Nuevos proyectos

13 02 2008

En primer lugar, y para no perder la costumbre (y de paso no perder la costumbre de empezar diciendo “para no perder la costumbre”), la referencia a los micro-relatos de la semana pasada. Los finalistas fueron entre geniales (el de Isabel, para variar), y normaluchos (el ganador). Podéis echarles un vistazo aquí, como siempre. Sigo sin ser capaz de entender la dinámica que logra que siempre quede fuera el cuento con más enjundia. En cualquier caso, mis creaciones de dudosa calidad fueron las siguientes:

No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando con los ojos equivocados. Cualquier otra persona hubiese caído rendida a mis pies después de todo lo que hice, de todos las operaciones a las que me sometí, los injertos de cabello, las liposucciones, el botox. Tenía a todo un puñado de hombres bebiendo los vientos por mí, actuando como patéticos chimpancés bendiciendo el suelo que pisaba, pero él me continuaba viendo como su compañera campechana de toda la vida. Decidí que el problema estaba en sus ojos. Mi cirujano me dijo que aquella operación que sugería no era posible, así que tuve que hacerlo por mi misma.

No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando más por los intereses del estado que por ser feliz. Se casó con una prima con la que ha tenido infantitas y un herederito que es bizco y se parece a su madre. También sé que tiene una úlcera de dos centímetros. A veces, desde la ventana, puedo ver al otro lado de la calle a dos hombres vestidos de negro, con gafas de espejo y los brazos cruzados, mirando hacia mi portal. Entonces cierro los ojos y espero que suene el timbre, pero el muy idiota nunca lo aprieta.

En segundo lugar, en los próximos y sucesivos días iré colgando, a ser posible con una frecuencia bastante acelerada, las diferentes partes de un grupo de relatos que espero que formen un todo. La premisa no es original en absoluto, pero es una manera de escribir que siempre he apreciado. Cada día tendrá como protagonista una persona, con su nombre de pila como título. En principio va a constar de 11 capítulos, pero quizás añada alguno más y pida a los asiduos que me sugieran cuáles eliminar, como si se tratara de la selección final de canciones de un álbum. El hilo conductor no será la música, aunque podría haber dado su juego con el paralelismo de las pistas de un LP (incluyendo personajes bonus track o incluso escondidos), sino un rasgo de su vida. Tampoco voy a explicarlo todo.

En tercer lugar, y como proyecto vital estrella, y siendo como es en parte éste blog un escaparate translúcido de mi vida, comunico que a partir de hoy cambio de trabajo. Seguiré siendo ingeniero, no temáis. Lo mejor de todo es que tengo hasta el día 25 para tocarme las narices en casa, ir reduciendo la inacabable pila de libros y películas pendientes, llevar a Dracma a comer pinchos al mediodía al Bitoque o al New Or Kompon, escribir como un cosaco, leer las instrucciones de la Thermomix. Todo éso.

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8 responses

13 02 2008
Gabriel

Coincido y te envidio.
Estoy deseando romperme un tobillo para pegarme un par de semanas en casa. Pasar de mis dos trabajos y escribir por la mañana y por la noche. ¿Hay algún hueso que no duela? No, ése no. Uno que me deje vivo.
Ahí van mis bastardas princesas. Un desastre. No me gusta ninguno.

– No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando.
– ¿Y qué pasó? –preguntó él.
– Nada. Esperé un rato y me fui.
– Entonces no hiciste tu trabajo.
– Imposible. Si hubiera estado en Londres habría podido. Las cabinas de teléfono allí siguen siendo cerradas. Habría entrado, me habría transformado y habría besado al chaval. Todos se enamoran cuando besan a una princesa. Luego desaparezco y el chaval se cura para siempre de la estupidez de la adolescencia.
– ¡Lástima! Yo lo tengo más fácil.
– Lo sé, Superman. Si yo pudiera ponerme las enaguas, el vestido y los zapatos a velocidad supersónica, los jóvenes espabilarían antes.

– No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando.
El niño escuchaba a su hermana, sentada sobre la cama.
– ¿No pudiste?
– No pude -dijo ella-. Así que seguí siendo rana. Todo el día en el charco. Un asco.
– Pero puedes nadar todo lo que quieras. Y saltas mucho.
– Ya. Y tengo unos ojos horribles, y granos verdes –insistió.
– No importa.
– Ya. Venga, duérmete.
– Susi.
-¿Qué?
– Cuentas los cuentos mucho mejor que Papá.
– Seguro. Duérmete.
– El último. Cuéntame el de los hermanos que tenían un GPS que se rompe y llegan a la casa de la vicepresidenta del gobierno.

No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando.
Debería haber empezado por el principio. Ya es igual. Estoy detenida. No soy princesa. Me pongo mala al pensar que ni se enteró.
Yo había escalado el acantilado hasta el mirador. Sus escoltas esperaban en la carretera, y allí arriba estábamos sólo nosotros dos.
Yo, con las manos arañadas y un vestido azul medio remangado.
Él, con ese perfil desértico bajo el turbante.
Yo, a su espalda, con mi mejor sonrisa.
Él, aferrado al catalejo de monedas con manos de millonario del petróleo.
Yo, depilada, joven y guapa.
Él, puñados de monedas, un catalejo y la playa nudista al fondo.

