La hostia cómo pasa el tiempo

3 11 2015

Pero todo sigue igual. O mejor dicho cada vez somos todos más iguales, aunque individualmente más desgastados. Estoy en la otra esquina del mundo y todos pelean por ser como el vecino rico. Hay choque cultural pero cada vez menos, y seremos más amables, y con un poco de suerte mantendremos el mundo a flote una temporada más sin generar un invierno nuclear, aunque también más aburridos. Pero objetivamente si han cambiado cosas. La gente se saca más fotos de sus gónadas para colgarlas en la red. Es un adelanto. E inventaron el palo para selfies, desde luego que nos lo merecíamos. Pero Pérez Reverte sigue ahí, y Ken Loach, Y Dan Brown, espero. ¿O se ha muerto alguno ya?

Desde la última entrada han pasado años, y como nunca di por cerrado el blog, y dije que irse sin despedirse es feo, pues vuelvo por aquí. Primero lo dejé para escribir una novela. Ahí sigue criando polvo virtual, un Frankenstein pequeñito bueno solo para psicoanalizarme. Luego porque estaba centrado en el trabajo y, me decía, aprender Chino. No he aprendido una mierda, pero tengo una PS4. Me engaño a mi mismo con juegos indies. Este final del verano vuelvo a estar hipocondríaco perdido y también vuelvo a escribir, así que me acordé de este viejo espacio y su entrada más exitosa(1). Más tarde en el blog de irregular actualización que acabamos de crear a cuatro manos mi adorable señora y servidor empecé a meter algún microrrelato sin venir a cuento. Y es feo. Así que todo sea por un afán de tenerlo todo ordenadito y compartimentadito como buen ingeniero, a partir de ahora aquí colgaré mis relatos y mins neuras.

Es un teatro nuevo, con todas estas opciones nuevas (¡puedo añadir contenido multimedia!, lo cierto es que ya suena desfasado), pero viejo y vacío.

Bienvenido. Y en serio, ¿Dan Brown sigue vivo o no?(2)

———————————

1 – A todos los hipocondriacos fasciculantes, a mi. Esto no te va a matar, al final acabarás palmando de otra mierda que no te esperes en absoluto, no de una enfermedad neurodegenerativa. Una gripe, un borracho al volante, un borracho volante, una teja díscola, una salchicha de la OMS, un cancer colorrectal indetectable…oh, wait.

2- Actualización un minuto después previo paso por Wikipedia. Sí, está vivo(3), y también Ken Loach.

3- Esto me ha recordado que David Foster Wallace se asesinó de aburrimiento poco después de la última entrada. Habrá más pies de página en esta segunda vida del blog.





Levallois de paréntesis

26 03 2009

Había pensado en coger el portátil y bajar al Café-Bar junto al hotel para escribir algo, con la intención de sacar un poco de provecho a una estancia en París en la que no tengo intención ni prácticamente posibilidad de hacer nada provechoso (tampoco me he molestado en buscar eventos culturales de interés, a excepción de conciertos; resultado de esta última búsqueda el conocimiento de que Danko Jones estaba en la ciudad, pero es este un grupo al que no apetece ni se debe ver solo –esto es un hecho objetivo, aunque hay por ahí gente capaz de asistir a un bolo de los Ramones sin compañía- ni en París –siendo esto una patochada llena de tópicos sobre esta ciudad y sus habitantes, los cuales, por otro lado, joder, vienen a ser ciertos), pero he recordado una escena de Padre de Familia que me ha hecho desistir. Y luego he visto que las mesas eran muy pequeñas y que, aunque la idea de imbuirse en el ambiente parisino con sus terrazas con estufitas, sus tipos escuálidos con flequillo poniendo cara de interesante al hablar y sus camareros apolillados (aunque este junto al peripherique (que algún otro ponga el acento donde va), cerca de Levallois), la cosa no tenía tanta gracia (otro día) y bastaba con leer un rato y pasar el rato (ése) hasta que llegara la hora de cenar, lejos del deprimente hotel de tres estrellas (francesas) en el que me ha tocado alojarme esta vez gracias a la maravillosa política de recorte de gastos de mi empresa (te queremos).

