Las Benévolas: Ese ladrillo (IV)

14 01 2008

MINUETO (EN RONDÓS)

Y aquí llega el momento de hablar directamente de los campos de concentración de Polonia durante otras trescientas páginas. Lo novedoso del asunto está en que el eje de la narración se centra en los esfuerzos de Aue, que ha sido destinado a tal tarea directamente por el ReichsFührer para tratar de salvar de la corrupción la gestión de los mismos, intentando agilizar las cuestiones burocráticas para conseguir que la mano de obra judía sea más eficiente. Se tratan todos esos lugares terroríficos pero a los que ya casi nos hemos acostumbrado de la memoria colectiva, con sus crematorios, sus cámaras de gas, sus judíos hacinados en trenes hacia Auschwitch, desde la fría perspectiva de los que intentan hacer que los engranajes funcionen. De aquellos para los que los judíos no son más que mercancía y solamente tratan de hacer su trabajo logístico de la mejor manera posible. Littell intenta comprender las motivaciones (o la falta de ellas) que pueden llevar a un ser humano a sobrevolar esas atrocidades. Cuáles pueden ser los entresijos mentales de los que manejaban aquella máquina (muy mal engrasada, por otra parte) de exterminar. Bajo mi punto de vista, se queda a medias, ya que el personaje de Max Aue parece que hace tiempo ha perdido la cabeza y sus acciones pueden verse bajo ese prisma de enajenación mental., y el resto de secundarios están un tanto desdibujados (excepto Eichmann). Sin embargo, el horror expresado bajo la cotidianidad laboral de los campos (esas explicaciones sobre capacidades, pros y contras, a las que solo les faltan las especificaciones técnicas adjuntas, de los hornos crematorios) o el manejo de la logística resulta mucha más espeluznante que el relato de los sufrimientos de la pobre gente que moría en Polonia por millares.

Esta postura de Littell es, posiblemente, la que más controversia ha creado, más aún cuando él dice identificarse en parte con el rol principal de su novela (y más aún cuando la imagen que desprende en sus fotos y sus escasas entrevistas no es precisamente la de una persona perfectamente equilibrada, y uno casi puede imaginárselo con el uniforme de las SS sin forzar nada la mente), pero no creo que haya más intención que la fría exposición de los hechos. Quizás pueda resultarle repulsivo a más de uno. Otros se verán arrastrados por el morbo. En cualquier caso me parece una aproximación necesaria y arriesgada.

De todas formas todo ello no significa que estemos hablando de un capítulo perfecto, ya que hay altibajos y caídas de ritmo. Uno no puede pretender mantener el interés y la calidad en casi cuatrocientas páginas cuando hay que rendir cuentas con los datos históricos adquiridos y es necesario plasmar toda nuestra sapiencia. Datos históricos que aportan sensación de “verdad” contra interés narrativo. No sé dónde está el punto intermedio.


AIRE

Estamos de retirada. El imperio nazi se desmorona y Aue decide ir a buscar a su hermana a la mansión donde vive con el impotente de su marido. Está vacía. Y bien, el aire evoca el vacío, pero también la pedrada mental que sufren Littell y su personaje, que a lo largo de este capítulo se enzarzan en una especie de solitario descenso a los infiernos incestuosos y transexuales del personaje principal, que roza lo ridículo en más de un momento. El SS se despelota y se pajea (cuando no cosas peores) en pleno delirio por cada habitación de la casa, como un habitante de Gran Hermano con sobredosis de anfetaminas. Al final llega Thomas, como parecido de la nada y se lleva a su amigo antes de la llegada de las tropas soviéticas, salvándole a él y a nosotros de sufrir un empacho.

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4 responses

14 01 2008
Ana

Atención, propuesta: por qué no escribes un relato sobre el subconsciente de Littell? Es lo que parece que te interesa más en el libro y entre cómo escribe, sobre qué y cómo habla en las entrevistas, ahí hay mucho material! Yo la verdad que me imagino al Littell haciendo lo que hacía el SS por las habitaciones al final después de haber sido malo con un periodista, seguro que le pone y todo …

Anda, que tú vaya moral, no sólo te propusiste leerlo, sino que lo acabaste y encima escribes dos entradas diarias sobre el tema! Yo soy más lista: me leo tus reseNas y ahora podré presumir de intelectualoide y de haberme leído un tal ladrillo sin haberme tragado ese rollo-friki que parece que es (una pena, porque el tema parecía interesante)

14 01 2008
Ana

ACLARACION: “una pena” lo digo no porque sea una pena que no lo pueda leer, que de todas formas probablemente nunca se me habría ocurrido, sino porque me parece una pena que trate un tema así de una forma tan poco atractiva y tan pedante.

14 01 2008
Troutman

Debo puntualizar que no es mi intención sugerir que el libro sea pedante (aunque tiene sus momentos) ni pudo atractivo en general, sino equivocado e irregular. De hecho, Ana, te reto a que lo compres y lo leas en su idioma orginal!

Y tienes toda la razón, prácticamente me interesa y me intriga más el propio autor y sobre todo sus intenciones que la propia novela en sí, cosa que al mencionado autor le parecería, por cierto, una pérdida de tiempo y le sacaría de sus casillas.

23 04 2008
Pelofuego

Mi opinion:

1.- Como información histórica del genocidio existen mil libros mejores.
2.- Imagina el mismo libro escrito por el teniente Gutierrez y dedica mil páginas a contar que el capitán Gómez no quiere darles de comer fideuá a los reclutas, y que cuando el coronel Lozano vino a firmar un informe sobre las letrinas me tuve que ir a vomitar, y luego me fui de cubatas con mi compadre. El libro es totalmente absurdo, carente de contenido relevante y de trama alguna. De lo peor que he leido ultimamente. Deberían prohibirle publicar a este tío.

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