– No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando.
– Estupendo. Gracias. ¡Siguiente!
– Relleno folios por no vaciar el cargador… –leyó un joven.
– Gracias. ¡Otro! –gritó el presidente del jurado.
– No hay más -avisó el conserje.
– Estupendo. ¿De dónde saca esta gente esos títulos? ¿Son todos idiotas? Igual yo me estoy volviendo demasiado estricto –se quejó.
– He oído que hay un concurso en la radio al que presentan miles. Aquí vienen los que no ganan allí –le informó un compañero.
– ¿Las sobras? ¿Nos llegan los perdedores? ¡Esto es la televisión! ¡Van a ser famosos! ¿Están todos locos? ¡Que pase el de la princesa!

No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando. Pero no voy a culparle a él. Tampoco quiero decir que no fuera un imbécil. Sigue siéndolo. Pero no tenía derecho a hacerme eso. Uno puede ser imbécil y dedicarse a hacer cosas buenas, aunque las haga mal. Pero no hay nada peor que un imbécil que crea que tiene razón. Y ése es el caso. Sigo soñando con la escena: Yo allí subida, con tres modistas alrededor, el vestido blanco sujeto por alfileres y mi madre casi llorando.
Me giro y me encuentro al imbécil de mi novio en el escaparate.
Sonreía y aplaudía, el imbécil.

13 02 2008
Nuala

Pues a mí me han gustado más que alguno de los elegidos. Yo tampoco entiendo lo que quiere el jurado y esta semana me puse en huelga.

Felicidades, Mikel, imagino que el cambio será para mejor. Y este tiempecito para escribir nos va a dar muchas alegrías a tus lectores.

¡Ya nos contarás!

13 02 2008
claudia

Si, el de Isabel era el mejor. Yo esta semana tampoco escribí nada. Frase poco inspiradora. Los dos tuyos Mike, me gustan mucho. Y de Gabriel (vaya producción) me quedo con el último. Recordad: si se anticipan cuentos por ejemplo con ranas y sapos, girad hacia otro lado. Los predecibles en temática suelen descartarse.

Felicidades por el cambio de trabajo. Ojalá a mi se me presentase esa disyuntiva: poder cambiar de empleo! Suena bien esos relatos por capítulos. Ya te leeremos. Un saludo caluroso.

14 02 2008
Troutman

Gabriel, de tu extensa producción de esta semana me ha encantado el del jeque árabe. Mi consejo para la baja es que le pegues unos buenos besos de torniquete a los que estornuden mucho en tu trabajo. Yo procuro amorrarme a Dracma cuando dice que le duele la garganta.

Perdón por usar el verbo amorrar.

14 02 2008
Blackstar

Otra que no entiende demasiado la dinámica del concurso. El mío de esta semana no es que me entusiasmase pero tampoco lo encuentro mucho peor que alguno de los seleccionados. ¿Cuántos deben recibir? supongo que miles. Habrá que seguir intentándolo!

Por otra parte, mucha suerte en tu nuevo proyecto. ¿Te permitirá seguir viajando? porque esa es la parte que más te motivaba casi del antiguo, así que espero que sigamos teniendo señores empujando y rumiando y con pelos en las orejas. Disfruta de estos días de vacaciones!

Un abrazo

14 02 2008
Dracma

Confiaba en que hubieras escrito “amorrarme” por error, o por desconocimiento del verbo apropiado, como consecuencia de no haber leído a la inconmensurable Corín Tellado (¡Corín, Corín, mira que eres grande!), pero tu reincidencia y tus disculpas me han hecho enfrentarme a la amarga realidad: hablas asín.

“Yo procuro amorrarme a Dracma cuando dice que le duele la garganta.”
¿Cómo que “cuando dice”? Te ha faltado añadir: por si esta vez es cierto.

Para mis microrelatos uso a Mikel como crítico, pero no funciona. Llevo participando ya unas seis semanas de forma intermitente y hasta ahora no he ganado nunca. No sé si será porque cuando no me dice lo que quiero oir, envío el relato igual y le lanzo una mirada altiva de “cuando esta semana me den el premio te vas enterar”.
Sigo intentándolo.

14 02 2008
Nuala

Ayer envié un microrelato que sé del cierto que no va a llegar a finalista. Si es que soy tozuda…

14 02 2008
Gabriel

Cuando mi mujer dice que le duele la garganta suele decirlo por señas, porque está construída (y muy bien) alrededor de una faringe modelo Clavumox del 74. Pero no hay forma. Las bajas me rehuyen. No me queda más remedio que robar un rato de la comida y del desayuno para los exabruptos literarios. Aunque suene a mala digestión.
Amorrrar es un verbo precioso, que linda con el arrejuntamiento y el refrote, que son acciones estupendísimas, tanto con mujer como con Keler 18.
Y retomo mi deacuerdismo con Mikel: De mil cuentos, tres clasificados. Deberían votar al que más les guste, o al mejor, partiendo de la base de que a ninguno le sobra un frase, ni habría que cambiarle el final, ni, evidentemente, tiene un error gramatical.
Pero me divierto igual.
Un saludo.

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