Mientras escribo, estoy escuchando Bach a través de Youtube, entrecortado de esa manera enervante de la que solamente es capaz una conexión de internet de hotel de segunda fila con complejo de Guadiana, concretamente esa pieza que ya nadie puede escuchar sin evocar imágenes de vampiros ridículos, todo por una razón que desvelaré un poco más tarde (por aquello del suspense, si es que a alguien le interesa y no se ha ahogado ya en toda esta profusión de paréntesis y frases mal hilvanadas). Por cierto, una pieza interpretada por un tal Kurt Ison en el Sydney Town may, el cual (Kurt) no puede sino recordarme al Norm Gunderson de Fargo. Justo ayer terminé de leer En las Montañas de la Locura de Lovecraft ( a mi edad, sí), en la edición barata de Alianza Editorial. En la portada aparece, Dios sabe por qué razón, un collage con la cara de un señor con una extraña corona con puntas extremadamente largas. Una cara que me recuerda al recepcionista portugués de este hotel.

Conste que es muy probable que hubiese huido, del mismo modo, de un posible y aséptico hotel de cuatro estrellas de los habituales en tiempos pretéritos, y que alojarme durante tres días en un lugar con ventilador en la mesilla, moqueta con estampado de leopardo (o guepardo, o ligre, o lince ibérico) y un ascensor unipersonal de los que ya sólo se ven en este país, forrado de muaré rojo y una sensación de seguridad equivalente a la de un cofre colgado de una cadena roñosa sobre un acantilado siempre resulta más estimulante (en serio). En cualquier caso, a eso de las 6 de la tarde, he bajado con un libro (gordo) bajo el brazo y me he pedido una cerveza grande por la que me han clavado nada más y nada menos que siete euros con diez (y encima he dejado propina) en el mencionado bar de la esquina. A imbuirme en el ambiente parisino de cerca del peripherique. El caso es que hay pasajes de “Gödel, Escher, Bach Un eterno y grácil bucle” de Hofstadter (adiós suspense) que requieren tanta atención que no hay Dios que se imbuya en nada. Paseando en busca de un lugar para cenar rápidamente, un rato después, ya he sentido la ciudad, he recordado por qué bastan cinco minutos de estar paseando para que un viaje merezca la pena y me he sentido sólo. He recordado que, en el taxi que me trajo el Martes a la noche pensé, no por primera vez, que una de lasas razones por las escribo es por la remotísima, imposible posibilidad de llegar a estar algún día dando saltos de un lado al otro del planeta con Mireia al lado.

Había muchas más cosas sobre las que escribir: restaurante marroquíes, noches con digestiones pesadas e hipocondría, sushi modernete, escaparates con zapatos de más de quinientos euros (los quería todos), fromageries (que algún otro ponga el acento donde va), metro, el cielo visto desde una de estas calles. Pero siempre es así.

NOTA: En esta entrada debería haber algún enlace y alguna foto (¡Todavía me quedan muchas de París de hace años por colgar!) pero no quiero quedarme sin uñas o terminar asesinando al recepcionista portugués por culpa de esta conexión.





19 01 2009

imgp1900La calidad de este blog ha bajado mucho. Las temporadas de doble actualización semanal ya están lejos y ahora predominan relatos y comentarios sobre libros un poco aburridos, la verdad. Todo rehogado con las clásicas faltas ortográficas y errores de sintaxis provocados por la urgencia de apretar el botón publicar. Las visitas también han bajado y alguno de mis pobres post están muy solitos sin comentarios. Esto no es una llamada de auxilio, ni un acto buscando la conmiseración de los lectores que por aquí circulen (de hecho yo mismo muy raramente me molestaría en dejar un comentario en un blog así), es simplemente lo que hay, y tampoco me preocupa demasiado. Si quisiera más público enlazaría algo más, o me pasaría por otros blogs a hacer la pelota. Pero algo sí que me afecta, ver gráficas que caen en picado deprime al más pintado. Si hiciera caso a las búsquedas más habituales y las entradas más visitadas, debería centrarme en David Foster Wallace (aún más), la hipocondría (vade retro Satanás) y Las Benévolas (ese ladrillo que se acaba de leer mi padre y que le ha llevado hasta Vida y Destino). Si le hago caso a mi conciencia, simplemente debería esforzarme en introducir más entradas sobre gente interesante que se encuentra uno en el trabajo, experiencias estúpidas o viajes. Para esto último hace falta viajar. Aunque seguro que Facebook tiene la culpa de todo.
imgp1901Para todas los propósitos anteriores hacen falta tiempo y ganas. Espero contar con ambas. Para localizar las últimas, elusivas ellas como pocas cosas en esta vida, más aún cuando es Domingo y el sofás te abraza como una madre, existen varias opciones. Lo he constatado este fin de semana en el que, como viene siendo habitual, me había propuesto rellenar una buena cantidad de páginas de mi novela (hay que ver como suena eso en una primera lectura y lo embarazoso, por lo ingenuo, que acaba pareciendo) y finalmente solo pude sestear durante todo el Sábado por culpa de la resaca de cervezas y tabaco de la partida de póquer del viernes (porque ya no fumo, pero ¿qué es una partida de póquer sin cigarros y ojos enrojecidos?) y completar una hoja miserable al día siguiente. No es una cuestión de bloqueo ni mucho menos, solo lo es de sentarse y hacer caso omiso a las cantos de sirena de la vida moderna. Y por cantos de sirena me refiero a, por ejemplo, The Wire, la cual me estoy tragando a razón de temporada por semana mientras las páginas se quedan en blanco y mi cargo de conciencia crece. De esta manera, escribir se acaba convirtiendo, los fines de semana, en un trabajo similar al estudio en época universitaria. Afortunadamente sólo hasta el momento de ponerse a escribir, pero todo el modo de operar anterior se parece de forma alarmante. Las opciones para intentar soslayar la maldita vagancia, en mi caso, pueden incluir lo que sigue. Todas ellas hacen que me entren unas ganas irrefrenables de ponerme a escribir.

imgp1915– Salir a correr en un día lluvioso mientras escucho Bon Iver. En la segunda vuelta necesitaba algo más y utilicé Dozer, que no aumentan las ganas de crear pero sí de correr más fuerte, moler un mamut a palos o morder ladrillos.
– Darse un garbeo por Flickr. Las fotos siempre son un catalizador excelente.
– Darse un garbeo, en general, por otros blogs. La envidia también surte su efecto, aunque llegará un punto en que pueda resultar contraproducente.
– Leer algo malo con avaricia.
– Ver un capítulo (bueno) de Doctor en Alaska.
– Sentarse y escribir dos líneas. Ésta es la mejor manera.
– Tomarse unas cuantas copas de vino. Recomendable para casi todo, por cierto.

Y ahora a todo correr a pinchar en Publicar, no vaya a ser que se borre todo esto por arte de magia.





Microcosas

23 10 2008

Los finalistas de esta semana tenían muy buen nivel, y especialmente los dos primeros, desde luego mucho más que los que yo envié. El ganador me encanta. No esperéis que esto vuelva a repetirse en breve (que yo lo piense, no que lo sean). De todos modos tengo paciencia, aunque muy poco tiempo, este año bastante menos, y lo seguiré intentando pese a frases terribles de inicio como la de esta semana. Antes de pegar mis dos inmodestas aportaciones solo quería apuntar dos cosas:

1) Uno de los blogs enlazados en mi columna derecha a evaluado el presente blog (dado que ésa es el objetivo del ese bitácora, la evaluación objetiva de los mismos) y el resultado es un suspenso matizado. Yo me he quedado a gusto, la verdad. Teniendo en cuanta los objetivos de esta casa, tan mal definidos, con unos contenidos absolutamente egocéntricos y dispersos, con un presidente adicto a presionar el botón Publicar sin revisar ni pensar ni nada que se le parezca, entre otras faltas de profesionalidad, me basta y me sobra con caer mínimamente simpático a la gente. Muchas gracias.

