Las Benévolas: Ese ladrillo (II)

12 01 2008

Veamos qué nos depara cada uno de los capítulos, los cuales no solamente están claramente diferenciados en cuanto a contenido y situación geográfica sino, curiosamente, estilística, aunque yo diría que de manera NO intencionada. El que quiera leer este libro virgen es mejor que no continúe por los páramos de la entrada siguiente. De todos modos si eres de los que se leen las contraportadas de las novelas, no hallarás nada mucho mejor (ni peor) en las siguientes líneas:

TOCATA

El personaje central de la historia, el SS Max Aue (en parte alter ego del autor), relata su situación actual y desgrana las razones por las cuales está poniendo por escrito las memorias de aquella época. Es un comienzo estilo “sopapo en la cara” directo y bien contado en el que nos hace partícipes de que, efectivamente, cualquiera en su situación podría haber cometido las mismas atrocidades. Éste argumento resulta válido pero pierde fuerza a lo largo del libro. Nunca he recibido un tiro en la cabeza, pero dudo mucho que nadie en sus cabales hubiese llegado a los extremos del señor Aue. Las razones para que el narrador esté relatando todo este mejunje también acaban resultando un tanto difusas, pero se trata de una introducción de poco más 30 páginas, seca, en un diálogo directo con el lector, que atrapa e intriga.

ALEMANDAS I y II

Aquí es donde uno debe coger la cantimplora o la barrena. Una buena novela que se precie debe mantener el ritmo, y especialmente tiene que contar con un comienzo que enganche, de todas las múltiples maneras posibles que existen. Sin embargo Littell se dedica durante más de 300 páginas a contar las vicisitudes de Aue en el frente soviético, un retiro en Crimea y el frente del Cáucaso, introduciendo los flashbacks relativos a las relaciones incestuosas con su hermana y sus antecedentes familiares. Todo esto no tiene que suponer nada negativo per se. Sin embargo el autor parece más interesado en mostrar los engranajes internos de la burocracia y la organización nacionalsocialista, especialmente en lo concerniente a las SS, en volcar toda la información que ha ido acumulando en años, que en tejer una historia. Por lo tanto, uno se topa con insufribles páginas de descripción de órdenes y contraórdenes, avances y transportes y explicaciones sobre organigramas sin demasiado interés lastradas por una completa falta de interés en dar luz a lo que se está contando, introduciendo rangos y más rangos en ese idioma tan comprensible que es el alemán, mezclados con arranques de narración fluidos e impactanes que tratan los temas de las masacres de judíos en Ucrania.
Especialmente irritante llega a resultar el desplazamiento de la acción al Cáucaso, lo que el autor aprovecha para mostrar sus bastos conocimientos sobre la zona adquiridos durante su época de cooperante en Chechenia y que cristalizan en ese personaje ciertamente prescindible, aunque ameno, que es Voss y sus peroratas sobre los incontables y maravillosos idiomas caucásicos.
Evidentemente el capítulo no resulta tan exageradamente árido como pueda parecer por mis palabras, pero la alternancia de momentos interesantes, abruptos, narrados con precisión, se alternan con divagaciones y vomitonas de datos que solamente se pueden justificar desde el manga-anchismo o siendo un fan de las enciclopedias. Incluso esa última parte relativa a la decisión sobre qué hacer con los Bergjuden, absolutamente intrascendente excepto en lo relativo a conocer ciertas partes de las bases del pensamiento nacional-socialista, y que solamente sirve para justificar la degradación de Aue a Stalingrado, llega a leerse con avidez, ya que comienza a decrecer el número de Obersturmbahnführers, Gruppenführers y avances y retrocesos de tropas por línea de texto.
La sensación es que Littell cuenta con unos mimbres inmejorables: el frente ruso en la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista de un SS (y con la información bien adquirida y rumiada) es un marco espectacular para intentar el desarrollo de algo especial. Incluso diferente. Pero da la impresión de que se queda a algo menos que medio camino.

En la próxima entrada, más capítulos. Pero en cualquier caso adelanto que pese a los puntos negativos, esta novela merece la pena ser leída. Las andanzas de Aue en Ucrania durante la primera parte de Alemandas se enmarcan muy bien con el siguiente enlace.

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4 responses

12 01 2008
Ana

Yo sin haber leído la novela y viendo lo que cuentas, estoy de acuerdo con el periodista aquel que le preguntaba si no podía haber contado lo mismo en menos páginas… O haber sacado varios volúmenes, en plan Harry Potter, aunque bueno, supongo que no pegará tampoco :-)

Y supongo también que el hecho de ser un “tocho” ya lo hace diferente de la mayoría de los otros libros y hay gente que se siente atraída por eso. Pensarán “guau, este tío tiene mucho que contar!”. Pero para mí los tochos, “pa los caballos”, que diría mi hermano. A mí un libro me tiene que caber en el bolso, y como mis bolsos tienen fondo, no como los de Dracma, pues tienen que ser pequeNos…

14 01 2008
Blackstar

No he leído la entrada porque como tengo pendiente la lectura del libro no quiero profundizar en él antes de leerlo.
Pero me he visto obligada a dejarte un comentario sobre la entrada “lo de siempre”. Hipocondríacos unidos, veo que estas entradas atraen a más de los nuestros. Hay un chico con acúfenos y moscas volantes como yo. Estoy empezando a pensar que va a ser una condición que se cumple en cada uno de los hipocondríacos.

Llevo un par de meses muy tranquila con el tema, veremos cuanto dura..

14 01 2008
Troutman

Voy a tratar de actualizar mi contra-ladrillo de Las Benévolas porque me está saliendo extenso de narices. No descarto dos entradas por día.

22 06 2009
Charly

Para BlacKstar, te recominedo leer “El arte de margarse la vida” de Paul Watzlawick, hay unos ejercicios con ironía donde propone mirar el cielo hasta ver unas burbujas (moscas volantes) y encerrarse en una habitación en silencio hasta empezar a prestar atención a los oídos y empezar a escuchar zumbidos…te lo digo yo que me pasaron las dos cosas, a los 14 después de un tàpón de cera me obsesioné con el oído y empecé a escuchar de todo, ahora se me dió por mirar el cielo y para que te voy a explicar a quienes empecé a ver no? jajaja también soy muy hipocondríaco pero espero dejar de serlo o enmascarar esa hipocondría maldita, saludos.

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