Señores con pañuelos alrededor de las orejas

28 01 2008

Volaremos en un ATR 72 hasta Raipur, donde nos espera un coche que nos trasladará hasta Bhilai. Allí comprobaremos el avance de la fabricación de parte del horno, que como es menester en la india, irá con retraso. Vamos pasando casas y gente en bicicleta, todos hombres (si hay alguna mujer, ésta va de paquete), muchos de los cuales van abrigados con un pañuelo o una bufanda anudado a la cabeza, tapando las orejas, como si fueran algún personaje de Mortadela y Filemón con un flemón. Sin embargo, casi todos calzan chancletas, cuando no van descalzos. Y es que es invierno y puede llegar a hacer 10 grados, lo que es bastante frío por estos lares. Antes de quedarme dormido gracias a la siempre infalible nana del motor del coche, puedo observar los carteles publicitarios más extravagantes que uno puede llevarse a la cara, vendiendo productos como cemento o barras de acero corrugado. Uno de estos últimos es especialmente impactante, con un tipo cuarentón muy fornido en camiseta de tirantes con la barra tomada con ambas manos en postura de ir a doblarla, con un fondo de llamas y la palabra ELEGANT sobreimpresionada. Y tiene cara de mala leche, porque para interesarse por barras de acero corrugado hay que ser muy macho.

En la reunión con el suministrador todo va según lo previsto. En la anterior visita de Asis le dijeron que iban retrasados, que tenían que revisar las fechas de entrega y que se las enviarían para el 14 de Enero, información que todavía no hemos recibido a día 24. Voy a mear mientras nuestro interlocutor hace como que llama a algún subordinado o a algún superior para pedir explicaciones. En el baño me asalta ese olor tan característico de los urinarios de esta parte del mundo, una mezcla de inmundicia, amoniaco y bolitas aromáticas con olor a anís que esta gente siempre cuela por todas partes.

De camino al aeropuerto para coger el vuelo de regreso a Calcuta paramos a comer. Kebab y cerveza como aperitivo y pollo bien especiado de plato principal. Soy incapaz de recordar cada una de las maneras de preparar los platos y siempre dejo que sea mi acompañante el que elija. Un día de éstos debería hacer una lista. Antes de que lleguen las cervezas le pregunto a Asis, inocentemente, sobre las reglas del cricket, deporte nacional de la India. Se le ilumina la cara y pide apresuradamente un papel para explicarme las reglas, entusiasmado. Asis es un jefe de proyecto joven, un tanto ingenuo, casado y con un hijo, normalmente serio y poco hablador en lo que no respecta al trabajo. Desde la última reunión se ha dejado crecer el bigote, como la inmensa mayoría de los adultos de este país, supongo que para parecer más mayor. Pero ahora está exultante, dibuja un óvalo y me escribe los nombres técnicos del lanzador, el bateador, el número de participantes y las reglas básicas, de las que ya tenía una idea muy somera. Un partido rápido dura sus buenas ocho horas de lanza y batea, lanza y batea, lanza y batea. El clásico se disputa a lo largo de cinco días. Siempre que estoy en un lugar público, la sala de espera de un aeropuerto por ejemplo, me encuentro el canal dedicado exclusivamente al cricket puesto.

Después hablamos de parejas y de familia. Si Rajoy estuviera aquí. Venera a sus padres. Me recuerda que en La India no se puede vivir en pareja sin estar casado ya que lo prohíbe la ley. Los divorcios están pésimamente vistos. Cuando le comento que en España los gays pueden casarse no consigue entenderlo a la primera. Después pone cara de “están locos estos romanos”. También hablamos de la cantidad de vegetarianos que existen en este país (por motivos religiosos), que pueden alcanzar el 60%. También de los idiomas que se hablan. Un buen repaso a los pilares de la cultura. El me pregunta por el Real Madrid y yo le digo que Roberto Carlos ya no juega allí.

Volvemos hacia el aeropuerto. Le comento que se me ha acabado la miel y que me gustaría comprar más para intentar aliviar mi garganta, aunque lo cierto es que tras la comida casi ni noto la irritación. La cerveza lo cura todo. Aterrizamos en Calcuta y quedamos para el día siguiente a las 5 de la mañana para coger el vuelo a Rancho. Llego destrozado al hotel. Los coches, los taxis y los camiones continúan con su serenata de cláxones y frenazos ajenos a mi falta de energía. Esta gente podría conducir sin retrovisores, de hecho creo que ni los miran. Muchos transportes llevan pintados en la parte de atrás un enorme “Please Horn”. Son como murciélagos en la carretera.

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5 responses

28 01 2008
Dracma

Vale, vale, me queda claro que soy “una paria”, y me reencarnaré en piojo de mosquito por vivir contigo en pecado, mi único consuelo es a ti te pasará lo mismo, je, je, je.

También me queda claro que alguién que yo me sé no sabe escribir “exultante”, aunque como tampoco sabe escribir “visita”, en lugar de darle un tirón de orejas, lo que procede es regalare un libro de ortografía.

28 01 2008
Ana

Me imagino tu cara de felicidad al decirle lo de que los gays pueden casarse, quién te vería anticipando la cara de obispo que iba a poner este hombre… Le podrías regalar un libro de Educación para la Ciudadanía, ese peazo de anticristo…

Recuerdo un indio que conocí en los Yueséi, que estaba siempre hablando con tías porque para él era una experiencia nueva; me decía que si en su país iba a hablar con una que no conocía que lo más normal era que le cayera un tortazo… Me hace gracia pensar cómo hay personas en EspaNa (y por lo que veo en ciertas manifestaciones, más de lo que parece…) a las que les gustaría que viviéramos así, con las mujeres de paquete y sin divorcio, que desde luego las hay que no aguantan nada (y muchas que aguantan y así les va luego…)… Qué mundo éste.

Podríamos copiar lo bueno de las culturas y no lo malo; de lo bueno de las culturas orientales me quedo con el respeto a los ancianos (ellos nunca abandonarían a un abuelo en un asilo, y mucho menos en una gasolinera…) y a los padres.

28 01 2008
Troutman

Lo cojonudo es que luego ellos argumentan que no se divorcian porque respetan más a sus mujeres que los occidentales.

Conste que he corregido los errores que apuntaba Dracma. Es el problema de no repasar y que el corrector de Word sea imperfecto.

28 01 2008
Ana

Y por qué no leí el comentario de Dracma si lo envió una hora antes que yo?

Lo de respetar más a las mujeres que los occidentales, yo creo que es más o menos parecido, porque también conocí a una india a la que habían enviado a los EEUU porque había habido muchos “accidentes” con alcohol de quemar en su barrio y ella estaba en edad casadera y sus padres tenían dos dedos de frente …

No tiene nada que ver pero no puedo evitar mandaros estos links; me imagino lo que sería vivir en una sociedad con censura donde sólo te mostrarían una de las dos versiones:

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-27-01-2008/abc/Sociedad/no-llores-tanto-que-solo-es-una-celula_1641591524843.html

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/espanolas/vuelven/abortar/fuera/elpepisoc/20080127elpepisoc_3/Tes

29 01 2008
Troutman

Mi blog clasifica los comentarios de Dracma como spam, con muy buen criterio, y hasta que ella no me comenta que ha mandado algo y que no aparece no sé que tengo que entrar a la cuenta y aprobarlo. Insisto, es lógico, me escribe desde el despacho de abogados y el blog se asusta. Spam!

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