2) Llego tarde a todo y ahora me entero de que Juan Manuel de Prada está mal. Espero una reseña de Camino por su parte.

3) El Domingo viajo a Trabzon, Turquía, dejando a la rubia sola en casa con un catarro impenitente y teniendo que hacer el draft on-line de la liguilla de amiguetes de la NBA de camino, en un hotel de Estambul.

Y ahora, los micros:

Señor Rosa

– ¡La mujer que había dentro de mí!
– ¡Es verdad! No me acordaba del título.
– La verdad es que era muy ridícula, pero cómo nos lo pasábamos saltando cuando sonaba. ¿Te acuerdas?
– Yo me desgañitaba como un loco y acababa siempre afónico.
– Los buenos tiempos. Bueno…en fin. Pon tu índice aquí. Ahora tu pulgar.
– Perdona. No es fácil con las esposas. ¿Te acuerdas de Paco?
– ¡Por supuesto! La verdad es que estaba loca por él entonces. ¿Qué ha sido de él? Ponte de perfil por favor.
– Ha muerto en el tiroteo.
– Vaya. Por cierto, ¿Qué tal está tu madre?

Una pregunta

La mujer que había dentro de mí tenía miedo de todo. Nunca cogía un avión. Buscaba rutas alternativas y enrevesadas para no cruzar las calle y ser atropellada por un coche. No hablaba con hombres barbudos. No comía nada con grasas saturadas. En general, no comía nada. Era un asco, sinceramente.
Esa mujer ya ha desaparecido. La maté cuando descubrí que me hacía mucho más desgraciada, pero ahora me encuentro vacía. ¿Quieres ser tú la nueva mujer en mi interior? Solo tienes que dejar que te guise. No te dolerá mucho.





2 microrrelatos lamentables

7 10 2008

Pero es un comienzo. No me sentía ni con ganas ni con tiempo (los redacté en el trabajo, en nada de tiempo cada uno y, sobre todo, con la mirada de mi(s) jefe(s) rondando cerca debido a la nueva disposición de la oficina que deja mi pantalla a merced de su vista lo que, aunque no supone de por sí que vayan a pensar nada negativo sobre mis actividades si me ven escribiendo algo indefinido en word e incluso en el caso de que observaran actividades más procrastinadoras no creo que llegasen a considerarlo ninguna clase de indignidad laboral (1), sí supone una cierta carga adicional al proceso creador. De ahí los resultados.

Por otra parte llevo, y creo que durante una temporada seguirá de la misma manera, una temporada un tanto ajetreada en cuanto a trabajo / viajes (sin ir más lejos, mañana y pasado acudo a una reunión en las cercanías de Roma en apoyo moral de un compañero y para poder observar el montaje de un generador in situ) que no me permite dar mucha vida, al menos no tanta como desearía, a este blog, a lo que habrá que añadir las clases extraescolares a partir de hoy. El indicador más fiel de todo ésto es que tengo más de mil entradas pendientes in el Google Reader.

Toca ponerse a currar. Ahí van mis flojísimos microrrelatos de esta semana (para el que no sea habitual del blog, no suelo ser negativo respecto a mis relatos, de hecho podría considerarse todo lo contrario) y el personaje principal que parí en el tercer ejercicio del taller de novela.

“Conflictos de pareja”

Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito.
El primero en regresar del trabajo de los dos siempre se encontraba con que el magnífico regalo de boda de los tíos-abuelos de ella no les devolvía su reflejo. Achacaron el extraño volteo a algún tipo de intruso trastornado: Instalaron alarmas de todo tipo, dejaron harina esparcida por el suelo, atornillaron las cuatro esquinas del rimbombante marco dorado a la pared, pero, indefectiblemente, el espejo acababa dado la vuelta sin ninguna huella delatora. Nunca se paraban a escuchar, tras salir de casa por las mañanas, cómo la malvada puerta insultaba al pobre y sensible espejito.

