3 Minicuentos

11 01 2009

Ejercicio del taller sobre temas aparentemente anti-literarios. Yo escogía un limaco, un inodoro y unos gayumbos.

Subía por el camino largo, el que se aleja del barrio y serpentea entre la maleza hasta llegar a la casa en el alto. A mitad de camino, ya un poco exhausto, reparé en una babosa que cruzaba el sendero de un lado a otro. Me detuve un momento, probablemente a tomar aire, y no pude apartar la vista de aquella masa negra y babeante que trataba de llegar al otro extremo. Lenta y laboriosamente. Arrastrándose. A la espera de que un pie sobrenatural sellase su sino esparciendo sus vísceras por la calzada. Tratando de huir hacia un destino inexorable. Me quedé allí hasta que la babosa se perdió entre la hierba húmeda. Aquel día subí despacio el resto del camino, saboreando el aire.

Era culpa del marisco y su delicado estómago. Sonia llevaba toda la noche compartiendo su vida con el baño, apoyada en el inodoro incapaz de controlar sus náuseas. Al final, cuando el ventanuco de cristal translúcido ya dejaba entrever la luz del alba, Sonia ya no podía ni moverse, recostada sobre la taza, llena de sudor, fría y paralizada, mirando aquel pozo blanco con el fondo inundado. Miró el agua y el pozo le devolvió la mirada- Recordó las manos de él tocando su frente, ayudándola, un pensamiento estúpido de otros tiempos, y no pudo evitar romper a llorar. Unas lágrimas gastadas que resbalaron por el mármol blanco y se fundieron con las del fondo.

Recogió el paquete del suelo y comenzó a desenvolverlo a tirones, sin cuidarse de no romper el papel. Las bolas del árbol reflejaban su rostro ovalado lleno de esperanza. Cogió el resultado por los bordes y lo desplegó frente a sí. Unos calzoncillo a rallas. El regalo más horrible del mundo. Un objeto amontonado a millones en los estantes de cualquier lugar. Algo de lo que echar mano nada más entrar en una tienda. Un lugar común que compartir con el resto de los hombres. Sobre todo, el reflejo de una desidia incompetente. Se volvió y miró su cara, sonriente y expectante. Fingió su mejor cara de alegría y dijo:
—¡Me encatan!
Y por el rostro de ella supo que aquel era su mejor regalo.

Anuncios

Acciones

Information

2 responses

22 01 2009
Ana

No voy a dejar esta entrada sin comentarios, pobre… Así leyendo rápidamente encontré tres faltas en el tercer relato: a rallas? Unos calzoncillo? encatan? Que te releas, coNo!

Me encanta el ejercicio, si al final es que lo podéis transformar todo en literatura; el del váter hasta me emocionó (también es que tengo las hormonas revueltas, no es todo mérito tuyo :-). Muy chulos.

Sigo diciendo que en este blog se echa de menos a Dracma, aunque claro, como últimamente la secuestran tanto… Creo que te motivaba a entrar más a menudo a tu propio blog.

27 01 2009
Dracma

Sí, he sido secuestrada por una banda dedicada a la noble causa del secuestro múltiple, y me he visto inmersa en varias guerra de pandillas, ¡y eso que me he mantenido neutral cual Suiza! pero debo de tener pinta de edificio de la ONU porque me atacan igual…sniff

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: