Tres sueños

24 12 2007

No. No me he dejado imbuir por el ambiente Navideño y voy a escribir una entrada sobre deseos para el año entrante. Sin embargo si tiene que ver con la época festiva, y especialmente con los excesos que se cometen en las mismas. Más de siete horas de sueño y una digestión pesada suelen provocar sueños realmente vívidos y aunque no sea muy proclive a dejarlos por escrito, en esto me apetece dar estas tres recientes pinceladas de mi subconsciente y su mezcla de ideas al azar. La batidora del cerebro.

1) Salgo a la calle con dirección incierta. Doblo la esquina de los juzgados, justo junto a la Tienda del Espía. Hace frío, y con muy buen tino he salido de casa con el edredón de la cama enrollado alrededor de mi cuerpo. Al sobrepasar la tienda y llegar a la Calle Buenos Aires me percato de que quizás no es un atuendo muy apropiado. Más aún cuando veo que debajo de la manta llevo sujetados dos de los cojines rojos del sofá. Doy media vuelta hacia casa y me da la impresión de que casi no puedo soportar el peso del edredón con mi brazo izquierdo. Seguro que es debido a un accidente neurológico.
2) Estoy viendo la tele. En la sección de deportes mencionan que un futbolista, y no es Antonio Puerta, pero sé que lo conozco, de 31 años, acaba de ser diagnosticado con un cáncer de Pulmón terminal. Sacan las imágenes del partido donde, de repente, comenzó a escupir sangre. Se ve como le da un ataque de tos, se mira las palmas y pone cara de terror absoluto. Luego empieza a soltar espumarajos de sangre al más puro estilo House. Yo me pregunto cómo pueden emitir eso por la tele.
3) Estoy viviendo en un lugar indeterminado, a veces localizado en la India, otras en una isla del pacífico, en una especie de albergue juvenil lleno de jipis, bohemios y vividores. Llevo una temporada sabática aquí, aunque no sé si he dejado mi trabajo o no. A veces aparece mi hermano. A veces aparece Dracma. Ha salas con televisiones. Se respira una tranquilidad de la leche. Hace calorcito. Uno de los múltiples habitantes, un joven francés que no me cae demasiado bien me dice que se va a mudar a una isla de la India (con un nombre concreto que, por supuesto, no recuerdo) con unas playas increíbles donde uno puedo tocarse la vaina y bohemizar a gusto. Perfecto para escribir una novela. Sin embargo me da miedo, tendría que compartir piso con él y a veces pienso que debo volver al currelo. Le digo que no y se lo toma mal. Me hace chantaje moral. Al final tras una eternidad de sopesar los pros y los contras decido dejarlo todo y largarme. De todos modos no sé que pasará después.

Hoy no sé qué he soñado. Solo sé que ayer vino a mi mente el título de la próxima entrada mientras conducía: Trascendiendo el lugar común para terminar llegando al lugar común.

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3 responses

26 12 2007
kar

hummm, el maravilloso mundo onírico. Soñar es, definitivamente, una mierda, a no ser que salgan señoras en cueros. Uno cree vanamente que transmitirlos puede liberarle de la inquietud que provocan, sin embargo, son tan difíciles de transmitir.

26 12 2007
Blackstar

Parece que en los sueños siempre aparecen nuestras obsesiones. El miedo a la enfermedad, el deseo de atraverse a hacer lo que a uno le apetece… Lo que no me queda tan claro, es lo de los cojines rojos. Al menos tú llevas manta! Uno de mis sueños recurrentes, aunque últimamente mucho más espaciado, es el salir a la calle y de pronto darme cuenta de que no llevo nada. Supongo que cualquiera diría que es el miedo a mostrarse cual se es, sin aderezos ni “trajes” que oculten nuestras imperfecciones. Espero superarlo con la edad.

26 12 2007
Troutman

Dracma tiene una teoría sobre los cojines rojos del sueño…Por cierto, si casi no aparece la otra parte de Pimpinela es por puro estrés laboral. A evr si con el año nuevo puede relajarse un poco. En cualquier caso yo creo que no tiene ninguna interpretación froidiana posible, simplemente me gusta tumbarme en el sofá agarrado a un cojín (y los que tenemos son rojos) cuando me tumbo a ver algo en la tele.

A mí estos sueños, y me refiero a los dos primeros, no me provocan otra inquietud que la que sufro “durante”. El alivio posterior al despertar y constatar que uno sigue entero es lo que alivia.

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