“El del D era mudo”

Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito. Nunca se habían cruzado con el vecino del C. Todas las noches, el temblor de la pared, siempre acompañado por gemidos, provocaba que el souvenir preferido (recuerdo de Marrakech) de la pareja del B terminara escorado, lo que les sacaba de quicio, especialmente a él, que acababa golpeando el tabique pidiendo un poco de decencia (y escorando aún más el espejito).
Antonio, intentaba acabar su novela encerrado día y noche y sufría habitualmente ataques de histeria, echo un ovillo, agitándose y gimiendo sobre su cama por culpa del volumen de la música del cafre del D.

PERSONAJE 1

Al pasar la tarjeta de identificación la pantalla se enciende la pequeña pantalla verde y aparece su nombre y la hora de entrada. En el vestuario sus compañeros se cambian comentando el partido de baloncesto del día anterior y se pasan el fijador de pelo. Él sonríe cuando le preguntan algo, pero no sabe muy bien qué responder la mayoría de las veces. Con el mono azul sobre sus tatuajes, los cascos cubriendo completamente sus orejas y el volumen de la música tapando, o acoplándose, o acompañando el golpeteo de las máquinas, entra en la planta y se coloca frente a sus utillajes.

Son las siete en punto de la mañana.

Durante las dos horas y media siguientes, Jordán manipula las bobinas que van llegando en cajas de madera desde el portón de entrada. Teje el cobre, y mientras lo hace intenta encontrar un número de entre los de los códigos de barras de doce cifras del material entrante que sea primo. Lo que sea con el fin de mantener la cabeza ocupada. Antes reproducía mentalmente partidas de ajedrez famosas intentando localizar algún error, pero lo dejó cuando se dio cuenta de que no lograría llegar a ser nadie relevante en el mundo de los peones y las torres. Hacía unos dos años de aquello, y de golpe también había descubierto que tanto valía el ajedrez como el fútbol como el macramé, y que no sería capaz de destacar en nada. Así que lo había asumido y simplemente intentaba pasar el rato.

Es la hora del café.

Todos los hombres vestidos de azul se agolpan en posturas cansadas alrededor de la máquina expendedora. Otros se repantigan sobre el murete que da al río unos metros más lejos, tras la puerta, fumando sus cigarrillos. Comentan algo sobre la nueva chica de contabilidad. Se rien. A Jordán le parece ridículo y soez, pero practica su mejor sonrisa de compromiso, que no engaña a nadie. Alguna vez en el pasado trató incluirse en las conversaciones, pero casi siempre terminaban en violentos e interminables silencios. Intentó aprender a fumar como los demás, a comprender las alineaciones de los equipos de la región (pero el simple hecho de decir “los equipos de la región” ya invalidaba cualquier esfuerzo), a observar a las mujeres como puros objetos (y para ello no le sirvió tratar de encontrar las funciones trigonométricas más ajustadas a sus curvas) o a poner a parir al jefe, pero nunca logró que resultara creíble para nadie. Ahora simplemente intentaba pasar el rato, resignado. Tras el café, pensando en su mal aliento, vuelve a trenzar bobinas sin pensar demasiado en su dolor de riñones o en las implicaciones filosóficas de los bosones.

Y así llegaba la hora del almuerzo.

Solo odiaba una cosa, y era escuchar al resto del mundo masticar. Así que ya no finge y se aleja lo máximo posible para tragar su bocadillo de chorizo. Al terminar se toma otro café con sus compañeros, que reproducen sus posturas de tres horas antes delante de la máquina como si ésta fuera un fotomatón en lugar de una expendedora de brebajes demoníacos (y laxantes), en silencio. Ya nadie suele dirigirse a él salvo para preguntarle por alguna cuestión de trabajo o para calcular el porcentaje de su sueldo que se lleva la seguridad social ese año. Al acabar ya solamente le espera más cobre, no pensar demasiado en su aliento a café y a chorizo y seguir con algún juego formal de conjuntos mentales hasta que llega la hora de fichar, cuando todos vuelven a ser exactamente iguales ante la máquina de pantalla verde.

