo mismo que tú, me parecía increíble… Luego me acuerdo cuando fui al barrio japonés de París con una amiga que quería comprar un paNuelo para su madre (de los de tela pequeNos, que usaba para sonarse) y cuando le dijimos a la japonesa que queríamos comprar un paNuelo para los mocos nos sacó un paquete de Kleenex… Le expliqué que lo queríamos de tela y me dijo con cara de horrorizada “pero una vez que te suenas los paNuelos se tiran, no se meten en el bolsillo otra vez!”… Supongo que nos miró con la cara con la que miré yo al asiático (este que vi yo creo que era chino).

Dracma, no te imagino sudando, y menos en plan “miss camiseta mojada” después de haberte echado agua por encima, jeje… Menos mal que no te confundiste y te echaste una de las seis cocas light que llevarías en el bolso :-)

Me molan las fotos de Quique de Japon; las tuyas también, Troutman, pero para aprender de Japón casi mejor las de Quique :-) Y los links que pones también están muy bien para que visualicemos las cosas que explicas.

Esto no tiene nada que ver con Japón pero seguro que vosotros que leéis mucho me podéis recomendar una lectura guapa; se me casan unos amigos en Gijón y quieren que busque algo para leer en su boda (civil) que no sea NoNo (no tengo la N de EspaNa en este teclado, qué rollo). Sugerencias?

24 09 2007
Dracma

“Dracma, no te imagino sudando, y menos en plan “miss camiseta mojada” después de haberte echado agua por encima, jeje… Menos mal que no te confundiste y te echaste una de las seis cocas light que llevarías en el bolso :-)”

¡Hombre tampoco sudé tanto¡, pero el sofoco y la sensación de estar mostosa todo el tiempo era muy desagradable. En cuanto a lo de mojarme, te aseguro que no fue nada sexy, me eche el agua por la cabeza, y la camiseta más o menos quedó a salvo, así que parecía un perrillo mojado más que otra cosa, pero era la única forma de no axfisiarse. En Japón no necesité llevar coca colas de repuesto en el bolso porque cada 100 metros había maquinas expendedoras, incluso a la entrada de los templos y todas a 80 pesetas/yenes.

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