Señores rumiando vegetales

4 02 2008

A eso de las dos del mediodía vamos a almorzar al comedor, llamémosle cantina. En la fábrica solo sirven comida vegetariana (le comento al francés que los supervisores de montaje y puesta en marcha europeos se lo van a pasar en grande cuando tengan que vivir aquí seis meses), incluyendo un extraño postre con yogur y hongos con una pinta deleznable. En la televisión están echando Cricket, India contra Australia en el tercer día de partido. Asis tiene constantemente la cabeza girada hacia la pantalla. Todos hacen un ruido infernal al comer, con la boca abierta, menos el francés y un servidor. Son vacas sagradas rumiando y oliendo a anís. Al terminar caradeperro hace retumbar las paredes.

Continuamos con la reunión por la tarde hasta las 8. A las nueve nos citan para cenar. El conductor de la toalla roja alrededor de la cabeza ya ha llegado con nuestras maletas y el hombre que hace de portero-camarero-botones-porteador del edificio sube mi equipaje hasta la habitación que me corresponde: Al encender la luz vemos una lagartija en la pared que se despereza y se aloja tras las cortinas. Hay una cama grande, una televisión y una mesa sobre la que se encuentra una vela y una caja de cerillas. Durante el día de hoy la luz se ha ido no menos de siete veces. No hay más decoración. El suelo es de mármol y las paredes de cal. Me enseña el baño, que al igual que la habitación es de enormes dimensiones y está prácticamente desnudo. En la pared del fondo, a un lado se ve el inodoro, justo bajo un ventanuco, y al otro la alcachofa de la ducha, sin cortinilla ni pileta. Bajo ésta hay un cubo verde enorme y dentro de éste una jarra de plástico roja más pequeña para el aseo íntimo. Al menos hay papel higiénico, aunque no demasiado.

Bajo al comedor y pido un té para mi maltrecha garganta. Uno de los cuarentones de la gorra me indica que vamos a la sala de reuniones. Allí han dispuesto, en una mesita junto a la gran mesa cubierta por mantel blanco, una serie de botellas de cerveza (Kingfisher) y güisqui, entre otros licores. El francés pide un vaso de este último sin soda y sin hielo. Nos sentamos alrededor de la mesa grande mientras nos dejan unas fuentes con picoteo a base de anacardos, verduritas y alguna cosa indefinible en salsa agridulce al curry pero que sabemos que es vegetariana (y que, por cierto, está cojonuda). Entre el vicepresidente. Todos en pie. Se sienta, como buen anfitrión, a nuestro lado. Reina el silencio. Suelta unas cuantas preguntas de cortesía, incluyendo una referencia al bullfighting. Ole. Mientras charlamos, los cuarentones de enfrente sufren ataques de risa mientras se pasan un móvil. El que con más ganas se descojona es caradeperro, lo que no impide que de vez en cuando siga dando rienda suelta a sus gases. Al cabo de un rato vamos a cenar a la cantina y para las diez y media estamos en nuestras habitaciones. Hace fresco. En la calle sigue reinando un tiempo brumoso y desapacible, húmedo. Dentro no es mucho mejor.

Tardo más de diez minutos en comprender cómo se pone en marcha el aire acondicionado, para descubrir tas unos minutos que no sirve para caldear el ambiente. En el armario del baño encuentro otra manta. Antes de dormir, escribo un micro-cuento para la Ser y se lo dicto a Dracma para que lo mande por mí. De paso, me quejo un poquito, porque pocas cosas hay más gratificantes en esta vida que hacerse ligermante el mártir con tu pareja y que te diga “pobrecito pobrecito”, aunque sea de coña. Después, a toda prisa, termino un segundo microrrelato que le enviaré mañana a mi hermano por SMS para que proceda a mandarlo en el formulario correspondiente. No quedarán finalistas. Tengo la excusa de las condiciones.

Me duermo con calcetines, el jersey y la bufanda puestas.

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9 responses

4 02 2008
Dracma

“Mientras charlamos, los cuarentones de enfrente sufren ataques de risa mientras se pasan un móvil.”

¿Y no les preguntaste de que se reían?

4 02 2008
Troutman

Hombre, no hubiese sido muy elegante por mi parte, y además cabía la posibilidad de que:
a) Se estuvieran riendo de nosotros
b) se estuvieran riendo de algún chiste indio incomprensible para uno, por lo que hubiese sido necesaria la clásica e incómoda risa de compromiso (o en este caso, puede ser, oscilación de cabeza, gesto que aún no domino)

4 02 2008
Ana

Hablar de elegancia cuando Dracma nos habló hace poco de la tragedia que sufrió a causa de la llovizna me parece mezquino por tu parte… porque con el pelo erizao seguro que estaba de todo menos elegante.

Tienes razón, pocas cosas hay más gratificantes que tu pareja te escuche cuando estás en etapa Calimero. Si es que Dracma no es tan maléfica como lo quiere parecer.

Me gustaría conocer al francés, me hace gracia como personaje.

4 02 2008
Dracma

Cierto, Ana, con el pelo erizado no estaba nada elegante, y sí, si os lo preguntáis, sufrí por ello en demasía, pero Mikel es un insensible.

Por otra parte, Mikel, me parece que lo que no es elegante es que se rieran de ese modo excluyendoos de la broma. Así que si ellos son poco elegantes, tu tienes permiso para preguntar con toda la inocencia del mundo de qué se están riendo. Además, después de confesar que dormiste con bufanda, jersey y calcetines no estás en posición de hablar de elegancia.

4 02 2008
Troutman

Entonces hablaré de “buenos modales”, doñas elegancias. Aquí, en lo que se refiere a lo de reirse en plan aparte, o eructar, o rascarse el sobaco, o hacer reverencias, entramos en el peliagudo mundo de las diferencias culturales, que hacen que yo lleve mi perilla muy orgulloso creyendo que los indios (o el asiático de turno) va a pensar que será una costumbre típica de esos locos occidentales, aunque luego no sea así. Y digo llevar mi perillaza por no hablar de otras cosas.

4 02 2008
Nuala

Yo me he quedado con las ganas de saber qué es tan gracioso…

Odio, odio, odio y odio que la gente haga exagerados ruidos con la boca mientras come a mi lado, ya sea de masticación, succión, deglución o lo que sea. Me pone histérica. Debería hacérmelo mirar porque un psicólogo sin duda me diría que es porque tengo reprimidos mis instintos o mi agresividad o alguna chorrada semejante.

4 02 2008
kar

unos microcuentos en esas condiciones deben estar tan marcados por la situación que como mínimo deben ser interesantes. Por cierto, soy el único que piensa que la frase de inicio de esta semana es indecente??

4 02 2008
Ana

No, Kar, yo también pienso como tú. La verdad es que deberían haber dejado solamente “el imbécil seguía mirando”; lo de la princesa me parece una tontería. Pero tengo curiosidad de ver lo que va a salir de ahí, a ver con qué tres cuentos nos encontramos maNana.

5 02 2008
Troutman

La frase de esta semana es de juzgado de guardia, pero en parte la gracia del concurso reside en éso. Ana, hoy es la final del mes, luego no hay concurso hasta el martes que viene. Yo, de todos modos, ya he enviado mis dos relatillos de rigor.

Es necesario que puntualice que pese a que las entradas estén narradas en presente, lo hechos tuvieron lugar hace dos semanas, luego los relatos a los que se hace referencia son los que están en la entrada anterior (ésto es, gremlin y engolamiento).

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