Conduce hasta casa. Hoy toca atasco. Normalmente pone su música a tope y le anima. Agita la cabeza y segrega endorfinas (conscientemente), pero hoy hay algo en la miríada luces rojas delante de él que no le permite levantar el ánimo. La música le hace llorar. Sale de su coche y atraviesa los tres carriles hasta el arcén, entre los automóviles parados que humean o transpiran o ambas cosas a la vez pero que inevitablemente pitan. Se para delante del bloque de hormigón con espalda fluorescente que cubre el radar de control de velocidad del kilómetro 37 de la autopista. Mira fijamente el objetivo cuadrado del aparato que los vigila y le pregunta:

– ¿Tú entiendes algo?

————–
1) Se nota demasiado que estoy leyendo lo último publicado por David Foster Wallace en castellano que me quedaba por leer y que, además me está pareciendo tan memorable que a veces me dan ganas de ponerme a aplaudir en el cercanías.





Un ensayo original

11 09 2008

He comenzado el curso intensivo “Pensar tu novela” por internet con La Escuela de Escritores. La primera entrega consiste en realizar una especie de ensayo sobre el tema (o un tema) sobre el que nos interese cuestionarnos y que puede suponer el eje de una novela. Yo he escogido uno que si alguien me ha leído con una mínima asiduidad sabrá que repito con demasiada asiduidad. Es decir, que es muy original.

OJETE que es bastante largo:

1) INTRODUCCIÓN

Esto es un ronroneo que me acompaña cada vez que leo cualquier cosa, ya sea una novela, un ensayo, una entrada de un blog (que suele ser el enlace, del enlace, del enlace de un ensayo) o el relato que escribí el día anterior (digamos mejor el mes anterior para ser más fieles a mi producción manuscrita real) desde que decidí intentar poner mis pensamientos y mis ideas, y las historias asociadas, en negro sobre blanco:
Estás repitiendo las ideas que otra persona ha plasmado y desarrollado anteriormente con más brillantez.
Nunca me ha supuesto ningún problema a la hora de escribir, pero esto se debe a:

a) mi falta de cerebro
b) la gran capacidad de autoengaño

los cuales me procuran un apacible plano paralelo en el que esa cuestión no tiene importancia. En cualquier caso, si intento examinarla suelo terminar en algún callejón sin salida, que conduce automáticamente al olvido del asunto (esto es un problema irresoluble, vamos por otro lado, cosas de ingenieros), lo que conlleva soslayar la cuestión como en los casos a) y b).
Podemos plantear el problema de la originalidad del creador en la actualidad de varias maneras o a base de un cierto número de preguntas. Entre otras muchas: ¿Realmente se puede concluir que la originalidad es imposible? ¿Es necesario –o al menos importante- que un creador sea original? ¿Es posible plantear dilemas sobre este asunto sin acabar en un bucle infinito?

2) LA VERACIDAD DE LA FRASE “NO SE PUEDE SER UN ESCRITOR ORIGINAL HOY”

Quizás la pregunta anterior deba ser, por acotar los términos: ¿Qué narices es ser original? O más concretamente ¿Qué se entiende por originalidad en el ámbito de la escritura? Pero no quiero meterme en camisas de once varas, con lo que simplemente plantear por qué narices (otra vez) soy consciente de que ya está todo inventado.
En primer lugar tengo la convicción, de manera opuesta al bien instalado dogma de que el conocimiento humano (junto con la tecnología, junto con el arte, junto con la ética, no así con las mejores marcas de los cuatrocientos metros lisos) se incrementa de una manera exponencial, de que nos encontramos muy cerca de una meseta en la curva del progreso. De que en poco tiempo todo estará inventado. Tenemos unos límites, es evidente, y en algún momento tendremos que llegar a ellos. Y aunque la premisa “eso decían hace cien años” resulta muy atractiva y poderosa, todo indica que nos acercamos al estancamiento.
Pero en el caso de la escritura (entendámoslo como creación de historias a base de un cierto idioma), poca cosa queda por hacer. Así que, ¿Para qué narices (otra vez) dedicarse a este oficio?

