La noche de los accesorios vivientes

4 07 2016

(1 de Julio de 2017)

Todo empezó con una pequeña noticia en la versión impresa del Global Times, publicada el 15 de Junio de este año: “Ex político argentino lanza bolsos por valor de 8.7 M$ sobre la tapia de un convento”. Más tarde, buscando la noticia por internet, pude comprobar que el calado de la misma era bastante más grande en Argentina y, en general, en América latina, que lo que esa pequeña reseña hacía ver, ya que consistía en unas pocas líneas no muy bien redactadas. Tanto que, en un primer momento, creí, al igual que los millones de chinos que pudieron haberla leído, que aquel político estaba lanzando hacia el interior del convento bolsos de marcas de lujo por valor de casi 9 millones de dólares, cuando en realidad se trataba de simples bolsas repletas de fajos de billetes termo-sellados. Pueden leer más detalles de este asunto tan extraño aquí, por ejemplo. Posteriormente la noticia fue corregida en la versión de internet del Global Times y sustituida por el breve comunicado oficial de Reuters. En cualquier caso, durante los días siguientes los comentarios de mis compañeros de trabajo chinos no versaron sobre las posibles tramas de corrupción, o lo extravagante de todo el asunto, sino sobre el hecho de que alguien pudiera hacer algo así con esos bolsos tan caros. Pese a haberse tratado de una reseña escondida en las páginas interiores de aquel periódico, y probablemente de otros escritos en mandarín (que imagino tradujeron al chino la ya de por sí defectuosa traducción inglesa del Global Times), muchos de mis conocidos en la oficina de Beijing parecían haberla leído, probablemente por el boca-oreja, y siempre la sacaban a colación durante la hora de la comida en la cantina. Yo intentaba explicarles lo que había pasado en realidad, pero si ya tenía dificultades para explicarles los detalles técnicos más básicos en nuestro único idioma común (las matemáticas y la física), cualquier evento fuera del ámbito laboral era aún peor. Así que al final simplemente nos poníamos de acuerdo en que aquel hombre estaba loco y seguíamos engullendo el almuerzo en silencio, ribeteado por el sonido de masticación y sorbeteo de fideos al que me había acostumbrado tras años de prácticas para llegar al estado zen en el que, ni la visión de bolos alimenticios de arroz entre dientes renegridos, ni los empujones en el metro  —los establos del siglo XXI—, podían alterar mi buen humor. Supuse que el hecho de estar trabajando para Naranjita Goose hacía que algo relacionado con bolsos hubiera tenido tanto calado entre mis colegas, así que no le di mayor importancia.

El caso es que la noticia quedó sepultada poco tiempo después, concretamente el 26 de Junio, por otra proveniente de mi propio país. No se trataba del resultado de las elecciones (elecciones 2, ahora con más Mariano), cuyo resultado le es indiferente a cualquier habitante de Beijing incluso si tiene a su hermano trabajando en el Dragón de Oro de Alameda Urquijo (cosa harto improbable: diría que no hay prácticamente emigrantes pekineses en España, aún menos de esta generación), sino de un pequeño incidente que en la piel de Torrente pasó relativamente desapercibido dada la vorágine informativa de los comicios: hacía ya meses que no se sabía nada de Rita Barberá, aparentemente recluida en su hogar, pero ese domingo las cámara del móvil de algún paseante absentista la había captado conduciendo su todoterreno Dolores y llegando al aparcamiento del quinto nivel del infierno de Dante, La Ciudad de las Artes y Las Ciencias, para después sortear las barreras con ese mismo vehículo y situarlo frente al Palau de las Arts Reina Cersei y comenzar a sacar ristras de bolsos del rebosante maletero. Una ingente cantidad de complementos de su colección personal, todos de las más prestigiosas marcas: Wreck it Ralf Laurel, Pucci (el real, no la imitación china, que se podía encontrar en el Yashou Market the Sanlitun, antes de que la gentrificación gubernamental lo lapidara, por 30 yuanes), Herpes, Diop y un largo etcétera, que procedió a lanzar, bolso a bolso, por encima de uno de los muros laterales del edificio o, alternativamente, a una de las lagunas del recinto. Nadie, incluido el intrépido reportero amateur que grabó toda la escena (que hubiese querido ser enviado especial en Irak y era fan de Pérez Reverte, pero trabajaba en un Metadona), se atrevió a abordar a Doña Rita, ni tan siquiera para preguntar qué estaba ocurriendo, probablemente pensando que se trataba de algún tipo de parodia reivindicativa a cargo de una compañía de teatro amateur afiliada a Unidos Pokemon. Hasta que, una vez se hubieron agotado todos los bolsos, la antigua alcaldesa rompió a llorar como una histérica, se arrancó la ropa y comenzó a correr en círculos para luego lanzarse a la laguna e intentar nadar a braza hasta prácticamente ahogarse, momento en que llegó la policía. Pocas horas después se confirmaron los rumores que habían circulado unas semanas antes sobre un posible avance de la demencia senil en Doña Rita, lo que fue corroborado por sus familiares. Pueden encontrar algo más de información aquí. La CCTV se hizo eco de las imágenes, sin incidir en los aspectos políticos relativos a la corrupción, o los paralelismos con el caso de José López, únicamente resaltando el nuevo ataque anti-bolsil por parte de un político hispano-hablante. El tema se volvió  trending topic de manera inmediata en Weibo, en QQ, con las aprobación (e incluso un artículo de opinión en el People´s Daily sobre los peligros de la demencia en el sistema democrático occidental) y beneplácito del Partido del Pueblo; miles de fotos colgadas en WeChat de chicas poniendo ojitos mientras besaban apasionadamente sus bolsos Canal.  Algún jocoso internauta chino creó la falsa campaña “Salvad los bolsos guays de la mano de los políticos”.

