Una oda a los demás

28 03 2008

Cinco de la tarde. Tras comer rápidamente un par de trozos de pizza, dos jóvenes se acercan a una heladería. Piden un cono de chocolate y una tarrina (señalada al azar de entre los tamaños que aparecen sobre el mostrador). Son trece euros. En la otra punta de Florencia, el comisario Giorgio Stronzo escucha por la radio que se ha cometido un dos-once.

La culpa fue nuestra porque los precios estaban escritos bien clarito dentro de la heladería y al haber llegado a Florencia hacía media hora no nos dimos cuenta de que nos encontrábamos junto al Ponte Vecchio. De todos modos, Venecia y Florencia no nos han parecido tan cara como me esperaba. Lo único con precios un tanto discordantes es el el alcohol, cosa que por otra parte ocurre en toda Europa. O mejor, que a los que nos gusta el morapio estamos muy bien en el país de lah folclórica y lah pandertah. En otro punto de la ciudad, a escasos trescientos metros, justo al lado del puente inmediatamente aguas abajo , pudimos tomar un helado estupendo en un local realmente cuidado por escaso euro y medio. A veces, ante estos atropellos (relativos, al fin y al cabo no creo que se estén haciéndose de oro por ello), me siento estafado y se me queda cara de tonto. En este caso no me dio ni tiempo. En mi cabeza resonó la frase “La experiencia turística” y el hecho de poder escribir sobre ella, y solamente por la posibilidad de poder contarlo ya fui feliz, rodeado de guiris y españoles (básicamente) apelotonados entre joyerías, lloviendo, con los pies molidos y un helado intragable de cinco euros en la mano.

Por culpa de mi reciente cambio de trabajo y las incertidumbres del mismo no pudimos organizar la escapada de esta pasada Semana Santa hasta última hora, por lo que nos vimos abocados a coger un viaje organizado en Autobús que visitaba Venecia y Florencia. Pese a que para la mayoría de la gente las veinte horas de viaje (en cada sentido) encastrado entre dos asientos reclinables supondrían el mayor inconveniente, en mi caso siempre ha sido la palabra “Organizado” la que me ha echado para atrás. No soy un sociópata. Me encanta conocer gente. Ni siquiera me hace falta relacionarme con ellos, me basta con conocerlos. Pero sentirme como un borrego es algo que no va conmigo. De todos modos, en este viaje, la organización consistía casi exclusivamente en proveernos de transporte y hotel y dos cortas visitas generales por cada una de las ciudades. Y la conclusión es, desgraciadamente, que a veces es mejor ser un sociópata.

Planteemos una serie de puntos antes de continuar. Consejos útiles para personas que nunca los escucharan y que en caso de hacerlo sería en vano (entraría el por un oído y saldría por otro):

1) En un autobús, en un avión, en cualquier medio de transporte en los que cabe la posibilidad de causar una rotura de ligamento de rodilla de la persona que se sienta tras de ti, ES NECESARIO pedir permiso para reclinarse. Es una tontería, y siempre te dirán que sí (salvo ancianas artríticas y jugadores de baloncesto), pero sé considerado.

2) Si te comportas como una descerebrada, superficial, desconsiderada y un tanto jeta, cabe la posibilidad de que, si eres de origen caribeño, uno acabe encontrándose soltando generalidades (aunque sea mentalmente) sobre el conjunto de mujeres venezolano-dominicano-cubanas aunque sea:
a) Políticamente incorrecto
b) Aparentemente racista
c) Falso
d) Pero desengrasante
e) Joder

3) Pedirle los sandwiches a una dependienta italiana como si fuera retrasada mental no solamente le cabrea a ella, sino a los que te rodean. Y si encima le pides que te lo haga a la plancha, y pasaíto, ni te cuento

4) Si ya es peligroso y digno de ser un bocachancla decir barbaridades de cualquier persona que tienes delante en el extranjero creyendo que no te entiende, en Italia más. Atente a las consecuencias. Desafortunadamente suelen ser mayores dichas consecuencias, desastrosas, en la vergüenza ajena de los demás.

5) En relación a lah folclóricah y lah panderetah. No hay nada más español que poner a parir a todos los que no lo sean. Ejemplo: Escuchar a un par de conversadores, en relación a la manera en que la gente subía a los Vaporettos, aquello de “Están sin civilizar, es que están sin civilizar”, refiriénsoe, por supuesto, a los italianos.

