Un día en turquía con mi tía. Parte 3 (final y seguía siendo solo por la rima)

19 11 2008

imgp1816Hakan tiene 35 años, mide un metro setenta y cinco y está delgado. Acentúa su delgadez con ajustadas camisas italianas que combinan perfectamente con su peinado engominado, sus zapatos puntiagudos que encera cada noche y su sonrisa, por decirlo suavemente, pícara. Su actitud ya no es que sea acorde sino que supera el estereotipo, tanto que en algún momento parece recrear en sus anécdotas escenas de películas chuscas de gigolós como Zohan (personaje con el que comparte, por cierto, ése defecto al hablar inglés de utilizar artículo con los nombres propios), aunque nunca queda claro hasta que punto lo que cuenta es serio o te está tomando el pelo. Es ya una leyenda en la empresa. La compañía perfecta para tomar unas copas. En su brazo derecho lleva un tatuaje hortera con un corazoncito que se hizo el día que murió su madre. Mientras estamos esperando a que aparezca un antiguo amigo de Yunus de la época en que estudiaba en Trabzon y que sigue viviendo allí (es decir, aquí) en el lobby del hotel, hablamos de diferentes cosas, incluyendo el estado de mi ropa interior, y terminamos comentando juegos de cartas. Le explico a Hakan someramente en qué consiste el mus, y que la apuesta nunca es dinero sino la identidad del que pagará las copas o la cena, en caso de ponernos graves. Se le ilumina la cara y comenta que él y sus amigos hacían lo mismo con el póquer, poniendo un dinero al principio de bote con el que contratar una prostituta rusa para que les sirviera las copas y fuera el trofeo del ganador. En estos momentos me es indiferente cuánto hay de verdad en el asunto, el simple hecho de contarlo me es suficiente.

imgp1808Llega el amigo de Yunus, que no habla inglés. Viste un traje oscuro y tiene pinta de crápula, no por nada en especial, sino por las facciones y el peinado. Al cabo de un rato es evidente que no solamente lo parece. Le falta un palillo en la boca. Nos montamos en su furgoneta y vamos a un restaurante relativamente elegante en las afueras. La comida está bien y es curioso comprobar cómo platos que ellos creen absolutamente autóctonos y especiales son calcados a otros españoles (los calamares rebozados, los encurtidos, el arroz con leche…y especialmente el anís, que beben DURANTE la comida rebajado con un poco de agua). El pescado de segundo plato no es gran cosa, y eso que nos encontramos en la zona pesquera principal del país. Anchoas y poco más. Yo me bebo una botella de vino turco bastante decente y terminamos con un café turco y la costumbre consiguiente de leerle el futuro a otro comensal en los posos de su taza tras voltearla (yo le vaticino una larga vida y un buen matrimonio al presunto crápula, no tengo confianza suficiente para hacer una coña con, un poner, una posible extensión de su aparato reproductor).

Volvemos al hotel y de allí nos acercamos a un bar donde quieren tener la deferencia de mostrarme cómo, pese a que el nuevo gobierno islamista intenta controlar el asunto, aún sigue siendo Trabzon un lugar de paso y cultivo de la prostitución rusa vía Georgia. Efectivamente, tras bajar unas escaleras y ser cacheados nos sentamos en una mesa de un local solo calificable como “de mala muerte” con dos pisos, en el que la mitad de las mesas están ocupadas por jóvenes damiselas con trajes de noche o minifalda que fuman como carreteras, beben y mandan mensajes por sus móviles con cara de hastío, la otra mitad por turcos un tanto siniestros y la pequeña pista de baile está ocupada por un borracho (o un loco) calvo de mediana edad con camisa blanca que baila moviendo mucho los brazos. Nos tomamos una cerveza que resulta muy difícil de digerir tras la copiosa cena. Miro alrededor sin fijar la mirada demasiado en ningún lugar. Hakan sonríe como diciendo “mira lo que tenemos aquí” y al presunto crápula se le nota en su salsa. Yunus se pone tenso cuando Hakan deja la mesa para ir al baño, ya que cree que su objetivo pueda ser otro, pero se relaja en cuanto regresa. Al cabo de media hora de estar allí resulta aburrido y afortunadamente regresamos al hotel en seguida. Ha sido un día largo.

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3 responses

20 11 2008
Ana

Si el Hakan es de verdad como lo pintas (supongo que lo habrás maquillao un poco :-) seguro que te quedaste con las ganas de darle un beso al marchar. Con personajes así, quién necesita inspiración!

21 11 2008
Dracma

Hakan me regaló unos dulces turcos deliciosos al decirle Mikel lo mucho que me gustaba la respostería árabe, así que diez puntos más para él. Y también para Yunus que nos regaló miel casera. Mikel, deberías viajar más…

21 11 2008
Romano

Conozco a Hakan y creedme que es exactamente como Mikel lo ha descrito. En cuanto yo le conocí se convirtió en mi idolo. Es el gigolo que todo hombre quisiera ser, sobretodo con esa sonrisa.

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