Ambientación – Tríptico

2 10 2008

1) CENTRO COMERCIAL: PARKING

Huele a dióxido de carbono encerrado. Los coches se ajustan en líneas y más líneas marcadas por una letra, o un número, o un color que nadie recuerda después. En cualquier momento, cualquier día, alguien bajará y no sabrá distinguir su automóvil de los del resto. Y dará lo mismo.
El suelo rugoso, gris, indica por dónde hay que caminar, por donde cruzar. El techo apenas se encuentra separado. Maximiza espacios y permite que si alguien llega con las piernas cansadas pueda caminar con sus brazos. Todo es cemento, corredores de pinturas blancas y amarillas y solo algún charco de grasa o ciertas goteras puntúan las superficies. Lejos, se escucha el golpeteo de música techno a través de las finas paredes de un coche.
Cuando se abren las puertas correderas con detección de presencia el ruido inunda un momento el parking, e incluso las luces amarillas. Griterío y música a la que nadie presta atención. Unas escaleras mecánicas indican el camino al paraíso. Cierto diseñador tuvo la genial idea de instalar unas nubes de cartón piedra a lo largo del acceso en un derroche de imaginación. A través de esos remedos de cielo de bajo coste se puede ver al mundo pululando, moviéndose, riéndose con los mismos dientes y la misma boca.
Cuando se cierran las puertas correderas con detección de presencia vuelve el silencio. Alguna cucaracha se te detiene extrañada en el techo (¿suelo?) antes de reemprender el camino bordeando un bloque de cemento desprendido de una columna, el cual ha dejado un hueco con forma de dentellada que permite ver sus tripas de acero corrugado y oxidado, barras parduscas en posición vertical que salen y vuelven a entrar a través de la piel gris del mundo. Si se mira con atención se puede ver cómo palpitan.
Alguien sale de su automóvil, se acerca a las puertas acristaladas y se golpea contra el vidrio. Cae de espaldas y se queda sentado sobre el cemento (que está decorado con líneas blancas discontinuas antideslizantes), mirando con odio la entrada al mundo de la diversión, que no lo ha reconocido.

2) AEROPUERTO: 6 DE LA MAÑANA

Los mostradores están vacíos, alineados en una fila que se pierde a derecha e izquierda, clasificados por colores, con una pantalla detrás de ellos con la palabra CERRADO en letras corporativas amarillas sobre fondo azul. El suelo brilla pero no refleja nada. Un empleado vestido con mono de trabajo se pasea haciendo eses con su carro de limpieza, restregando las escobillas automáticas contra el suelo, segregando productos de limpieza aunque todo parece estar irremediablemente reluciente. En un momento dado da un volantazo y comienza a girar en círculos concéntricos inacabables, como intentando desgastar el suelo hasta perforarlo y caer al aparcamiento.
Las puertas automáticas se abren y se cierran en frecuencias cada vez más cortas. El frío seco del invierno de la calle se cuela y lucha con el asmático aire acondicionado cargado de virus. La victoria nunca está cerca.
Entre cada millón de mostradores un panel informativo lista, con letras amarillas sobre fondo azul eléctrico, los próximos destinos.

07:05 PARIS AFR 6528 32 ESTIMADO 07:45
07:10 LONDRES /GATWICK CLI 1225 33 EN HORA
07:15 LONDRES /HEATHROW BRI 7107 28 EN HORA
07:30 JOHANNESBURGO SAE 2030 40 EN HORA
07:30 FINDELMUNDO DIO 2000 01 ESTIMADO 07:55
07:35 SHANGHAI CAR 0124 41 EN HORA

Al fondo está la única cola, presidida por una mujer joven, muy maquillada, con coleta y uniforme a base de chaleco, camisa blanca y falda perfectamente marcados con logotipos de la compañía. Expide tarjetas de embarque y pega los adhesivos de las maletas. Cuando ata uno de esos distintivos a la muñeca del primer ejecutivo con corbata de la cola y éste se queja, despierta. Estaba soñando con el centro comercial.

3) OFICINA: DELANTE DE LA PANTALLA DEL ORDENADOR

La moqueta está limpia pero huele a una mezcla entre desinfectante, colonia barata y orines. Todo el mundo reza por no tener que agacharse a recoger un lapicero.