La siguiente entrada prometo contar algo de Venecia, de verdad, que sí. Lo juro por alguna folclórica.

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11 responses

28 03 2008
Dracma

La que pidió el sandwich no trataba como si fuera subnormal a la dependienta del área de servicio, la trataba como si fuera Toby, su mascota torpe.

No ese no, no, no -gesto de impaciencia – ¡Mira mi dedo, mira mi dedo, mi dedo!- Y mientras decía esto movía el dedo apuntando alternativamente hacia los ojos de la dependienta y el sandwich panini que quería. Lo de “pónmelo pasaíto ¿eh?” fue el colofón.

Luego tuvimos que sufrir a otra mujer que parecía sacada de una pelicula Paco Martínez Soria. Creía que gritar y hablar a camara lenta era la forma de hacerse entender. Así que chillaba: “Daaaaameeee uuuuun paqueeeteee deee chiiicleees”. No exagero. Gritó tanto que la dependienta perdió el temple y le dijo “Signora, Io sonno italianna ma non sorda” (seguro que lo he escrito mal, pero la idea era esa). Para colmo la mujer chillona se gira hacia mi como si me conociera y me dice- “No entiendo lo que me ha dicho”- y por suerte se larga rápido.

Una de las cubanas a la que se refiere Mikel se pasó todo el viaje en bus descalza, medio tumbada sobre su novio y asomando los pies por el pasillo. Además, cuando hablaba soltaba unas perlas del Adriático como para hacer un collar: Ej: “Al final ha hecho bueno en Venecia, hemos tenido suerte”, dice alguien. Y ella contesta: “Yo creo que el tiempo va con la alegría de las personas, Pepe (por decir un nombre) dice que desde que yo me he venido a España el sol sale mucho más y hace mejor tiempo”. En respuesta a tamaña frase en Florencia y en Niza jarreó.

Sé que soy intolerante, pero todos ellos deberían pedir a los Reyes Magos dos dedos de frente.

28 03 2008
Gabriel

¿Verdad que se hace raro volver a casa y darte cuenta de que has estado en el extranjero hablando bajito para que ningún español supiera que tú también lo eres?

28 03 2008
Troutman

Yo soy un voceras, y cuando íbamos paseando llevaba mi tono habitual. Sin embargo en el bus siempre intentaba hablar bajito, para no molestar (y sobre todo, para que no me oyeran, porque soy consciente de que si escucharan mis palabras al vuelo es probable que fueran igual de estúpidas que lo que me parecen a mí la de los otros – en el fondo no sé si me lo creo). No sé qué pensaría la gente de mí en la plaza San Marcos, rodeados de palomas, cuando gritaba lo que éste:

http://es.youtube.com/watch?v=OO3FAOzlFLc

y me descojonaba yo sólo, por supuesto.

28 03 2008
Dracma

Yo sin embargo sí trataba de ocultar mi procedencia para evitar muestras de confraternización espontáneas.

Mikel, por Dios, no te bastó con hacer el gañán cada vez que pasabamos por San Marcos, que tienes que contarlo como si fuera una proeza.

28 03 2008
Ana

Me parto!

Esto me recuerda a unos amigos que estaban en la cola de la torre Eiffel y una pareja de unos sesenta años (gracias http://www.notengoenie.com) que les oyó hablar en español les dice “hombre, por fin, es que para encontrar en este país a alguien que hable español…” (resoplando). Mis amigos les recordaron que en Francia se habla francés. Les preguntaron que “dónde narices se podía comer en este sitio” y mis amigos les dijeron que ahí al lado vendían bocadillos…. La mujer le dice a su marido “Manolo, traeme un bocadillo de chorizo o de jamón serrano, pero que no me lo mezclen”. El “que no me lo mezclen” me parece igual de ridículo que vuestro “pasaíto”… Y la tía se quedó sorprendidísima cuando mi amiga le dijo que a lo mejor no habría chorizo ni jamón… “Entonces qué comen?”…

Y este finde que estuvimos en Edimburgo cuando pasamos al lado de dos españoles le dice uno al otro “voy a tirarme un pedito ahora que pasan éstos”…

Por otra parte, que sepáis que los franceses también se averguenzan de sus compatriotas cuando están en el extranjero; una amiga mía francesa forra todas sus guías en francés con papel de regalo opaco para que no sepan que ella también es francesa…

En nuestro favor hay que decir que al menos los españoles somos coherentes y somos igual de cutres en nuestro país que cuando vamos al extranjero; los alemanes en Alemania son muy serios ellos y no gritan nada, y luego cuando vienen al sur se desmelenan…

Dracma, no hiciste un vídeo de Troutman gritándole a las palomas? Eso valdrá oro cuando se haga famoso!

