Que no se diga que no lo intento

18 03 2008

De dos en dos sigo mandando. A ver cuáles son los finalistas de esta semana. Mucho me temo que deberé renunciar a mis costumbres a no ser que me de tiempo de enviar mi par de microcuento desde que pongan la frase en la red hasta las dos del mediodía, momento en el que huiré de mi puesto de trabajo para montarme en un autobús que nos llevará a Venecia y Florencia. Seguro que viene equipado con pinchos en los respaldos de los asientos a la altura de las rótulas, pero pienso disfrutar del viaje. Había pensado comprar biodraminas en plan ataque preventivo ya que, aunque no me mareo por sistema, sí que soy incapaz de leer más de media hora seguida sin sentir náuseas cuando voy en autobús. Y encima nos va a llover, pero nos lo vamos a pasar como Dios, aunque Dios no sé si disfrutó mucho en Semana Santa, al menos su desdoblamiento de personalidad que le hacía creerse un jipi trabajando con una ONG de qayuda a pescadores en Oriente Medio.

A lo que íbamos:

Cleo la levantó y allí la esperaba el alacrán. Dio un grito y, con cara de asco, aplastó el bicho bajo su pie. Alguien aulló: ¡Corten!. Cleo se alejó moviendo sus curvas de diva. Anders recogió su pobre alimaña destripada, con todos los cables al aire. Entró en su caravana. Con un destornillador y un poco de cinta aislante recompuso el alacrán mecánico. Lo dejó sobre la estantería con mimo, se recostó sobre la silla y se ajustó sus gafas. Apretó el botón y el grupo de escorpiones, cobras y minidinosauros mecánicos interpretó su coreografía al son de “My Fair Lady” mientras Anders se secaba las lágrimas.

Cleo la levantó y allí la esperaba el alacrán, agazapado detrás de la farola, con su gabardina y aquellas gafas y bigote de pega. Dejó la persiana levantada. Se hizo unas tostadas. Preparó café. Vio las noticias en la tele, el programa del corazón: Marco Antonio había sido visto con una despampanante rubia saliendo de Richie’s. Cleo frunció el ceño, hizo una llamada y salió por la puerta. Llegó a Tony’s. En la terraza le esperaba aquel modelo musculitos contratado. Se cercioró de que el alacrán la había seguido y besó apasionadamente al modelo de cartón-piedra. Sintió el flash de la cámara con alivio.

Apuntar que escribo desde el explorer, que no tiene corrector ortográfico. En el momento que me den mi portátil definitivo (ya van 3 semanas trabajando en un equipo “provisional”) me instalo el Mozilla y erradico las erratas. Porque digan lo que digan, repasar es de cobardes.

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8 responses

18 03 2008
Dracma

“Porque digan lo que digan, repasar es de cobardes.”

Me parto, y eso que en el fondo sé que crees que hay algo de verdad en esa frase.

18 03 2008
Troutman

Es una boutade como otra cualquiera, pero como vago redomado, a veces, y lo sabes, me gusta pensarlo.

18 03 2008
Dracma

Es una boutade…
¿Qué pacha a boca?

18 03 2008
Gabriel

Boutade es putada, ¿no?. Por lo menos para los que repasamos.
Mi madre me dijo que seguro que me llamaban, pero también me dijo en octavo que no iba a caer la revolución industrial en Alemania…
Ahí van los míos.

Cleo la levantó y allí la esperaba el alacrán.
Hacía más de un mes que el pequeño monstruo negro la visitaba. Siempre después de las diez, el animal aparecía bajo la sábana, en el lado izquierdo de la cama.
No lo veía como una amenaza.
Como un intruso, tal vez.
Acercó la mano y le permitió pellizcar sus dedos índice y medio. Le dejó bailar adelante y atrás, a izquierda y derecha. Tarareó un breve tango y observó al bicho depositar esa extraña cápsula puntiaguda junto a la almohada.
Había leído suficiente. Sabía por qué bailaba cada noche.
-No va a poder ser –le dijo-. Tendremos que adoptar.

Cleo la levantó y allí la esperaba el alacrán.
Dejó caer la tapa y tomó aire.
Llevaba meses alimentándolo. Cazando moscas y saltamontes para meterlos en la caja donde lo guardaba. Quería que el alacrán tuviera el aguijón repleto de ponzoña. Lo necesitaba así. Sabía que podía agotar su veneno en un picotazo, y picar después en vano, sin peligro.
De modo que lo tuvo dos semanas a dieta, produciendo veneno.
Abrió la caja y se dejó picar. Corrió ante su marido y confesó.
-No te quiero. Me acuesto con tu hermano. Voy a morir.
Él la miró confuso.
-A mi hermano le ha picado el bicho ése.

18 03 2008
Ana

Qué imaginación tenéis y qué bien escribís. Y qué friki el Anders.

Gabriel, cuánto sabes de alacranes!

El primero de Troutman y el último de Gabriel son muy graciosos.

18 03 2008
Nuala

Lo que es de cobardes es el corrector ortográfico. Y si me apuran hasta el contador de palabras. Prueben a escribir sin corrector y sin contador de palabras como lo hacía yo.

Es desesperante, pero de muy machotes/ as.

Esta semana odiaba la frase y pasé.

24 03 2008
kar

el corrector sí es para cobardes… el lenguaje y la ortografía se han de vivir, sentir en la sangre y expulsarlos en cada texto, por dios, que a mí bill gates no me corrige un escrito… lo del contador de palabras, sin embargo, es vital, por dios. O eso, o me veo con el ábaco en la mesa.

25 03 2008
Troutman

Veo que esta semana pasada se la ha llevado, por fin, Isabel González. Desde luego es un microcuento cojonudo y se lo merecía hace tiempo. Ver relatos tan acertados le hace uno entrar en ese estado mental que ya he mencionado alguna vez de envidia-tristeza-arrebato escritor.

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