Al fondo, justo a la derecha, alejada de las ventanas que separan el aire acondicionado del aire frío y seco del invierno (que nos mira condescendientemente a través de los cristales), se puede ver una mesa perfectamente ordenada, con un máximo de tres torres de papel sobre su superficie, con la pantalla del computador orientada hacia la fuente de luz, con una inclinación de 13 grados sobre la vertical que permite formar una paralela perfecta entre la perpendicular a la misma y el vector de mirada del hombre con corbata que se siente delante de ella. Teclea haciendo salir un sonido de ametralladora amortiguada que se confunde con el resto de mecanismos de repetición sentados en las mesas de alrededor (con un máximo de tres torres de papel sobre su superficie). Las mesas son del mismo color deslavazado de la moqueta. Las luces fluorescentes están encendidas y zumban. Una de ellas comienza a parpadear sobre la cabeza del hombre. El tic del párpado inferior de su ojo izquierdo se sincroniza con el titileo de la barra de luz.
La fotocopiadora suena. Algún autómata se levanta y recoge los papeles que ha escupido. A través de las mamparas se puede escuchar a alguien caminando a toda prisa.
El hombre ha girado la cabeza para observar un avión que sube y sube y se pierde detrás de la silueta del edificio de oficinas de enfrente. El sonido del golpeteo de sus huellas dactilares contra el teclado cesa un momento. Su pantalla se ha vuelto azul eléctrico con letras amarillas sobreimpresas. Hablan de un error fatal del sistema pero el hombre solo puede leer muérete sucio humano. Golpea su puño con fuerza contra la superficie perfectamente limpia de su mesa y las ondas de ruido se expanden y rebotan en la moqueta, después en las mamparas, después en los techos modulares , después en el suelo otra vez hasta diluirse sin llegar al fondo de la habitación y sin que nadie levante la cabeza.

Con el temblor del golpe, el único bolígrafo sobre la mesa del hombre comienza a rodar, salta con alegría sobre el borde de la mesa y se precipita al vacío. El hombre mira como cae y suspira.

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3 responses

6 10 2008
Blackstar

¿Era un ejercicio del taller?

Sea o no sea.. me entusiasma este estilo entre aséptico y frío cargado de detalles. Y donde parece no haber sentimientos, ni las cosas ocurren.
Sólo un detalle: “mirando con odio la entrada al mundo de la diversión, que no lo ha reconocido.” Mejor, “que no ha reconocido”

Y deslavazado: creo que se escribe deslabazado, seguro que se ha ido esa mano al teclear!

Me interesa lo de la novela, ¿te vas a animar a escribir una? luego leo tu esquema.

Un abrazo

6 10 2008
Troutman

Es un ejercicio del taller virtual de la escuela de escritores. Este año voy a hacer un curso presencial (el de siempre aquí en Bilbao) y otro por internete. Éste último enfocado a escribir una novela, así que sí, lo voy a intentar. No hace falta decirlo pero no pasará de las 200 páginas.

Yo diría que es deslavazado…

Respecto a la frase “que no lo ha reconocido” veo que resulta confusa, porque la idea es que la puerta no lo reconoce a él y por éso no abre.

Y ahora a darle al facebook, a ver cuánto tardo en aburrirme

6 10 2008
Blackstar

Ya vimos en el de Krys que tú también tienes!

Efectivamente, es deslavazado! colleja para servidora. Después de releer el texto ya no es confuso, la hora del mediodía no es la mejor para poner los cinco sentidos sobre algo.

Yo acabo ahora mi curso de inglés a distancia, que a lo tonto me ha quitado bastante tiempo, también me gustaría intentar escribir algo que se pareciese a un proyecto de novela pero creo que es más fácil si tienes la formación que te están dando.

Este verano me prestaron un libro de relatos, escrito por la tía de una chica jovencita que conozco. Manderley en venta. Lo lei de un tirón, me gustó bastante, pero siendo sincera, no vi en ellos algo mejor que en relatos tuyos, o siendo pedante, en alguno que haya podido escribir yo. Creo que tuvo suerte con la editorial, Tropoeditores. Y es que creo que es una buena opción. Bueno, pues el otro día vi el libro en la Fnac, y me alegré enormemente.

Así que mucho ánimo!!

200 páginas me parece muy razonable, por otra parte.

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