3) LA NECESIDAD DE SER UN CREADOR (ESCRITOR) ORIGINAL

Asumiendo que tengo razón (cómo no) y que, además, por alguna extraña razón, filia o trastorno de personalidad, siento la necesidad de escribir cuentos, llega el momento de plantearse cuál es la carga que me obliga a separarme de lo anteriormente creado. De intentar mejorar los clásicos.

a) Por un lado no tengo por qué tener dicha carga sobre mis hombros. Al fin y al cabo no hay por qué mejorar nada. Para mucha gente puede ser suficiente con hacer algo decente. Digno. Cuando uno va a clases de baile no suele plantearse la meta de hacerlo mejor que el agitacaderas de la tele de turno. O inventar un baile nuevo (el baile del pañuelo…). Pero en mi clasificación de las cosas la escritura se engloba en un cajón diferente al de los entretenimientos y los oficios, en ésa nebulosa denominada arte. ¿Mamá quiero ser artista?
b) De ahí quizás viene la necesidad imperiosa por la originalidad:
– Quiero convertirme en un escritor famoso / reconocido (supongamos que tengo un ego gigante).
– Para lograrlo tengo que aportar algo nuevo, sublime, que destaque, original en definitiva
Pero nuestra experiencia nos dicta que ni los escritores más famosos, ni siquiera los más reconocidos tienen por qué ser originales. Aunque quizás éstos últimos sí.
c) De la intersección de los conjuntos anteriores (3.a y 3.b) obtenemos que la posibilidad que nos resta es realizar corta pegas de los textos clásicos intentando aportar un mínimo toque diferente. Lo malo de querer hacer colages es que, de todos modos, es necesario conocer todos los textos del mundo para saber que lo poco que aportas de nuevo no ha sido publicado antes(*). ¿Dios mío habrá escrito alguien esto anteriormente?

4) UN ETERNO Y GRÁCIL BUCLE

¿Habrá escrito alguien sobre escribir sobre la originalidad?

Etcétera

5) SOLUCIÓN DE COMPROMISO

No puedo leer todo lo que se ha publicado, ni tan siquiera lo que puede considerarse clásico dentro de la novela y el ensayo, pero tampoco ningún otro puede. Por lo tanto quizá la manera de lograr una cierta notoriedad sea ser el primero que llega con un cierto mensaje, o una manera especial de contarlo, a la gente. Por supuesto siempre siendo uno mismo, el autor, también desconocedor de la existencia del creador anterior que lo desarrolló (cosas de la integridad, que va a parecer que quiero participar en el Gran Hermano –el programa de televisión- de los escritores). También sería importante no sólo ser el primero en llegar a ese cierto público, sino también que no existiera público en general que lo conociera. Como en este caso:

a) O bien, ese hipotético texto NO EXISTIRÍA si nadie lo conoce.
b) O en caso contrario siempre habrá algún listillo que será un experto en cierto autor que ya desarrolló el tema anteriormente con mayor autoridad dispuesto a apuntártelo.

solo nos quedan dos posibilidades:
i) Que la cantidad de temas y maneras de tratarlos sea tan inabarcable que siempre quede un cierto número que se pierde en los confines de la memoria colectiva y va siendo rescatado periódicamente mientras otras ideas son sepultadas, lo que con la cantidad de gente que hay en este mundo parece poco probable (aunque también es cierto que el número de lectores puede que disminuya)(**).
ii) Matar al listillo.

En ambos casos, la solución pasa por seguir escribiendo por si acaso. Y esencialmente porque escribir, per se, también mola.