Al cabo de unos pocos días , Ai WeiWei, que hacía tiempo que no estaba activo en los medios chinos, anunció por sorpresa cuál sería su nueva obra artística en el reino: Varias catapultas, reproducción exacta de las utilizadas en la dinastía Yuan, que sería instaladas en el patio de su casa en los hutones de Beijing, y con las que lanzaría durante la madrugada del 1 de Julio un millar exacto de bolsos de la marca Luis Mutton dirigidos hacia el interior de la Ciudad Prohibida. En ese mismo momento una nueva oleada de mensajes inundó la redes. Miles de personas se plantaron frente a la casa del artista, que se encontraba cerrada a cal y canto. Para cuando se hizo de noche toda aquella gente, que por lo que he podido entender solicitaba la liberación de los bolsos (mi limitado mandarín no me permite comprender los noticiarios locales con claridad, y no he sido capaz de contactar con ninguno de mis compañeros de trabajo desde que llegué a conocer el anuncio. Las líneas parecen estar saturadas y el VPN no funciona), se desplazó, junto con otros muchos, hacia la plaza frente las puertas del antiguo palacio imperial, actual pináculo de turismo de masas, del pasen y vean, de la reproducción de la reproducción de la reproducción y la historia aburrida, inocua e inofensiva para el régimen. La noche ha sido especialmente cerrada, con el cielo cubierto y el aire cercano a un AQI de 300. Por alguna razón el alumbrado de Chang’An no ha sido encendido esta madrugada y hasta que no ha amanecido no ha sido posible vislumbrar la magnitud de la muchedumbre agolpada frente a las puertas de la Ciudad Prohibida. Cuando he visto la marea ocupando casi totalmente Tian An Men no podía dar crédito del todo y he llegado a pensar si todo estaría, como parte de la misma instalación, orquestado por el propio WeiWei, pero es imposible que haya organizado semejante manifestación por sí solo. Aunque me es difícil, si no imposible,  comprender los comentarios de los reporteros, he podido observar por la televisión como muchos de los allí congregados cargaban contra las puertas del palacio, mientras otros esperaban pacientemente a la hora normal de apertura del recinto, con cara de estar en la cola de una Manzanita Store. Todos o casi todos con algún bolso en la mano, por alguna razón que me es totalmente ajena. Con todo, una vez los mas enfervorecidos entre la masa han comenzado a mellar las mencionadas puertas, aparentemente la policía ha intentado entrar en acción, aunque han sido repelidos. Algún informativo estaba haciendo entrevistas a pie de calle, con gente explicando , croquis en mano, cual era la trayectoria esperada para un bolso tipo y dónde esperaban que hubiesen aterrizado y cuál era su táctica para hacerse con ellos, cuando la cámara ha girado y ha mostrado, al fondo de la avenida que lleva de QianMen al mausoleo de Mao, a una fila de tanques avanzando lentamente. Cuando la marabunta se ha dado cuenta, por lo que he podido intuir, el silencio se ha adueñado de la plaza y han comenzado a abrir paso los carros del ejército. Al cabo de unos minutos que se han hechos eternos, el primer tanque en la fila ha llegado hasta el puente que comunica con la entrada al Palacio. A través de las cámaras del helicóptero que sobrevolaba la zona se ha podido ver como la portezuela de la torreta se ha abierto lentamente y un soldado ha emergido lentamente por ella y ha observado detenidamente alrededor. De repente ha levantado algo en alto y la cámara ha intentado hacer zoom hasta que se ha podido entrever que se trataba de un bolso (diría que de Yves San Lobezno), momento en que el resto de la jauría de la plaza ha alzado sus propios bolsos y prorrumpido en un grito ensordecedor que he podido escuchar desde mi casa.  Imagino que el maldito helicóptero estará en estos momentos intentando aterrizar en la Ciudad Prohibida, pero tengo que llegar antes que ellos. Mientras recorro las avenidas vacías de Pekín y las partículas de PM 2.5 golpean mi cara (el olor del napalm por la mañana), acelerando al máximo posible mi moto eléctrica, ya estoy pensando en la dulce, dulce textura del bolso que conseguiré en cuanto salte la tapia.

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