Todo el mundo contra él

8 10 2007

¡¡¡Primer relato de la temporada!!!

Cuando entró en el portal vio de nuevo a aquel muchacho besándose con su amiguita. Sin dirigirles siquiera la palabra, subió las escaleras cojeando, agarrado del pasamanos, hasta llegar a la puerta de su casa, donde siempre había vivido. Cerró la puerta tras de sí e inmediatamente le asaltaron las perras de su nuera. Apartándolas como pudo entró en la cocina y colocó un plato con comida, que ya tenía preparada, en el suelo. Con las perras alrededor de su cena, cerró la puerta de la cocina tras de s, aliviado. Si por él fuera los dejaría morir de hambre, pero la foca de su hijo, su dueña, no le dejaría vivir en paz lo poco que le quedara de vida si eso ocurriera.
Don Lucas se acercó a la puerta y echó el pestillo, dio cuatro vueltas a la llave y colocó una silla que siempre tenía lista junto al paragüero apoyada bajo el picaporte. Se está más seguro sabiendo que nadie puede entrar, aunque cuando llegas a viejo todo el mundo piense que eres un maniático, especialmente tu nuera, que no se digna en instalar una puerta de seguridad en su propia casa y es capaz de convencer a tu propio hijo para que se ahorre ese dinero (y se vayan de vacaciones a Menoría con sus nietos dejándolo al cuidado de la casa y de sus sucias perras). Si por él fuera viviría sólo, pero, ¿Quién es el guapo que se paga una casa con una pensión?
Junto a la puerta, apoyado en la silla y resoplando por todos los esfuerzos realizados, oyó al vecino llegar a casa con su insolente despreocupación. Parecía que ya había tenido suficiente magreo con aquella chica en el portal, de esa clase de desenfreno que tienen ahora las jóvenes que parece gritar a cada anciano que pasa: ¡Nunca volverás a tener esto! Don Lucas, poniendo la oreja contra la pared, todavía recostado contra la silla en el estrecho pasillo de su casa (de la de su hijo (de la de su nuera)), se percató de que el muchacho no había ni tan siquiera cerrado la puerta de su casa con llave. Seguro que no tiene problemas para dormir pensando en que le asalten. Malditos descerebrados, ¿Acaso no sabían que una banda de albano-kosovares estaba operando en el barrio esas últimas semanas? Lo habían dicho en las noticias.
Don Lucas se puso la bata, una prenda que guardaba desde el día de su boda, granate a rombos amarillos, con bolitas que no venían de serie, y se aseguró de que la cocina estuviera bien cerrada. Por si acaso le colocó otra silla bajo el picaporte como había hecho con la principal, no fuera que aquellas perras del demonio hubiesen aprendido a abrir puertas. Se le llegó a pasar por la cabeza que su nuera era muy capaz de haberlas amaestrado con tal de darle un buen susto (y quedarse con su herencia). Si algo le resultaba más terrorífico que pensar en una banda de albano-kosovares entrando a robar en su casa y estrangulándole mientras dormía era que una jauría de perros se comiera su cuerpo si moría durante la noche (quizás asesinado por una banda de albano-kosovares). Lo pensó mejor y se dio cuenta de que había otras muchas cosas que le aterraban en mayor medida que una pandilla de canes con hambre atacándole en sueños, incluyendo tarántulas, ascensores, serpientes, coches veloces, montañas rusas fuera de control, jeringuillas y su mujer, que en paz descanse. En cualquier caso, los chuchos estaban bien allí encerrados.
Comprobó los enchufes y que todos los aparatos electrónicos estuvieran desenchufados. Era hora de acostarse, como toda persona de bien, pero de repente recordó que no había podido cerciorarse de que la llave del gas de la cocina estuviera bien cerrada. Ahora tendría que dejar salir a aquellas bestias inmundas pero, ¿cómo encerrarlas de nuevo? Si por el fuera no existirían animales de más de medio kilo de peso en el mundo. Un sudor frío recorrió su frente. Don Lucas paseó un rato renqueante por el pasillo, arrastrando las pantuflas contra la alfombra, pensando una y otra vez en cómo solucionar el problema, a cada instante más furioso consigo mismo por haber sido tan descuidad, él, que había sido jefe de planta en una empresa multinacional. Asediado por la ira, en uno de sus paseos entre la puerta de entrada y su habitación, se acercó a la ventana junto a su cama y la cerró violentamente, sin pensar en que el temor de morir ahogado por un escape de gas estaba antes en su lista de miedos insomnes que un asalto a través de ella (y más aún de pillarse los dedos con una ventana). Al hacerlo, se pilló un dedo entre los batientes, quedando éste más arrugado que de costumbre, y gimió de dolor, pero especialmente de sentirse tan estúpido. Rojo y con la cara surcada de venas, intentó llegar al baño para curarse el dedo, pero a medio camino se detuvo ante un repentino y lacerante dolor en el pecho que le hizo encogerse. ¡Dios mío, es un ataque al corazón (justo entre las electrocuciones y las caídas desde balcones en su lista)! Notó que el dolor no le permitía moverse, pero intentó arrastrase hasta la puerta para pedir ayuda a alguien, aunque fuera al descerebrado de su vecino.
Se arrastró con la cara sobre la alfombra, sintiendo como el polvo le entraba por la nariz a cada estertor. Vio, al pasar por delante, a las perras apoyadas en el cristal de la cocina, jadeando, llenando de vaho y saliva el vidrio, riéndose de él. Tras un último esfuerzo, logró alcanzar la entrada principal. Apartó la silla de un manotazo y trabajosamente se puso de pie recostado contra la pared. Con la mano libre que no apretaba su pecho, descorrió el pestillo. Dio las cuatro vueltas del cerrojo en sentido contrario y abrió la puerta, cayendo de nuevo sobre la alfombra (y levantando una pequeña nube de polvo con ácaros, piel humana muerta y algún trozo de uña).
Al levantar la vista, en una de las últimas escenas que llegaría a ver en su vida, y mientras creía escuchar al cretino de su vecino recitar un poema al otro lado de la pared, pudo observar a dos albano-kosovares con pasamontañas y piquetas (y una soga) en la mano, mirándolo atónitos. Si por ellos hubiese sido, habrían desvalijado el piso de al lado.

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5 responses

9 10 2007
Ana

Don Lucas tiene la misma lista que tú? :-)

Muy bueno. La verdad es que transmites muy bien la agonía del hombre, por dios, qué ansiedad…

Las vacaciones eran a Menoría o a Menorca?

La nube del final me trae una imagen que es de todo menos poética, pero no por ello menos realista… Seguro que habría también algún pelo de perra, no?

Moraleja: No te preocupes por la muerte mientras vivas, porque la anticiparás; ya llegará ella cuando quiera… Parece un mensaje a los hipocondríacos :-)

9 10 2007
Troutman

Es Menorca, pero voy a dejar Menoría, no sé, tiene un sonido sugerente.

Lo cierto es que no tiene la misma lista que yo, porque tampoco es que servidor sea especialmente miedoso en lo que no se refiere a la consciencia real de la muerte (es decir, aviones, enfermedades, pasos expuestos en las montañas). Incluso puedo ser un poco descerebrado. Simplemente he juntado mis fobias con las de otras personas que he ido conociendo (o puede que directamente de alguna película, lo que no queda muy elegante de decir).

Lo de los pelos de perra debería añadirlo.

Dracma tenía alguna pega con el final, espero que pase por aquí para dejarlo por escrito, aunque lo mismo es que no estaba muy receptiva por el catarro (guiño, guiño).

9 10 2007
Dracma

Aquí Dracma que pasaba por aquí y quería dejar sus virus, antes de expirar. Achús, achús. Muero.

He vuelto.

Este relato es el relato espejo de otro relato de un escritor llamado Medardo “Norecuerdoelapellido”(, ole mi incultura).

En el relato original se nos narra una noche idilica desde la perspectiva de un joven enamorado que oye a su vecino, un viejo que vive sólo con sus perras (perras en el sentido de “dineros”, pero todos entendimos perras “animalas”) dar golpes en la pared en queja por los ruidos y para molestarle se dedica a recitarle un poema, (para que el anciano piense que está con su novia y se cabree aun más). A la mañana siguiente el joven se entera de uqel e vecino se estaba muriendo y que le golpe en la pared no era una queja por ruido, sino una llamada de auxilio.

Siendo el texto base ese, se nos pedía que narraramos la noche desde la perspectiva del señor mayor, sus horas postreras ( se nos permitía no matarle, sino dejarlo en un susto, aunqe todos decidimos cargarnoslo).

En este contexto, a mi me gustaba el final inicial de Mikel, en le que se decía que los ladrones estaban con la palanca en la mano, a punto de entrar en la casa del vecino joven, cuando el viejillo les abre la puerta. En síntesis el nuevo final es igual, poruqe quiere decir lo mismo lo de “si por ellos hubiera sido hubieran entraod ne la casa dle vecino”, pero a mi me gusta más la imagen de los ladrones a un segundo de entrar en la casa del joven.

Es un matiz personal, una mera opinión, y no tenia intención de dejar constancia por escrito, porque además no quiero ser la que se dedica a hacer las “críticas negativas” de tus textos én público, que parezco tu mayor detractora. Y por favor, deja de chivarte en tu blog cada vez que digo algo que no te gusta, o se lo diré a tu madre.

13 10 2007
Nuala

¿Es Don Lucas o Don Pablo?

¿Me he perdido o es una errata?

15 10 2007
Troutman

Errata como una casa (el cuento original estaba escrito con el personaje llamándose Don Pablo). Gracias

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