6) FRASE FINAL

Ser un autor original es imposible, pero más vale seguir escribiendo.

————————————–

(*) Las nuevas tecnologías son un asco para todo este asunto. Estoy convencido ya no sólo de que cualquier idea que uno pueda pensar ya ha sido formulada antes por alguien más inteligente, sino que además ésta se puede encontrar en algún comentario de algún blog de la red.
(**) Paradojas de querer tener un mensaje desconocido: Si disminuye el número de lectores también lo hace el conjunto de temas conocidos, pero, a su vez, la posibilidad de que alguien te lea.





No pienso hablar sobre la piratería

29 08 2008

Soy mucho más feliz escribiendo de manera automática, divagando, sobre todo plasmando ideas para poder discutirlas y que otros aporten su punto de vista (para después yo rebatirlo, por supuesto) que preparando reseñas sobre algún libro –y ya tengo unos cuantos pendientes-, películas –casi lo dejo por imposible- o ciudades en las que he estado –aunque Shanghai merece, y tendrá, al menos un par de entradas más, una exclusiva sobre restaurantes-. Es mi naturaleza, probablemente compartida con la mayoría de la gente que nos rodea, y lo sencillo que resulta sestear en lugar de ser constante y disciplinado. Por lo tanto, esta es la manera de quitarme el peso de encima que supone no haber actualizado esta semana y sacarme de dentro un pensamiento que me lleva rondando estos días:

– Todo el mundo despotrica de sus compañeros de trabajo. En público o en privado. Yo siempre desconfío de los que lo hacen en público, incluso si el objeto de las críticas es un absoluto impresentable: sabes que en cuanto te des la vuelta te despellejará a ti.
– Todo el mundo piensa, además, que hace su trabajo estupendamente y son los demás los incompetentes.
– Es más, todo el mundo piensa que actúa con rectitud y corrección en el trabajo y los demás, especialmente los jefes, son unos hijos de su madre,

Básicamente podemos incluir lo anterior en ese maravilloso comportamiento humano que es el sesgo de correspondencia dentro de los prejuicio cognitivos. O quizás no, puede que exista otra manera de encuadrar lo anteriormente mencionado (esto es una señal de socorro). En cualquier caso, me encanta la conclusión de que en realidad todos somos unos patanes y unos hijos de puta a la vista de los demás.

Bueno, todos menos yo, evidentemente.

En otro orden de cosas, estos días ha levantado bastante revuelo un artículo de el director de Azuloscurocasinegro (película que intentaré ver en breve solo por curiosidad malsana) y su correspondiente respuesta en Blog de Cine, un tanto garruloide, debo decir. Aquí un resumen. No me he leído todos los comentarios (esa lacra de las noticias de las ediciones digitales de los periódicos) de cada una de las entradas de los blogs que han ido desmenuzando el tema. Anda que no hay expertos en esta cuestión en la red. Lo que me llama la atención es que no haya encontrado a nadie (insisto, seguro que en algún recóndito lugar de internet alguien lo ha hecho (1)) que comento lo mal que está escrito el artículo. Y lo que es peor, que tenga un amigo que se llame Oskar con K. Lo mismo es húngaro, pero incluso en ese caso debería haberse cambiado el apelativo por deferencia hacia el buen gusto del resto del mundo. Estoy seguro de que alguno de los poligoneros que el domingo por la mañana, mientras esperábamos aún borrachos en casa a que diera comienzo la final de baloncesto de las olimpiadas, se liaron a darse tollinas también se hace llamar algo con K.

Como Kike.

P.S: La gente utiliza las fotos para dar tono a sus entradas. Yo no. Yo sólo para dar color. Ya he subido todas a la cuenta de Picasa.

————————–

1) Estoy convencido ya no sólo de que cualquier idea que uno pueda pensar ya ha sido formulada antes por alguien más inteligente, sino que además ésta se puede encontrar en algún comentario de algún blog de la red.