28 03 2008
Troutman

No te equivoques, como bien sabe Dracma, si algún día, por un capricho del destino, fuera famoso, volvería yo mismo a grabar ese momento y lo pasaría por la tele. Yeeeha, Yehaa, paharo, paloma, lah ratah del aire

28 03 2008
Claudia 2008

Jajajajajajajaja….Más Venecia, más Venecia, sin Vehenecia!!! Me parto con Ana y lo del “pedito” en Edimburgo. Yo estuve en Bélgica y dos de tres transeúntes eramos españoles. Se nos nota demasiado la procedencia.

Por cierto, me acaban de regalar Las Benévolas en francés. No sé si seré capaz de hacer tamaño esfuerzo! Releeré tus reseñas por si acaso. Saludos post vacacionales.

29 03 2008
kar

yo siempre he tenido una duda… no en un viaje de 20h, pero sí en uno de 3 (por ejemplo, bcn-madrid AVE)… es lícito reclinar el asiento cuando el de detrás está ocupado? partiendo de la base de que me da bastante por culo que la persona de delante mío lo haga, soy un tipo de piernas largas y culo de mal asiento, con lo que cambio de posición como 700 veces por trayecto, yo no lo hago. Entiendo que si hay gente detrás, no se debe hacer, pero claro, ¿cuándo no hay gente detrás? desde luego, el 90% de las veces, la hay. El otro día, haciendo el trayecto que comento, una chica de delante reclinó su asiento. Yo, con toda la amabilidad del mundo, le pedí si podía no hacerlo. Ella me contestó (no sin cierta chulería, que se le perdona porque estaba de buen ver) que ya que se lo pedía amablemente, lo reclinaría un poquito menos, pero me vino a decir que ella estaba en su derecho de reclinarlo si quería. Y la verdad, no supe qué decir.

31 03 2008
Dracma

Creo que Es una cuestión de educación, civismo y sentido común más que de derecho. Por ejemplo, yo no tengo la obligación de saludar al vecino o al portero, ni ellos derecho a que les salude, o a que les devuelva el saludo, pero lo lógico es que les salude porque la convención social está así establecida.

Es como con las colas de los supermercados, si abren una caja nueva a veces siempre hay un listo del final que corre a ponerse en primer lugar en vez de dejar pasar al que iba el siguiente en la cola antigua. En ocasiones las cajeras deben poner orden como si fuera la guardería “Señores pasen por orden por favor…” Pues aquí sucede lo mismo. Hasta que los autobuseros pongan orden cada uno hará lo que quiera, poruqe no hay una norma que lo prohiba y físicamente se puede hacer.

Además tengo la sensación que lo de los asientos reclinables lo son para que en los viajes nocturnos por la noche uno pueda dormir, es decir es lógico buscar la comodidad de la mayoría. De día y por la tarde la gente va despierta, por lo que es lógico tener el asiento en posicón normal, poder hablar (sin gritar y marear al personal) o dar la luz. De noche la mayoría dormita, luego en mi opinión llegada una hora prudencial hay que apagar la luz auqne una quiera leer e las 2 de la madrugada y será lógico reclinar los asientos poruqe casi todos van con los ojos cerados y a su vez han reclinado sus asientos.

31 03 2008
Troutman

Mis disculpas por no haber respondido antes. No sé por qué el Firefox no me deja entrar en el blog. No me preguntéis el por qué. Dracma ha respondido perfectamente al espinoso tema de reclinar el asiento. De hecho yo soy partidario de no hacerlo NUNCA porque resulta incómodo para el de detrás incluso si él reclina el suyo. Por lo tanto, sólo si no hay nadie. En un tren es otra cosa, que hay mucho sitio.

2 04 2008
kar

agradecido por las respuestas, veo que coincidimos, pero reconozco tuve un momento de duda. Troutman, lo del tren y su “mucho sitio” es algo más que discutible.

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